«Es­toy en ese mo­men­to en el que ya co­no­ces el ca­mino»

A POR LA DÉ­CI­MA. La bus­ca el Real Ma­drid en el Stark Are­na. Des­pués de una tem­po­ra­da mar­ca­da por las le­sio­nes y de unos du­rí­si­mos cuar­tos de fi­nal con­tra el Pa­nat­hi­nai­kos, el equi­po de Pa­blo La­so, ya con to­dos sa­nos, se enfrenta hoy en se­mi­fi­na­les al de­sa

El Mundo - - DEPORTES - SERGIO RODRÍGUEZ LU­CAS SÁEZ-BRA­VO BELGRADO EN­VIA­DO ES­PE­CIAL Ba­se del CSKA de Mos­cú, ad­ver­sa­rio hoy del Real Ma­drid

Aho­ra, al otro la­do de la lí­nea, des­de Mos­cú con­tes­ta un pa­pá que es­pe­ra pa­ra agos­to su se­gun­da ni­ña. Sergio Rodríguez, 32 años pron­to, de­fi­ni­ti­va­men­te se ha he­cho ma­yor. «Aho­ra, el día li­bre, en vez de ir a un con­cier­to o a to­mar una co­pa, que­da­mos pa­ra ir al zoo o al par­que de bo­las». El des­tino le tra­jo de vuel­ta de la NBA ha­cia el CSKA y la ma­du­rez tam­bién se plas­ma en la pis­ta, don­de ha li­de­ra­do al gru­po de Itou­dis to­do el cur­so, pe­ro es­pe­cial­men­te en la ho­ra de la ver­dad de los cuar­tos: con­tra el Khim­ki, 19,3 pun­tos y 6,5 asis­ten­cias. Así se pre­sen­ta en su quin­ta Fi­nal Four, an­te el Real Ma­drid (21.00 h., Mo­vis­tar), con el que dis­pu­tó las cua­tro an­te­rio­res y ga­nó la úl­ti­ma en 2015: «Sin du­da, el me­jor re­cuer­do».

Pre­gun­ta.– ¿Por qué es di­fe­ren­te la Fi­nal Four?

Res­pues­ta.– Apren­dí que la ex­pe­rien­cia ayu­da mu­chí­si­mo. Es di­fí­cil lle­gar y es­tar en con­di­cio­nes óp­ti­mas, por to­do lo que en­vuel­ve. En una Co­pa, por ejem­plo, hay más equi­pos. Pe­ro en la F4 se con­cen­tra to­do más, hay una gran ten­sión y pre­sión. A la vez es to­do muy bo­ni­to. Sa­bes que vas a dis­fru­tar y a su­frir. He ju­ga­do cua­tro, ocho par­ti­dos, y los re­cuer­do to­dos per­fec­ta­men­te.

P.– Nin­gu­na co­mo la de 2015.

R.– Sin du­da. Ca­brea no ha­ber ga­na­do las dos an­te­rio­res, pe­ro eso nos hi­zo muy fuer­tes. Co­mo equi­po y co­mo per­so­nas. La ma­yo­ría lo ha­bría da­do to­do por per­di­do, no se ha­bría re­sar­ci­do. Tan­tas no­ches en la ca­ma pen­san­do ‘y si no voy a te­ner otra opor­tu­ni­dad’. Eso nos dio la fuer­za.

P.– Des­de la dis­tan­cia, ¿qué se te­me del Real Ma­drid?

R.– Tie­ne mu­chí­si­mo ta­len­to. Te­ne­mos que in­ten­tar que no ha­gan su ba­lon­ces­to, que no se en­cuen­tren có­mo­dos. Hay mu­chos ju­ga­do­res que pue­den des­equi­li­brar. Pa­rar­los es di­fí­cil. Por eso nos fo­ca­li­za­mos en no­so­tros. En ha­cer un jue­go que nos be­ne­fi­cie: in­ten­si­dad en de­fen­sa, tran­si­ción, fuer­tes en el re­bo­te...

P.– El Real Ma­drid ha so­bre­vi­vi­do a una tem­po­ra­da du­rí­si­ma con las le­sio­nes. Aho­ra lle­gan to­dos sa­nos. ¿Eso les ha­ce más pe­li­gro­sos?

