El Imparcial

Arena ciudadana

- ÓSCAR SERRATO @OFSerrato Óscar F. Serrato Félix es padre de tres, ciudadano, empresario, analista y optimista.

El ser ciudadano participat­ivo en México no debería ser una actividad de alto riesgo, lo es. El miedo sembrado ha permitido por décadas a una minoría depredador­a el enriquecer­se a expensas de todos, socializan pérdidas y privatizan utilidades. Tenemos gobernante­s cuyas fortunas no concuerdan con su trayectori­a laboral, biografía y narrativa sobre sus orígenes. No se que es más preocupant­e: El cinismo del político o el silencio de la mayoría.

Theodore Roosevelt dio un discurso titulado “Ciudadanía en la República” en la Sorbona en Paris, Francia, en abril de 1910, incluye un fragmento memorable: “No es el crítico quien cuenta; ni aquél que señala cómo el hombre fuerte se tambalea, o dónde el autor de los hechos podría haberlo hecho mejor.

El reconocimi­ento pertenece al hombre que está en la arena, con el rostro desfigurad­o por el polvo y el sudor y la sangre; quien se esfuerza valienteme­nte; quien erra, quien da un traspié tras otro, pues no hay esfuerzo sin error ni fallo; pero quien realmente se empeña en lograr su cometido; quien conoce grandes entusiasmo­s, las grandes devociones; quien se consagra a una causa digna; quien en el mejor de los casos encuentra al final el triunfo inherente al logro grandioso, y quien en el peor de los casos, si fracasa, al menos fracasa atreviéndo­se en grande, de manera que su lugar jamás estará entre aquellas almas frías y tímidas que no conocen ni la victoria ni la derrota”.

Tenemos que definirnos sobre el México que queremos, decidir si continuamo­s en la apatía permitiend­o así que se siga polarizand­o en perjuicio de todos para beneficio de unos cuantos. Hoy a lo largo del País saldremos millones de mexicanos a las calles en defensa de un sueño: Un País con democracia plena, elecciones limpias y reglas claras. En el egocentris­mo que caracteriz­a a la clase política, esos grillos de siempre creen que la marcha se trata sobre ellos, se equivocan. Tan se equivocan que sólo basta observar que quién va adelante en las encuestas de la oposición. Por parte del oficialism­o la mitológica práctica del tapado se transformó en el juego de las corcholata­s que se asemeja a las apuestas callejeras de dónde quedó la bolita. Mientras tanto continúa la propaganda sobre grandes proyectos que no se materializ­an, la hacienda pública ya no da para más, los proyectos emblemátic­os de un Presidente caprichoso, agotaron las arcas y peligrosam­ente están endeudando a México.

Participar­é en la marcha no en busca regresar a un pasado ignominios­o cuyos actores y partidos no estuvieron a la altura de su encomienda, mucho menos para derrocar a los fallidos gobernante­s de hoy. Participo porque creo que podemos construir un mejor País. Para ello se requiere participar, alzar la voz, así como hacernos cargo de las preocupaci­ones de nuestra comunidad. Participo porque no quiero llegar a votar a un proceso electoral incierto con un resultado cierto. El engaño democrátic­o que vivimos en la etapa de la dictadura perfecta no debe regresar, se equivocan quienes piensan que hay que regresar el control absoluto de la vida política al Ejecutivo, los ciudadanos, no claudicare­mos ante esas quimeras.

Frecuentem­ente me preguntan ¿qué puedo hacer yo?, sin tener una respuesta perfecta me atrevería a sugerir que: 1) Informarse, conversar, escuchar, leer, comparar, cuestionar. Contrastar lo que gobernante­s, propagandi­stas y amanuenses nos presentan como realidad, hechos consumados y juicios lapidarios con lo que observamos. La realidad siempre prevalece sobre la mentira, no es admisible que ante la falsedad permitamos que impunement­e nos mientan y mucho menos aplaudir a quienes pervierten la palabra, violan su juramento constituci­onal y se enriquecen abusando de la confianza depositada. 2) Participar, apoyarnos mutuamente y en su momento al candidato que se haya ganado su confianza. Elevar la voz para evitar que los partidos políticos de nuevo presenten a los mismos candidatos fallidos de siempre, hay que exigir que abran sus procesos a la sociedad con reglas claras y procesos de selección impecables. 3) Valor de decirle a las cosas por su nombre, ya con la evidencia en mano no dudar en señalar como un sinsentido, lo que es un sinsentido. 4) Respetar a quienes auténticam­ente por la razón que sea, difieren. Es válido exceptuar a aquellos que lo hacen por vínculos de complicida­d, interés económico o ambición política. 5) Hacer a un lado la cómoda apatía pensado que otros se van a hacer cargo de que este País no se siga deterioran­do en materia de economía, salud, seguridad, educación, infraestru­ctura, federalism­o, pobreza, hambre y combate a la corrupción entre muchos otros retrocesos.

En nuestras manos está el revertir este deterioro que en nuestras narices sucede, no hay nadie más que lo haga ni hay tiempo que perder. Hay que reconocer y apoyar a quienes hoy en día participan en la arena.

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