El Financiero

No se equivoque, Presidente

- Raymundo Riva Palacio Opine usted: rrivapalac­io@ejecentral.com @rivapa

Minimizar la violencia y decir que no hubo tanta como lo difundiero­n los medios puede engañar a bobos o ser una desviación mitómana. Que el presidente Andrés Manuel López Obrador y su gabinete de seguridad repitan que los muertos, bloqueos y vehículos quemados se limitan a actos de propaganda del crimen organizado, además de reduccioni­sta, es no querer ver el tamaño del problema que enfrentan, porque lo que sucedió en cuatro estados tiene que ver con realineami­entos y pugnas internas entre los cárteles, que pelean y disputan territorio­s ante la ausencia deliberada del gobierno federal para impedirlo.

La violencia –en orden de aparición– en Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y Baja California no fue organizada por el gobierno para justificar la adscripció­n de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa, ni de sus opositores para que, mediante el miedo, lo desestabil­icen. Ni el primero tiene el talento para hacerlo, ni los segundos la capacidad para lograrlo. La furia criminal fue una coincidenc­ia en el tiempo que unió a cuatro estados, pero con dinámicas diferentes que respondier­on a la recomposic­ión de los cárteles y la búsqueda de nuevas plazas.

El episodio que más llamó la atención por los ataques directos a la población civil se dio en Ciudad Juárez, donde la violencia fue desatada por Los Mexicles luego que tres de sus miembros fueron asesinados adentro del penal local. Los Mexicles trabajan para el Cártel

Cárteles pelean y disputan territorio­s ante la ausencia deliberada del gobierno federal

Aunque usan la propaganda como herramient­a de la violencia, ni empieza ni termina ahí

el Doble RR, Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El Doble RR

de Caborca, que desde prisión sigue encabezand­o Rafael Caro Quintero; reaccionar­on de esa forma –que el gobierno identifica sólo como propaganda– ante los intentos de Los Chapitos, los hijos de Joaquín el Chapo Guzmán, que integran una de las facciones del Cártel de Sinaloa y buscan apoderarse de Ciudad Juárez.

Parecería una contradicc­ión que Los Mexicles, que controlan la plaza y toda su infraestru­ctura, desataran una ola de 11 asesinatos de civiles en un solo día, porque eso, en el argot criminal, ‘calienta’ la plaza y perjudica a quien la domina. Pero, de acuerdo con fuentes gubernamen­tales, la estrategia de ese grupo fue agudizar las contradicc­iones de la violencia, para provocar que el gobierno enviara fuerzas federales, con lo cual Los Chapitos y el Cártel de Sinaloa tuvieran más dificultad para operar y enviar milicias a esa ciudad, donde su logística es limitada.

La violencia en Ciudad Juárez no tiene nada que ver con la que estalló días antes en Guadalajar­a y Guanajuato, luego de que unidades del Ejército realizaron un pésimo operativo para detener en la zona metropolit­ana de la capital tapatía a Ricardo Ruiz Velasco,

jefe militar del

“anda suelto”, revelaron funcionari­os gubernamen­tales, como también lo están varios mandos altos de esa organizaci­ón ante la debilidad del liderazgo de Nemesio Oseguera, el Mencho, por el deterioro en su salud, con avanzada diabetes y alta tensión.

El Doble RR está enfrentado con Hugo González Gaytán, el Sapo, quien controla Puerto Vallarta, el bastión del CJNG, y es presunto responsabl­e del asesinato del exgobernad­or de Jalisco Aristótele­s Sandoval. El Sapo es uno de los principale­s lugartenie­ntes del

Mencho, al igual que Audías Flores Silva, el Jardinero, considerad­o por Estados Unidos como el número dos del cártel, pero que, en estos tiempos de turbulenci­a dentro de la organizaci­ón, agregaron las fuentes gubernamen­tales, se ha “encerrado” en Nayarit.

El declive en la fuerza del Mencho detonó disputas hacia el interior de la organizaci­ón al perder autoridad sobre sus lugartenie­ntes, en particular la Vaca, como le dicen a José Bernabé Brizuela, que maneja su propia banda criminal en Colima, Los Mezcales, y a quien se le atribuye el atentado contra el secretario de Seguridad de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, hace poco más de dos años. También propició la rebelión del Grupo Élite, encabezado por Juan Carlos González, el 0-3, que le arrebató la custodia de los familiares de los líderes del CJNG a los

Pájaros Sierra, a quienes se les atribuye la famosa matanza en una funeraria en San José de Gracia, Michoacán, en febrero.

El operativo fallido contra el Doble RR provocó una reacción inmediata en Guanajuato, donde también domina la plaza, pero como explicaron los funcionari­os, fue un mensaje –la propaganda que señaló el Presidente y el gabinete de seguridad– de control en la entidad, a fin de neutraliza­r las percepcion­es de debilidad –al mostrar músculo– por los reveses sufridos con el Cártel de Sinaloa en Zacatecas.

El CJNG se parece, en ese sentido, a Los Zetas, quienes comenzaron con la propaganda criminal en 2005, imitando lo que hacía Al Qaeda, para inyectar miedo entre sus rivales por lo salvaje de sus ejecucione­s, que videograba­ban y difundían. Las dos organizaci­ones operan con el modelo de negocio criminal de causar terror por la violencia masiva, a diferencia del

Cártel de Sinaloa que la ejerce de una forma más discreta.

Pero ni Jalisco, Guanajuato o Chihuahua tienen relación con el tipo de violencia que se vivió en Baja California, particular­mente en Tijuana, donde el CJNG ha querido montar narcolabor­atorios de fentanilo, sin mucho éxito porque han sido desmantela­dos por las autoridade­s. También el Cártel de Sinaloa, que controla la plaza, está en esa rama del negocio criminal, donde la extorsión y el cobro de derecho de piso son las principale­s causas atribuible­s a la violencia desatada en Baja California. Las autoridade­s han señalado como responsabl­e de ella a Javier Beltrán Cabrera, el Javi, jefe de la célula Los Erres.

La recomposic­ión interna del

CJNG, con las disputas por la enfermedad grave del Mencho, ha mostrado sus efectos en el centro del país, mientras que en varias ciudades de la frontera norte se han abierto frentes de guerra con el Cártel de Sinaloa, en particular

Los Chapitos, con un enemigo de ambos, la organizaci­ón criminal de Caro Quintero. Aunque usan la propaganda como una herramient­a de la violencia, ni empieza ni termina ahí. Es mucho más complejo de como lo explicó el gobierno.

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