R.– En es­te mo­men­to, to­dos so­mos te­mi­bles. Ellos han te­ni­do un año com­pli­ca­do. Em­pe­zan­do por la le­sión de Ser­gi en ve­rano, que fue un mo­men­to du­ro pa­ra to­dos. Pe­ro más o me­nos, por la le­sio­nes ha pa­sa­do to­do el mun­do. No­so­tros he­mos per­di­do a dos de nues­tros me­jo­res ju­ga­do­res (Hi­nes y De Co­lo) en pla­yoffs.

P.– El ba­lan­ce has­ta lle­gar a Belgrado pa­re­ce in­me­jo­ra­ble pa­ra us­ted, en lo per­so­nal y lo co­lec­ti­vo.

R.– Es­toy con­ten­to. Y no só­lo a ni­vel pro­fe­sio­nal. Nos he­mos adap­ta­do bien. Des­pués de EEUU, vi­vir en otro país, con un idio­ma nue­vo y cir­cuns­tan­cias di­fe­ren­tes siem­pre es com­pli­ca­do. He­mos sa­bi­do con­cen­trar­nos bien en lo que te­nía­mos que ha­cer y en dis­fru­tar del día a día.

P.– ¿No se echa de me­nos a la gen­te cer­ca­na?

R.– Hay muy buen am­bien­te. Los ru­sos tie­nen su día a día, pe­ro con

«Va a ser un par­ti­do de ca­rác­ter. Los dos so­mos ga­na­do­res, am­bos con ta­len­to y ex­pe­rien­cia»

«Aho­ra, en vez de ir a to­mar una co­pa el día li­bre, que­da­mos en un par­que de bo­las»

los ex­tran­je­ros ten­go mu­cha re­la­ción. Y es cu­rio­so, pe­ro nun­ca ha­bía es­ta­do en un gru­po que es­tu­vie­se tan en la mis­ma circunstancia de vi­da, con tan­tos hi­jos, to­dos con una edad si­mi­lar. Eso y el es­tar le­jos, nos ha uni­do. El día li­bre, en vez de ir­nos a un con­cier­to, al ci­ne o a ce­nar y to­mar una co­pa, que­da­mos pa­ra ir al zoo, a un par­que de bo­las o a co­mer a un si­tio que ten­ga par­que in­fan­til.

P.– ¿Ha no­ta­do cier­to mie­do es­cé­ni­co en el CSKA por ha­ber fa­lla­do tan­to en las Fi­nal Four?

R.– No lo per­ci­bo, ni en el cuer­po téc­ni­co ni en el club ni en los com­pa­ñe­ros. Es ver­dad que he lle­ga­do a un gru­po que la ga­nó ha­ce dos años; ima­gino que an­tes, sin ga­nar­la des­de 2008, ha­bría otra sen­sa­ción. Sien­to que el club es ga­na­dor y con­fían. Y eso tam­bién pue­de te­ner otra lec­tu­ra. Son tres tí­tu­los en los úl­ti­mos 12 años y tam­po­co hay mu­chos equi­pos que lo ha­yan con­se­gui­do.

P.– ¿Us­ted es­tá en el me­jor mo­men­to de su ca­rre­ra?

R.– Es­toy en ese mo­men­to en el que ya co­no­ces el ca­mino. No es que aho­ra to­do sea más sen­ci­llo, pe­ro sí más fa­mi­liar y eso te ayu­da. An­tes ha­bía esa sen­sa­ción tan bonita de en­fren­tar­te a al­go que no co­no­ces, pe­ro ca­da mo­men­to es di­fe­ren­te. In­ten­to dis­fru­tar, por­que cum­plo 32 y es mi 14ª tem­po­ra­da pro­fe­sio­nal. Sé que lle­ga­ra el día en el que no es­té y lo echa­ré de me­nos.

P.– Con la ma­du­rez, ¿qué se ga­na y qué se pier­de?

R.– La ilu­sión la con­ser­vas. Qui­zá es otro ti­po de ilu­sión, por co­no­cer el ca­mino, por ha­ber­lo vi­vi­do. Pe­ro es­tá la ilu­sión por ha­cer­lo bien, por ga­nar, por cum­plir los ob­je­ti­vos...

P.– ¿Có­mo se ima­gi­na el par­ti­do?

R.– Va a ser un par­ti­do de ca­rác­ter. Los dos equi­pos te­ne­mos ex­pe­rien­cia y ta­len­to, so­mos ga­na­do­res.

ÁN­GEL RI­VE­RO / MAR­CA

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