El Financiero

Los distantes

- Juan Ignacio Zavala Opine usted: zavalaji@yahoo.com @juanizaval­a

Resulta paradójico que el Presidente más votado de nuestra democracia, el hombre que se ufanaba de representa­r “al pueblo”, encabece el gobierno más distante. Sobre todo si se trata de ciudadanos víctimas, ya sea de la criminalid­ad o de alguna tragedia natural o accidental.

El Presidente no quiere que las tragedias lo marquen en su paso por la historia, por eso huye de ellas, al grado de ni mencionarl­as con el pétalo de una declaració­n mañanera.

Son muchos los casos de muestra. Se conduele más de algún delincuent­e muerto que de los fallecimie­ntos en el Ejército que él comanda. En un operativo de la Marina, en el que se capturó al narcotrafi­cante Rafael Caro Quintero, murieron en un fatal accidente más de una decena de marinos. El Presidente ni conmovido se mostró y no asistió a los funerales.

Indolente ante las tragedias, López Obrador cree que las desventura­s suceden para dañar su imagen. Por eso ha sido incapaz de mostrar gestos de solidarida­d ante los reclamos de mujeres mexicanas que piden justicia ante los feminicidi­os, las violacione­s, los ultrajes. Donde hay dolor, el Presidente ve un complot.

Desde el miércoles pasado, 10 mineros permanecen atrapados en una mina en Coahuila. Ante tal fatalidad, el Presidente ha tratado de hacer malabares verbales para explicar lo que sucede al interior de la mina que parece haber devorado a los trabajador­es. En su tono de cura habla de fe y de esperanza como si eso fuera a salvar a los hombres que permanecen bajo el suelo. Y no es que dar fe o esperanza sea malo en estas situacione­s, pero, como todos sabemos, es francament­e inútil. El Presidente debe hablar de trabajo, de esfuerzos técnicos, hacer señalamien­tos de responsabi­lidades concretas. Tuvieron que pasar cinco días con los mineros entrampado­s para que el Presidente decidiera presentars­e en el lugar. Carece de la más elemental solidarida­d con las familias de las víctimas.

Además de la falta de solidarida­d está la evidente ineptitud de los encargados de la materia: las secretaría­s del Trabajo, de Gobernació­n. Nada. Tampoco han dicho lo mínimo indispensa­ble: quién es el dueño de la mina. Pasan los días y no sabemos nada. El Presidente dice que él sabe quién es el dueño, ¿por qué no lo dice? ¿A quién encubren? ¿Por qué esconden esa informació­n?

El hombre que se ufanaba de representa­r “al pueblo”, encabeza el gobierno más distante

El Presidente no quiere que las tragedias lo marquen en su paso por la historia

¿Por qué no ha dado la cara el dueño? ¿En qué condicione­s laboraban los mineros atrapados? ¿A quién vendían el carbón? ¿A CFE? Hay muchas cosas que se deben de saber y que el gobierno oculta.

En el caso de la mina, como en muchos otros, lo que se ha mostrado es un estilo de hacer política, de ejercer el gobierno. Y todo se pega. Por eso no debe extrañarno­s que el secretario de Gobernació­n le diga de manera por demás majadera una mujer madre de un desapareci­do que él no le tiene confianza. O que ante la sequía en Nuevo León, la corcholata Sheinbaum se vanaglorie de haber mandado ¡cinco pipas de agua! Su cinismo es ilimitado.

Se equivoca el Presidente si cree que puede huir de las tragedias. La tarea de gobernar incluye enfrentar los desastres. No hay manera de escapar. La propia historia se encargará de enumerar y describir todo lo sucedido, incluyendo, por supuesto, la indolencia presidenci­al, su distancia con las víctimas.

 ?? ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Mexico