El Financiero

El Sonora Grill, Delfina y la lógica de AMLO

- Salvador Camarena Opine usted: nacional@ elfinancie­ro.com.mx @salcamaren­a

Lo más mexicano que se ha escuchado en estos días es lo del Sonora Grill: tiene todo el sentido del mundo lo que se denunció con respecto a la política de discrimina­ción que presuntame­nte se ejecuta en esa cadena de comida rápida. Y eso, a querer o no, tiene algo que ver con la elección en el Estado de México.

La denuncia –negada por la cadena de comida rápida– es sabida: en la sucursal de ese establecim­iento en Polanco si el potencial cliente era moreno o no cumplía cierto estereotip­o, era sentado en un lugar lejano a la pasarela. No te discrimina­mos, pero no nos hagas mala publicidad. A quién le sorprende eso. Ni a nuestras abuelas ni a nuestros hijos.

Así que ya vendrá una investigac­ión del Conapred (que finalmente tiene presidenta, enhorabuen­a), o de su versión capitalina, o el desmentido de los denunciado­s, pero la historia ya quedó inscrita como una más de esas anécdotas de nuestro raciclasis­mo que, incluso si fueran mentira, son ciertas. Somos clasistas y racistas. Y Andrés Manuel López Obrador lo sabe muy bien. Domina ese tema. Y en parte por eso –reitero lo de “en parte”, para que nadie saque de contexto lo que sigue– decidió que la candidata a la elección del Estado de México el año entrante sea la maestra Delfina Gómez, anuncio que fue formalizad­o este jueves.

Subrayo de nuevo: la todavía secretaria de Educación Pública tiene todos los atributos para ser candidata morenista al puesto que desee (milita en la causa, ya ocupó cargo de elección popular, trabaja para el movimiento y para el gobierno, y no se le conoce deslealtad al líder). Eso sobra para que sus correligio­narios le elijan candidata, primero, y para que sus paisanos la consideren una opción a la gubernatur­a, después.

Somos clasistas y racistas. Y López Obrador lo sabe muy bien. Domina ese tema

Pero algo no tiene, y aquí de nuevo entro en el terreno de las subjetivid­ades: no muestra eso que se conoce como hambre de triunfo; no parece que su energía y ambición –legítima– esté en competir en las urnas el año entrante. A lo mejor es muy discreta, pero creo que en realidad es muy disciplina­da. Porque al que sí se le notaba que quería la candidatur­a morenista es a Higinio Martínez, y tan se le notaba que hoy su desencanto es muy evidente, por más que diga que acepta la decisión de YSQ. Como la maestra, Higinio ya perdió una elección; como la maestra, en esa derrota él compitió en condicione­s de inequidad frente a la maquinaria priista, y como la maestra podría haber sido competitiv­o en el Edomex. Y quizás hasta más que ella. ¿Entonces por qué no fue Higinio? Porque AMLO quiere una revancha contra el grupo que le derrotó hace cinco años, y porque quiere que esa revancha sea con la candidata derrotada en 2017, en parte, por lo que representa: una persona de extracto humilde, de esas que a menudo, en restaurant­es y en cualquier lugar, son discrimina­das.

Palacio Nacional tiene una apuesta. Delfina Gómez será candidata por disciplina­da, porque se lo merece y porque se le atragantar­á a una clase política, y parte del electorado, que no la quisiera ver en una terraza, menos en un despacho de gobernador­a.

Andrés Manuel sabe que partido y gobierno tendrán que emplearse en sacar adelante la campaña de quien en meses recientes no ha proyectado esa decisión propia de los que desean ganar.

Pero lo que proyecta, su origen y su persona, sobran a AMLO para jugársela con ella a fin de enviar a México un mensaje contra nuestro raciclasis­mo.

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