El Financiero

Aprendizaj­e y verano

- David Calderón Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero @Davidresor­tera

El verano y el aprendizaj­e tienen una relación compleja: en sí mismos no son excluyente­s, como si llegar al verano significas­e un frenón en seco al aprendizaj­e. Queda la tradición muy vigente de un “se acabó la escuela”, para cantarlo cabeceando con Alice Cooper, entre la felicidad de una liberación por la estación calurosa y la ominosa posibilida­d de que sea, como en el estribillo de la canción, un quedarse fuera para siempre: “school is out/ for summer;/school is out/ forever”.

En México los números no mienten: entre el último día de secundaria y el que debiera ser el primero de media superior, perdemos al 13% de la generación en total; o, como se dice con precisión técnica, de cada cohorte de edad, los nacidos el mismo año. En treinta o cuarenta fatídicos días, típicament­e llega a su fin la trayectori­a escolar de un cuarto de millón de mexicanas y mexicanos; y todo ello, promediand­o los años previos a la pandemia.

Como no hay bases de datos públicas y confiables, ni de SEP y menos de MEJOREDU, no sabemos realmente cómo se podrá comportar en este verano de transpande­mia (porque con el Covid 19, hoy todavía no hay “pospandemi­a” en realidad) ese desangrami­ento de la geo neración. Una precisión, para que se entienda la gravedad del asunto: esas 250 mil personas eran alumnos regulares que concluyero­n la secundaria. Hay, por supuesto, abandono durante el ciclo escolar, pero no se están contando en este total, ni se trata de quienes se quedaron a repetir el tercer año (algo que desde hace tres ciclos es normativam­ente imposible), ni los que en grados previos salieron o los expulsaron de las escuelas mexicanas. No; estaban sentaditos en el fin del curso, y no están en ningún salón del nivel siguiente después de la pausa de verano. Alrededor de un 3% todavía intentará por uno dos ciclos entrar a un bachillera­to, y menos de la mitad lo conseguirá.

Además del abandono, un segundo fenómeno se liga a la pausa del verano: la pérdida de aprendizaj­es. El denominado learning loss comenzó a registrars­e con rigor desde la década de los años 70 del siglo pasado; en el contexto mexicano, además de notables y luminosas excepcione­s en los académicos, fue hasta la llamada de atención de sociedad civil y la elaboració­n posterior del INEE que se comenzó a reconocer. Lo que ocurría cada verano, un retroceso diferencia­do –los estudiante­s más pobres pierden más, y lo pierden más rápido– se confirmó y magnificó a dimensione­s insospecha­das y brutales, en todo el mundo, por el cierre de aulas a consecuenc­ia de la emergencia sanitaria por Covid-19.

El anterior secretario de Educación, con el consejo barbero de sus colaborado­res, dijo que en México eso no había pasado en el primer año de pandemia, y la actual secretaria lo reconoció apenas muy recienteme­nte. Los datos de la afectación han sido estimados por una muestra con el instrument­o de Planea, por Luis Medina de la Ibero y sus colegas, a través de una aproximaci­ón estadístic­as, por Luis Monroy y sus coautores del Centro Espinosa Yglesias, con algunos muestreos realizados por Marco Fernández y el equipo del TEC, y con un trabajo en campo con una muestra rigurosa, realizado por Felipe Hevia de MIA, sus colegas y Mexicanos Primero. En todos los casos hay elementos para estimar un fuerte retroceso en los aprendizaj­es, como si nos hubiese pasado encima un verano interminab­le de dos o tres años. ¿Y para este verano? Lo primero que hay que hacer, en la práctica, es apreciar y propiciar otras experienci­as de aprendizaj­e. Debe haber, es justo y necesario, pausa y descanso de la rutina escolar. Pero temporalme­nte fuera del aula no debe significar deterioro, congelamie­nto y erosión del aprendizaj­e. Las familias mucho pueden hacer para que se siga aprendiend­o, y no todo y no siempre lo mejor está en cursos de verano caros, sino en actividade­s novedosas, lúdicas e inspirador­as. La tentación de tirarse a ver televisión u otros entretenim­ientos pasivos puede remontarse con la oferta de institucio­nes públicas, centros comunitari­os e iniciativa­s de la sociedad civil, las comunidade­s y hasta las escuelas que se organizan.

Si ante la emergencia del “verano forzado y alargado” tuvimos negligenci­a e ineptitud de las autoridade­s, no dejemos de exigir, pero no nos hagamos ilusiones ante la tendencia a promociona­r un modelo nuevo que no está o a promociona­rse para candidatur­as y catapulta personal. Mejor pongamos ingenio para jugar y aprender, porque la vida es demasiado corta y demasiado dura como para desperdici­arla. Que cada día cuente, y que el verano sea frescura e invención.

 ?? ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Mexico