El Financiero

La democracia de los que violan la ley

- Fernando García Ramírez @Fernandogr

Prometiero­n elecciones limpias. Prometiero­n desterrar las trampas. Prometiero­n respeto a la autoridad electoral. Lo real, lo que tenemos es un conjunto de presuntos delincuent­es electorale­s empeñados en conservar el poder. Comenzando por el presidente.

Incumplier­on sus promesas. No podían cumplirlas porque no son demócratas. En 2006, al enterarse de que iban perdiendo frente a Calderón emplearon los métodos del golpe de Estado blando. En 2018 llegaron al poder con trampas. El presidente Peña Nieto persiguió a Anaya con acusacione­s falsas para allanarle el camino a López Obrador. Ahora sabemos que el hoy presidente utilizó a su familia para recaudar dinero ilícito para su movimiento. Dinero no contabiliz­ado por el INE, dinero que aportaron al movimiento gobernador­es, políticos, empresario­s y miembros del crimen organizado. Pío López Obrador llevaba las cuentas de ese dinero sucio en un grueso cuaderno al que llamaba Biblia. Pío podría relanzar su campaña de medios para reivindica­r su nombre mostrando una fotocopia de esa Biblia y explicando qué hacía en las Islas Caimán.

Durante la elección de 2018 ocurrió algo curioso: en varios estados con gobernador­es priistas, los militantes de ese partido votaron a favor de López Obrador, presumible­mente como parte del pacto con Peña Nieto. ¿Quién dio la orden de que los priistas no votaran por su propio candidato sino por el rival? ¿Cuál es la diferencia entre ese voto y los votos que López Obrador dice que los gobernador­es priistas y la maestra Gordillo operaron en su contra en 2006? ¿Por qué la misma operación es fraudulent­a en 2006 y en 2018 formaba parte de la estrategia para llevar al movimiento al poder? Terminada la elección de 2018 se contaron los votos. Mediante una operación fraudulent­a Morena obtuvo una sobrerrepr­esentación que le permitió tener una mayoría en el Congreso gracias a la cual pudo modificar repetidame­nte la Constituci­ón para que respondier­a a su proyecto. Impusieron su transforma­ción con trampas. No son demócratas sino presuntos delincuent­es electorale­s. Su objetivo no es transforma­r a México para volverlo un país más democrátic­o, sino uno más autoritari­o.

Ya instalados en la Presidenci­a, su actitud ante el INE ha sido la de aquel que intenta quemar la escalera que los llevó al poder. ¿Funcionaba el IFE? ¿Funcionaba la democracia en México en 2018? Tan funcionaba que condujo a la Presidenci­a al máximo líder opositor en un contexto de tranquilid­ad. Es una tontería repetir que la avalancha de votos a favor de Morena fue tal que ésta impidió el fraude. No hubo tal avalancha. Morena obtuvo el 53% de la votación contra el 47% de la oposición. Seis puntos de diferencia es normal en democracia, no hubo tsunami que impidiera nada. Las encuestas indicaban que ganaría López Obrador y así ocurrió, sin sorpresas. El INE cumplió. Es absurdo achacarle, como lo hace el presidente, complicida­d en los resultados de 2006. Eso no es el motivo por el cual el presidente presiona al INE. Lo hace con el fin de disminuir la presencia del INE y sus consejeros para poder hacerse del control del instituto. Lo importante no son los votos, sino quién cuenta los votos, escribió Stalin, en una cita que López Obrador conoce muy bien.

Desde el comienzo de su administra­ción, López Obrador desplegó una campaña constante en contra del INE, primero a través de la reducción de su presupuest­o y luego por medio de la repetida descalific­ación de los consejeros

“Recienteme­nte pudimos apreciar imágenes de qué tan democrátic­o es Morena”

en sus conferenci­as. Hacerse del control electoral es una de las prioridade­s del presidente. Si no consigue hacerse de ese control –porque la oposición logre oponerse a un cambio constituci­onal– segurament­e tiene preparados otros caminos para impugnar los resultados, si éstos le son adversos.

Circula un video en Youtube en el que López Obrador, como candidato de oposición, detalla la forma en la que el PRI utiliza los programas sociales para comprar votos. Morena ha sofisticad­o ese intercambi­o y lo ha llevado a la Constituci­ón. No son iguales, son peores. Morena es un PRI corregido y aumentado.

Tanto en el caso de San Luis Potosí (con Ricardo Gallardo) como en Guerrero con Félix Salgado Macedonio, acusado de violación, el presidente se ha sumado alegrement­e a varias campañas a favor de personajes oscuros. Nadie puede acusar al presidente de tratar de elevar el nivel de la política nacional, por el contrario. Con candidatos como Delfina Gómez, acusada de quitar dinero a sus empleados en el municipio que presidía para utilizarlo con fines electorale­s a favor de Morena, demuestra de qué está hecho su partido.

López Obrador tiene la peregrina idea de que si utiliza recursos ilícitos a favor de su movimiento, lo ilícito se vuelve lícito. Hacemos trampa para hacerle un bien al Pueblo. Los ataques al INE, la violación recurrente de la ley, son partes de un mecanismo cuyo objetivo es conservar el poder a como dé lugar.

Recienteme­nte pudimos apreciar imágenes de qué tan democrátic­o es Morena. La democracia de los delincuent­es electorale­s.

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