ES­TOY EN­FER­MO DE BOX

El Heraldo de Chihuahua - - Nacional - IG­NA­CIO BERISTÁIN MI­GUEL RE­YES RA­ZO

"Aquí tra­ba­ja­mos la preparación fí­si­ca y bo­xís­ti­ca pa­ra esa pe­lea. Unos 10 días an­tes de la pe­lea nos fui­mos a Las Ve­gas. Már­quez ya es­ta­ba a pun­to"

Na­ci­do en Ac­to­pan, Ve­ra­cruz, en 1939, don Na­cho es re­co­no­ci­do co­mo uno de los más gran­des en­tre­na­do­res de la historia del box, y ha te­ni­do a su car­go a gran­des cam­peo­nes; es miem­bro del Sa­lón de la Fa­ma del Bo­xeo

EEs un ba­llet. Así de ar­mo­nio­so, pla­cen­te­ro y exi­gen­te. Sus mo­vi­mien­tos na­tu­ra­les, di­la­ta­dos de­man­dan con­cen­tra­ción. Cons­tan­te, in­fi­ni­ta re­pe­ti­ción. Gi­ro que se ha­ce há­bi­to: ce­re­bro y cuer­po lo guar­dan.

"No pue­des ca­mi­nar en el ring tan rec­to y de­re­cho co­mo cuan­do vas por la ca­lle. A ver: In­clí­na­te un po­co. Sa­ca las nal­gui­tas. Tuer­ce, me­te ha­cia la iz­quier­da tu pie de­re­cho. Eso es. ¿Por qué te pin­tas­te el pe­lo de güe­ro? ¿Es que quie­res ser ga­ba­cho?

"Ve con El Tla­cua­che. Que te pon­ga a lan­zar jab de iz­quier­da. Pu­ro jab. Así. Mi­ra. Fí­ja­te en mi. Tres rounds. Lue­go otros tres con Mar­vin. Con La Go­ber­na­do­ra.

"Aquí has­ta las pie­dras aprenden a bo­xear. A nin­gún as­pi­ran­te se le cie­rra la puer­ta. Yo no ten­go co­ra­zón pa­ra ha­cer­lo. Vie­nen de Iztapalapa. De la Ra­mos Mi­llán. De Ne­zahual­có­yotl. Traen sus pro­ble­mas. De fa­mi­lia. Del me­dio. Ven en el bo­xeo un res­ca­te. Su sa­li­da”.

Don Ig­na­cio Beristáin lo ob­ser­va to­do. Su mi­ra­da alcanza a to­dos. De­ce­nas de hom­bres. Al­gu­nas mu­je­res. Obe­de­cen, eje­cu­tan mo­vi­mien­tos de ru­ti­na. Agi­li­dad, fle­xi­bi­li­dad, con­cen­tra­ción. Coor­di­na­ción. Pier­nas ági­les y fuer­tes. "To­do es há­bi­to. La re­pe­ti­ción ha­ce la per­fec­ción. Era la cua­li­dad de Vi­cen­te Sal­dí­var. ¿Re­cuer­da? Vi­cen­te era muy bien he­che­ci­to. Muy de­di­ca­do. Me­ti­do en lo su­yo. Vo­lun­ta­rio­so, muy de­ci­di­do. Le ga­nó a to­dos los cu­ba­nos que tra­jo Cu­co Con­de. Al

Chu-chú Gu­tié­rrez, al Ba­be Luis, a Jo­sé Le­grá, a Ul­ti­mi­nio Ra­mos. Sal­dí­var pu­lía su téc­ni­ca. La con­ver­tía en una obra maes­tra".

LA CON­FIAN­ZA LO HA­CE TO­DO

Lle­gan los que se sueñan cam­peo­nes del mun­do. "¡Bue­nos días, don Na­cho!", le sa­lu­dan. Y ha­cen cho­car la pal­ma de la mano con­tra el pu­ño del sa­lu­da­do. El gim­na­sio se lle­na en­ton­ces del ex­tre­mo ca­lor que des­pi­den cuerpos en in­ten­so mo­vi­mien­to. Su ai­re es mar­ca­do por el fuer­te gol­pe­teo a la pe­ra lo­ca.Los gol­pes al cos­tal ha­cen un pun­to sor­do. Nin­guno es­tor­ba al de jun­to. Ca­da uno en su prác­ti­ca. Guan­tes de 16 on­zas. Pa­ra guar­dar los pu­ños do­ble­men­te ven­da­dos.

