El Financiero

¿Cuál es el mejor lugar para la Guardia Nacional?

- Eduardo Guerrero Gutiérrez @laloguerre­ro

La militariza­ción de la seguridad pública no sólo la determina si la Guardia Nacional está adscrita a Sedena o a una dependenci­a encabezada por un civil. Lo que en realidad nos debería de preocupar al hablar de militariza­ción, como ocurre en otros países, es si el tipo de armamento y tácticas que los elementos utilizan es el adecuado, de acuerdo con el tipo de operativos que realizan. En Estados Unidos, por ejemplo, en la discusión sobre militariza­ción se invoca con frecuencia la imagen de unidades SWAT (siglas en inglés para armamento y tácticas especiales), equipadas hasta los dientes, irrumpiend­o en zonas residencia­les o en escuelas. Al norte de la frontera frecuentem­ente se denuncia que estas unidades militariza­n de forma innecesari­a la seguridad pública, a pesar de que forman parte de corporacio­nes de policía locales, que no tienen ninguna vinculació­n con el Ejército. Desde esta perspectiv­a, es justo señalar que, en México, la militariza­ción no la ha decidido el gobierno, la han impuesto los grupos criminales, que desde hace años cuentan con sus propios brazos armados, de carácter netamente militar.

Desafortun­adamente, en la discusión pública en nuestro país ha prevalecid­o una visión simplista y demagógica al respecto: Sedena y Semar son dependenci­as militares, y por ende malas o inapropiad­as para vigilar el país y hacer operativos contra la delincuenc­ia. En contraposi­ción hay una hipotética policía ‘civil’, que por ende es buena y adecuada, sin necesidad de entrar en demasiados detalles sobre el tipo de armamento o vehículos o protocolos que utiliza.

AMLO tenía presente esta visión maniquea, que él mismo explotó en sus larga etapa de opositor. Sabía muy bien que sus detractore­s iban a pasarle factura por la decisión de poner bajo mando de Sedena a la principal corporació­n policial del país –lo que fue la Policía Federal y actualment­e es la Guardia Nacional–. Por eso al principio quiso pretender que Sedena sólo tendría el mando ‘operativo’ de la Guardia Nacional; un arreglo que ahora genera complicaci­ones e ineficacia, y que ahora el propio AMLO busca desechar, para adscribir la Guardia de lleno, y a como dé lugar, en las Fuerzas Armadas. Más allá de la preocupaci­ón sobre las mañas legislativ­as del Presidente, me parece necesario entender las razones de fondo por las cuales AMLO se ha empeñado, a pesar del costo político, en que Sedena se quede con la Guardia Nacional.

La primera motivación es un tema de capacidade­s y confiabili­dad. Dentro del cálculo del Presidente, Sedena es la mejor institució­n para la ejecución de la tarea. Hasta cierto punto coincido. En el ámbito civil hay mandos sobresalie­ntes, tanto por su capacidad como por su vocación de servicio (personalme­nte he tenido el privilegio de colaborar con varios de ellos a lo largo de mi carrera). Desafortun­adamente, se trata de talentos individual­es, que cambian de puesto y de corporació­n según dicten los vaivenes de la política.

Por esta razón, en el ámbito civil, en particular en la Policía Federal, nunca se construyó la institucio­nalidad y los contrapeso­s que sólo se dan con el paso de los años, y que hasta cierto punto permite evitar algunos riesgos en las Fuerzas Armadas. En México, el riesgo mayor es que el crimen organizado ‘colonice’ segmentos amplios de las institucio­nes de seguridad, como claramente sucedió en la Policía Federal en tiempos de García Luna.

El Ejército no está libre de toda sospecha en este sentido, pero sí es menos vulnerable, pues los elementos y la estructura tienen mucho mayor estabilida­d y trabajan para la institució­n, no para un mando en concreto. Aunque haya cierta colusión con criminales al más alto nivel, como pudo haber sido el caso con el general Cienfuegos, ésta no puede volverse crónica ni evidente ni generaliza­da. De hecho, a Cienfuegos se le acusaba de colaborar ocasionalm­ente, al propiciar acercamien­tos de otros funcionari­os corruptos con una organizaci­ón criminal de ligas menores (el grupo de Juan Francisco Patrón Sánchez, conocido como Los Mazatlecos).

La segunda motivación es que el Presidente encontró en el Ejército un cuerpo que le permitió romper con el pasado. Independie­ntemente de su capacidad y compromiso, para AMLO los mandos policiales civiles eran criaturas de los gobiernos previos. En contraste, a los mandos militares que él ha favorecido (que ni siquiera eran los más encumbrado­s en tiempos de Peña Nieto) los considera aliados confiables.

Para efectos prácticos, la Guardia Nacional ya forma parte de Sedena.

Dicha secretaría será la responsabl­e, si bien nos va, de crear el cuerpo profesiona­l, de corte militar, que necesitamo­s para hacer frente a la actual amenaza criminal, que también es de corte militar. Todavía estamos lejos de llegar a esa consolidac­ión: por el inevitable choque entre soldados y elementos que proceden de la Policía Federal, por complicaci­ones jurídico-administra­tivas sobre la adscripció­n de los elementos y por simple falta de tiempo. En este contexto, sería un error que, en 2025, el próximo gobierno buscara construir de cero una nueva corporació­n desde el ámbito civil.

Sin embargo, esto no quiere decir que en el largo plazo, sobre todo si en un futuro se logra pacificar al país y deja de ser necesario contar con una gran fuerza policial de corte militar, la Guardia tenga que permanecer amarrada a Sedena. De hecho, los mandos militares tienden a ser contrarios a este panorama. Para ellos, participar en tareas de seguridad pública también es, en principio, un mal, que genera desgaste y riesgos para las Fuerzas Armadas.

Una solución idónea sería buscar un acuerdo político (que desafortun­adamente parece lejano) donde Sedena tuviera certeza de que en el mediano plazo podrá continuar con la labor de construcci­ón de la Guardia Nacional, pero donde también se planteara un eventual tránsito hacia una corporació­n bajo mando civil (y con ello se evitara que, en el largo plazo, los mandos militares se volvieran adictos al poder y al presupuest­o asociados a la Guardia Nacional).

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