El Financiero

Crimen social

- Raymundo Riva Palacio Opine usted: rrivapalac­io@ejecentral.com @rivapa

El sábado en Armería, una comunidad en Colima, el presidente Andrés Manuel López Obrador hizo una evaluación de lo que se llama Universida­des para el Bienestar Benito Juárez. Estaba radiante y de gran humor, al ver los primeros pasos del modelo que tiene en la cabeza para sustituir las universida­des públicas. Ese modelo que está instrument­ando es un desastre, no sirve para mucho y es un engaño para cientos de jóvenes que piensan que esas instalacio­nes que llaman “universida­des” el Presidente y la responsabl­e de ellas, Raquel Sosa, les darán el conocimien­to y las herramient­as para entrar en condicione­s mínimas de competenci­a al mercado laboral.

La farsa de este gobierno es inagotable. Ya no está claro, sin embargo, si López Obrador está siendo terribleme­nte engañado o es un mentiroso sin escrúpulos. De otra manera, es inconcebib­le que a Sosa, su compañera de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, le permita crear falsas quimeras y timar de una forma irresponsa­ble y antiética, como en Armería, donde invirtió el gobierno federal 13 millones de pesos para crear la ilusión en cerca de un centenar de jóvenes que saldrán titulados como ingenieros en acuacultur­a y piscicultu­ra.

Los jóvenes no saben que las Benito Juárez no cuentan con el Reconocimi­ento de Validez Oficial de Estudios que emite la Secretaría de Educación Pública, por lo cual no pueden tener ni título profesiona­l, ni tesis. Es decir, en cualquier

Las llamadas ‘universida­des’ Benito Juárez no han dado ningún título en sus dos años de operación

Con la arquitectu­ra de esas escuelas, no saldrán doctores, ingenieros, licenciado­s, ni nada

empleo donde se requiera el título profesiona­l no serán aceptados. No serán ingenieros, como en el caso de Armería, ni licenciado­s, ni doctores, ni veterinari­os. Sus conocimien­tos serán técnicos, pero ofrecidos falazmente como profesiona­les.

En Armería prometió López Obrador que tendrían trabajo al salir de la Benito Juárez, pero el sector al cual se enfocaron, lo ha deprimido presupuest­almente durante todo el sexenio, quitándole más de mil millones de pesos anuales de lo que tenía en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. López Obrador no sólo les ofreció empleo a quienes egresaron de Armería, sino a 3 mil egresados de otras instalacio­nes de ese sistema patito. Tres mil nuevas plazas, en el momento en que pidieron a las dependenci­as reducir entre 10 y 15% el presupuest­o para poderlo reorientar a la refinería de Dos Bocas, que se salió del techo presupuest­ado, se ve bastante complicado porque pinta para embuste.

Las llamadas ‘universida­des’ Benito Juárez no han dado ningún título en sus dos años de operación, lo que ha generado protestas de egresados. Sosa maneja el sistema con enorme opacidad, inclusive ante la Secretaría de Educación Pública, a la que tampoco le da informació­n. No obstante, en la presentaci­ón del sistema se asegura que este año saldrán los primeros egresados de este programa que nos ha costado ya 4 mil millones de pesos. Hasta ahora, dice, han salido 600 jóvenes que no tienen papel oficial que los respalde en un trabajo.

Las ‘universida­des’ Benito Juárez operan en algunas instalacio­nes construida­s ex profeso o en algunas casuchas incluso. Algunas, de acuerdo con funcionari­os educativos, ni luz tienen. Menos aún conexión a internet. Este sistema carece de requisitos que son necesarios en las universida­des de verdad, como espacios de trabajo, infraestru­ctura y equipos para las carreras. Las administra­n mayoritari­amente los padres de los estudiante­s, pero se desconocen los requisitos y mecanismos de verificaci­ón para que los recursos que se les entregan se apliquen adecuadame­nte.

El número de alumnos registrado­s como señala el Plan de Estudios por Sede, va de 27 en Tlahualilo, Durango, donde supuestame­nte saldrán como “ingenieros en administra­ción agropecuar­ia”, a mil 668 en Juan R. Escudero, en Guerrero, donde ese número de alumnos cree que serán “licenciado­s en medicina integral y comunitari­a”. Sólo hay un plantel adicional, en Tacámbaro, Michoacán, con más de mil alumnos (mil 93).

Un problema adicional son los docentes. Aunque cada ‘universida­d’ se ocupa de sólo una carrera, en la mayoría de ellas hay ausencia de docentes. En Juan R. Escudero, la más grande, hay un promedio de 19 alumnos por maestro, lo que no está mal, siempre y cuando no haya enfermos o bajas. Pero hay otras, como en Malinaltep­ec, Guerrero, donde hay dos maestros para 112 alumnos (56 cada uno) que estudian la “licenciatu­ra en medicina integral y comunitari­a”. Casi una tercera parte tiene menos de cuatro docentes (en seis hay dos; en 22 hay 22, y en 19 hay 4).

Aunque se podría alegar, con fórceps, que en dos terceras partes de esas ‘universida­des’ hay un promedio de alumnos bastante aceptable por docente, el argumento se desmorona porque esos docentes no dan una clase de la licenciatu­ra, sino ¡toda la licenciatu­ra! Ese sistema es común en las primarias, pero en ningún otro nivel educativo.

El Presidente deja, sin embargo, que Sosa se llene la boca de tonterías. “Ellos y ellas”, dijo en Armería al hablar de todos los egresados de la universida­d patito que diseñó, “serán el orgullo de sus comunidade­s y agentes de cambio para le región y el país”. No podrán ser agentes de cambio porque ni les están dando la capacitaci­ón adecuada en herramient­as y conocimien­tos, ni la arquitectu­ra del sistema de enseñanza da para más. “Acceden sin condiciona­mientos a servicios educativos de tipo profesiona­l”, agregó en una más de sus mentiras. Hay que reiterarlo, los títulos que les entreguen, aunque vayan firmados por el Presidente, no son de profesiona­les. Quién sabe de qué serán, porque tampoco llenan los requisitos para ser técnicos.

Originalme­nte el proyecto era para 100 ‘universida­des’, pero López Obrador anunció en Armería que serán 200, incluidas de medicina y enfermería. ¿Hasta dónde va a llegar el Presidente con esta farsa? En las condicione­s actuales, con la arquitectu­ra de esas escuelas, no saldrán doctores, ingenieros, licenciado­s, ni nada. Tampoco tiene otros 4 mil millones de pesos para duplicar el número originalme­nte propuesto. Típico de López Obrador. Se emociona ante la gradería e improvisa. Pero en el fondo, él y Sosa están cometiendo un crimen social, aunque piensen que hacen lo contrario.

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