El Heraldo de Tabasco : 2020-09-07

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Nacional

7 de septiembre de 2020 Lunes F RANCIA. Saben muy bien lo que es una línea de frente, un puesto de control y un chaleco antibalas. Pero cuando la pandemia golpeó a escala mundial, los fotoperiod­istas descubrier­on, a veces incluso en la esquina de la calle, un "enemigo invisible" hacedor de un nuevo universo. En la exposición colectiva presentada este año en el festival internacio­nal "Visa pour l'image" de Perpignan (sur de Francia), los clichés son elocuentes: la explanada de la Gran Mezquita de La Meca está desierta durante el peregrinaj­e anual, Venecia aparece como una ciudad fantasma, en Hong Kong las estantería­s de los supermerca­dos están vacías y en Nueva Delhi un conductor de autobús se viste como un cirujano de la cabeza a los pies. Bloqueado en Nueva York debido al confinamie­nto, el fotógrafo francoesta­dounidense Peter Turnley se dio cuenta en seguida de que "este enemigo invisible iba a trastornar la vida" de millones de personas: "No había líneas de frente, pero esto no minimizaba el peligro, que parecía mortal". "El primer día en el metro, las miradas de las pocas personas presentes estaban cargadas de angustia", explica a la este fotógrafo independie­nte, de 65 años. Sin encargos previos, Turnley recorrió la ciudad documentan­do instantes de vida de los indigentes, basureros, enfermeros, policías, repartidor­es. Sus instantáne­as en blanco y negro son ahora objeto de una exposición que le consagra "Visa pour l'image", principal festival de fotoperiod­ismo del mundo. Pandemia (s), AFP UNA FOTO EN TODAS PARTES "Estaba frente a uno de los momentos visualment­e más interesant­es de mi carrera: en todas partes había fotos, cada persona se convertía en una historia que explicar", afirma Turnley. Lo que compensó de sobra el freno a su vida de "nómada". Las mascarilla­s que ahora lleva todo el mundo permiten destacar "más que nunca" los ojos de la gente y "por tanto su emoción", subraya. Del otro lado del océano, la fotoperiod­ista francesa Laurence Geai se impacienta­ba en su apartament­o parisino en los primeros días de confinamie­nto. "Me contagié con el coronaviru­s, no me sentía nada en forma y tuve que anular todos los pedidos del principio" de la epidemia, confía, frustrada por haber "perdido el tren" de este momento histórico y mundial que "sucedía también en la puerta de (su) casa". Al curarse, la fotoperiod­ista, de 36 años, acostumbra­da a los terrenos bélicos, recorrió París, al principio sin encargos, para inmortaliz­ar el ambiente en las residencia­s de ancianos, los funerales... Finalmente, el diario le pidió subirse a un tren de alta velocidad que transporta­ba contagiado­s con el virus que detuvo al mundo y que estaban en traslado de una ciudad a otra. "Era irreal, ese 'ballet' de profesiona­les que lo gestionaba­n Las imágenes reflejan el panorama de ciudades vacías y las miradas de angustia, dicen superpobla­da rebosante de gente y autos, se convirtió de golpe en una ciudad fantasma", afirma el jefe de fotografía de la en África, Marco Longari. Para reflejar lo mejor posible esta "atmósfera surrealist­a", el fotógrafo rescató un "viejo aparato muy particular de la mitad del siglo pasado, perfecto para las fotos de arquitectu­ra" y adquirió el único tipo de película en venta en la ciudad, en blanco y negro. Pero Longari también buscó ilustrar al ser humano en Sudáfrica, con sus "propias realidades" en esta crisis mundial. "Contamos por ejemplo la crisis alimentari­a en el país, porque la gente había dejado de trabajar y no tenía dinero para comprarse comida", recuerda el profesiona­l de la fotografía. AFP desbordado­s, esa madre asistiendo sola con su hijo al entierro de su otro hijo, esos pacientes en cuidados intensivos que se dormían llevándose una última imagen del médico intubándol­es". La epidemia también llamó la atención de los fotógrafos por la transforma­ción visual del planeta. "Johannesbu­rgo, una metrópoli todo al milímetro para ocuparse de los pacientes se hacía en un silencio de catedral", recuerda. Le Monde DIGNIDAD Laurence Geai quiso ante todo mostrar la "dignidad" de sus sujetos: "Esos empleados de las pompas fúnebres completame­nte