"El bo­xeo lle­ga a ser cruel. Cruen­tas ba­ta­llas he vis­to. Pe­leas don­de los con­ten­dien­tes dan to­do. Y mu­cho más. Uno, yo, es­toy en la es­qui­na. Des­de ahí ob­ser­vo có­mo cum­ple el plan de pe­lea mi bo­xea­dor. En­tre él y yo hay una gran co­mu­ni­ca­ción. Por la con­fian­za. Él sa­be que yo quie­ro lo me­jor pa­ra él. Y lle­va­mos se­ma­nas y me­ses -has­ta años- juntos. Fí­je­se que en la cuar­ta pe­lea de Juan Ma­nuel Már­quez y Pa­quiao hu­bo un am­bien­te, una ex­pec­ta­ción

co­mo po­cas ve­ces he vis­to en mi lar­ga ca­rre­ra.

"Es­tá­ba­mos en Las Ve­gas. Juan Ma­nuel y yo en lo nues­tro. Y lle­gó un in­ge­nie­ro que co­no­ce y ha vis­to mu­cho box pa­ra de­cir­me: Yo creo que us­ted no de­bió acep­tar es­ta pe­lea. Es que ese fi­li­pino es­tá du­rí­si­mo. Le va a pe­gar a Már­quez. Ya lo fui a ver a su cam­po de en­tre­na­mien­to. Freddy Roach lo en­tre­na con las ma­no­plas. ¡No sa­be! Pa­quiao tie­ne una ve­lo­ci­dad en­de­mo­nia­da. Ve­lo­ci­dad y po­ten­cia en los pu­ños. Le

va a ga­nar... "Mi­re in­ge­nie­ro, -le di­je- no se en­ga­ñe. A lo me­jor sí, co­mo us­ted di­ce, el Pa­quiao es muy bueno con las ma­no­plas. Pe­ro ten­ga en cuen­ta que las ma­no­plas no se mue­ven, las ma­no­plas no ti­ran gol­pes. Sir­ven pa­ra afi­nar la tra­yec­to­ria de un gol­pe.

"Aquí tra­ba­ja­mos la preparación fí­si­ca y bo­xís­ti­ca pa­ra esa pe­lea. Unos 10 días an­tes de la pe­lea nos fui­mos a Las Ve­gas. Már­quez ya es­ta­ba a pun­to. Gran con­di­ción. No, allá no sa­lió a co­rrer. Só­lo mo­vi­mien­tos pa­ra man­te­ner la for­ma fí­si­ca. Na­da de ner­vios ni de so­bre­sal­tos”.

POR LA CON­FIAN­ZA, LE DI­GO.

“Y tan bien iba la pe­lea que un round an­tes Már­quez me di­jo: Ya

lo ten­go. Es que el plan de pe­lea lo or­ga­ni­za­mos y desa­rro­lla­mos los dos. La con­fian­za lo ha­ce to­do”. “Mi­re yo no soy am­bi­cio­so ni pi­llo y me­nos abu­si­vo y ra­te­ro. A mu­chos no les co­bré ja­más. Al que lle­ga y em­pie­za a ga­nar unos pe­sos le re­co­mien­do: Cóm­pra­te vi­ta­mi­nas. Co­me me­jor. Me­jo­ra tu equi­po. Da­le a tus je­fes. Guar­da al­go. "No se ima­gi­na us­ted có­mo ac­túa la fa­mi­lia del bo­xea­dor cuan­do

ve que em­pie­za a ga­nar di­ne­ro y co­no­cer cier­ta fa­ma. Ten cuidado con tu di­ne­ro. Que tu ma­na­ger no te ro­be. Que no te ha­ga las cuen­tas del gran ca­pi­tán. Re­vi­sa

tu con­tra­to. No te fíes. Y el pa­pá, la ma­má, los her­ma­nos se quie­ren con­ver­tir en ges­to­res de la ca­rre­ra del bo­xea­dor. Y no fal­tan aquí y en Las Ve­gas o en Los Án­ge­les los pi­ra­tas de bo­xea­do­res. Tien­tan a los fa­mi­lia­res. Les suel­tan unos cien­tos de dó­la­res y los en­cam­pa­nan. Por eso es tan im­por­tan­te la con­fian­za que se da en­tre el bo­xea­dor y el ma­na­ger.

"Aquí no se re­tie­ne a na­die. Quien se ha que­ri­do ir con otro ma­na­ger se ha mar­cha­do con mi de­seo de que le va­ya bien. Con­ser­vo la amis­tad de Már­quez. Juan Ma­nuel es un hom­bre in­te­li­gen­te. Ma­ne­ja bien su vi­da y su di­ne­ro. Y ¿La Chi­qui­ta Gon­zá­lez?

¡De lu­jo, se­ñor! Aquí lle­gan. Y nos gua­sea­mos. Y Da­niel Za­ra­go­za. Yo no ten­go enemi­gos. Re­co­noz­co to­do lo que me en­se­ñó Adol­fo El ne­gro Pé­rez.

"Nun­ca ha vuel­to a exis­tir en el mun­do del bo­xeo un hom­bre de la ca­li­dad del se­ñor Luis Spo­ta. Un gran hom­bre".

LA CO­RRUP­CIÓN ES UN QUEBRADERO DE CA­BE­ZA

Ara­ña los 80 años. Or­gu­llo­so de su fa­mi­lia.

"Una de mis hi­jas es­tu­dió Eco­no­mía en Lon­dres, In­gla­te­rra. Me cos­ta­ba más de 50 mil dó­la­res anua­les su preparación. Otra es­tu­dió lo mis­mo pe­ro en la Uni­ver­si­dad de las Amé­ri­cas en Pue­bla. Mi hi­jo Ad­mi­nis­tra­ción. Pre­pa­rar a mis hi­jos me obli­gó a aban­do­nar el bo­xeo ama­teur. Pre­pa­rar mu­cha­chos pa­ra jue­gos olím­pi­cos, panamericanos, cen­troa­me­ri­ca­nos. ¡Uf! Mu­cho tra­ba­jo y po­ca pa­ga. Tam­bién des­con­sue­lo al ver que muy ma­los jue­ces des­ca­li­fi­ca­ban sin ra­zón a nues­tros mu­cha­chos. Y no ol­vi­do el ges­to de un juez cu­bano que en la Olimpiada de Mos­cú, -Al­cí­des Se­ga­rra­re­cla­mó: A Mé­xi­co no se le ha­ce eso. Bu­fa­ba al ver que por un ro­ce san­gró un ba­rro y aque­lla san­gre de­ter­mi­nó la des­ca­li­fi­ca­ción de Za­ra­go­za. ¡Ni se mo­les­tó el mé­di­co en re­vi­sar la re­gión. Yo no ol­vi­do a ese cu­bano.

"Pre­pa­ré bue­nos bo­xea­do­res pa­ra los Jue­gos Olím­pi­cos de Mé­xi­co. Ga­na­mos 4 me­da­llas. ¡De­bie­ron ser más". Pe­ro.

"Yo me de­cla­ro apo­lí­ti­co. Pe­ro no de­jo de ver que al go­bierno no le in­tere­sa el de­por­te. Se di­cen y se di­rán mu­chos dis­cur­sos. Y se en­sal­za­rá a és­ta o aque­lla fi­gu­ra. Fí­je­se: an­tes el Premio Na­cio­nal del De­por­te era pa­ra atle­tas ama­teurs. ¡Y aho­ra se lo dan al

Ca­ne­lo Ál­va­rez que fran­ca­men­te no tie­ne nin­gu­na ne­ce­si­dad del di­ne­ro que lo acom­pa­ña!

"Y tam­bién por­que los po­lí­ti­cos ven en el de­por­te un me­dio de en­ri­que­cer­se Tiem­po atrás me in­vi­ta­ron al Es­ta­do de Mé­xi­co pa­ra un ac­to de re­co­no­ci­mien­to. De­ci­dí com­prar un te­rreno pa­ra desa­rro­llar un cen­tro de­por­ti­vo. Em­pe­cé la cons­truc­ción de una al­ber­ca. Y de un día pa­ra otro ha­llé de­te­ni­da la obra. Fui con la au­to­ri­dad. Me es­cu­chó y me sol­tó: Mi fir­ma, don Na­cho, le cues­ta mi­llón y me­dio. Así. No se va­le. ¿Con quién se que­ja uno? Di­cen que así es la co­sa. Que de­ben sa­car lo que me­tie­ron en su cam­pa­ña. To­tal que hoy la gen­te vi­ve con la du­da. ¿Cuán­to se lle­va­ron los que se fue­ron? ¿Cuán­to los que lle­gan? Eso de la co­rrup­ción es un quebradero de ca­be­za”.

30 CAM­PEO­NES MUN­DIA­LES

Es un ba­llet. Cuerpos ten­di­dos so­bre el tan pi­so­tea­do pi­so. Bo­ca aba­jo. Bo­ca arri­ba. Co­mo ador­mi­la­dos. Miem­bros en de­li­be­ra­da, bien cal­cu­la­da ten­sión. Tron­cos que se fle­xio­nan. Hom­bros que ro­tan. Bra­zos-alas. Pier­nas­re­sor­te. Nu­cas-re­mo­lino. Pul­mo­nes an­sio­sos de oxí­geno. Trans­pi­ra­ción. En­si­mis­ma­mien­to. Es­treno de múscu­los. Go­ce de ca­be­za a píes. Un ba­llet.

"Que 28, que 29. No lle­vo bien la cuen­ta de los bo­xea­do­res que en­tre­né, acon­se­jé, guié has­ta cam­peo­nes del mun­do. A Ray Var­gas lo for­mó su pa­pá. Eso en sus tiem­pos de bo­xea­dor ama­teur. En lo pro­fe­sio­nal lle­va 33 pe­leas con­mi­go. Es campeón del

"No pue­des ca­mi­nar en el ring tan rec­to y de­re­cho co­mo cuan­do vas por la ca­lle. A ver: In­clí­na­te un po­co. Sa­ca las nal­gui­tas.

Con­se­jo Mun­dial de Bo­xeo. Su­per­ga­llo. Va in­vic­to. Ga­nó en In­gla­te­rra. Hi­zo ya 3 de­fen­sas del tí­tu­lo. En fe­bre­ro su­birá de nue­vo al ring. En Ca­li­for­nia. Car­los Var­gas, su pa­dre lo ini­ció en el mun­do del box".

¿DÓN­DE SE DA EL ME­JOR BO­XEO, SE­ÑOR BERISTAIN?

Ob­via­men­te en Es­ta­dos Uni­dos. Atra­si­to es­tá Mé­xi­co. Yo res­pe­to a to­dos mis com­pa­ñe­ros. Nos jun­ta­mos, pla­ti­ca­mos. Que al­gu­nos pien­sen dis­tin­to y has­ta me cri­ti­quen no me afec­ta. De ver­dad. Pien­so que a un hom­bre pú­bli­co co­mo yo lo soy eso no le afec­ta. A mi fa­mi­lia si le cae mal que me re­co­noz­can y me to­men fo­tos y me pi­dan au­tó­gra­fos. Nos ocu­rrió ha­ce po­cos días en San Mi­guel de Allen­de. En un ca­fé de Mar­ga­ri­ta Gra­lia. Y en la ca­lle. ¡Has­ta en el te­mas­cal! Yo le di­go a mi es­po­sa y a mis hi­jos que es par­te de mi tra­ba­jo. Lo aceptan. Pe­ro no les gus­ta.

¿QUÉ TAN IM­POR­TAN­TE ERA GEOR­GE PARNASSUS?

Co­mo mu­chos de su tiem­po, Parnassus de­fen­día al bo­xea­dor; lo ad­mi­nis­tra­ba. Hoy ¡que va! Al pro­mo­tor ese as­pec­to no le im­por­ta gran co­sa. Lo ve co­mo ne­go­cio. Pro­duc­tor de bue­nos dó­la­res.

En Ti­jua­na y en Las Ve­gas so­nó la ho­ra de que el bo­xeo re­vi­se sus mé­to­dos. Jue­ces y re­fe­ris que pro­vo­can du­da.

Lle­ga al gim­na­sio a las 7 y me­dia. Car­ga un fras­co con agua pre­pa­ra­da por su es­po­sa. Ya en su ofi­ci­na-in­te­li­gen­cia-re­la­cio­nes pú­bli­cas- con­su­me ge­la­ti­nas ca­se­ras, pa­ne­ci­llos. Su ho­ri­zon­te lo cu­bren cam­peo­nes. Des­de Vi­cen­te Sal­dí­var que ga­nó el cam­peo­na­to mun­dial plu­ma a Ul­ti­mi­nio Ra­mos en 1964 has­ta el ful­gu­ran­te Juan Ma­nuel Már­quez.

"Net­flix me con­tra­tó pa­ra un do­cu­men­tal. Con La Chi­qui­ta Gon­zá­lez. Quie­ro lle­gar a su­mar 30 cam­peo­nes mun­dia­les. Creo que de vol­ver a vi­vir, re­pe­ti­ría es­ta exis­ten­cia. Es que ¿sa­be? Yo es­toy muy en­fer­mo de bo­xeo”. Tal con­tó don Ig­na­cio Beristáin.

FO­TOS: DA­NIEL GA­LEA­NA

Newspapers in Spanish

Newspapers from Mexico

© PressReader. All rights reserved.