«Eso de que el ‘man­ga’ es só­lo se­xo y vio­len­cia es­tá su­pe­ra­do»

El Mundo - - ECONOMÍA - JA­VIER BLÁNQUEZ

Pre­gun­ta.– ¿Cuán­to se tar­da en apren­der ja­po­nés des­de ce­ro?

Res­pues­ta.– De­pen­de, pe­ro es di­fí­cil en cual­quier si­tua­ción. La es­cri­tu­ra es muy com­pli­ca­da, su sis­te­ma es de­men­cial, pe­ro en con­tra­par­ti­da la pro­nun­cia­ción es fá­cil si ha­blas es­pa­ñol. Y la gra­má­ti­ca es sen­ci­lla.

P.– ¿Cuán­to tar­dó us­ted?

R.– Me sa­qué el ni­vel má­xi­mo en cin­co años,

pe­ro era es­tu­dian­te de tra­duc­ción y pa­sé un año en Ja­pón. Si tie­nes res­pon­sa­bi­li­da­des, hi­jos, una hi­po­te­ca... se tar­da más.

P.– ¿Có­mo eran las pri­me­ras tra­duc­cio­nes de ani­mes y man­gas al es­pa­ñol en los 70 y 80?

R.– En los úl­ti­mos años he vuel­to a tra­du­cir Bo­la de Dra­gón, Nau­si­caä del Va­lle del Vien­to y Aki­ra, y ha­bía frases mal en­ten­di­das o co­sas que el tra­duc­tor se in­ven­ta­ba. Po­ca gen­te sa­bía ja­po­nés y se apro­ve­cha­ba el va­cío pa­ra co­lar pi­ru­las.

P.– ¿Có­mo es­tá el mer­ca­do del man­ga aquí?

R.– Vol­ve­mos a es­tar en má­xi­mos. En 2017 se edi­ta­ron 793 tí­tu­los, y en 2018 se ha lle­ga­do a 815. Tras los años de la cri­sis vuel­ve a su­bir. P.– ¿Cuán­to ven­de un man­ga en Es­pa­ña?

R.– Hay se­ries que ven­den 1.000 ejem­pla­res, pe­ro los su­per­ven­tas lle­gan a los 10.000 o más.

P.– Eso con­tras­ta con la es­ca­sa aten­ción que se le pres­ta al man­ga en los me­dios ge­ne­ra­lis­tas. Si al có­mic eu­ro­peo o ame­ri­cano se les tra­ta fa­tal, el ja­po­nés es qu e ni exis­te.

R.– Ese va­cío em­pie­za por la crí­ti­ca de có­mic en ge­ne­ral. En las lis­tas de los me­jo­res tí­tu­los del año nun­ca se cue­la un man­ga, y si se cue­la, siem­pre es de Te­zu­ka o Ta­ni­gu­chi...

P.– ¿Qué di­fe­ren­cia a su ge­ne­ra­ción de las si­guien­tes en el con­su­mo de cul­tu­ra ja­po­ne­sa?

R.– Los jó­ve­nes es­tán más in­for­ma­dos. An­tes no te­nía­mos tan­ta ca­pa­ci­dad de re­co­pi­lar in­for­ma­ción. Aho­ra es to­do in­me­dia­to: al día si­guien­te de que se pu­bli­que un man­ga en Ja­pón o el nue­vo epi­so­dio de una se­rie, aquí ya los tie­nes dis­po­ni­bles.

P.– ¿Los jó­ve­nes bus­can al­go dis­tin­to?

R.– A los que te­ne­mos más edad nos gus­tan man­gas más se­su­dos, y los jó­ve­nes es­tán más por el sho­nen, pe­ro es lo nor­mal. Lo que me da más en­vi­dia es que tie­nen sa­lo­nes de man­ga en to­das par­tes y dis­fru­tan más.

P.– En Bar­ce­lo­na se ve. Hay mi­les de jó­ve­nes ota­kus que se dis­fra­zan de sus per­so­na­jes fa­vo­ri­tos pa­ra la oca­sión.

R.– Se lo pa­san ge­nial. Es una afi­ción su­per­sa­na. Siem­pre hay ese ses­go del que lo ve des­de fue­ra: «Mi­ra és­tos, qué ra­ros son». Pe­ro

es co­mo ir al fút­bol. Mu­cha gen­te va con la bu­fan­da de su equi­po, con la ca­mi­se­ta, el gorro... Dis­fra­za­dos. Pues es­to es lo mis­mo.

P.– ¿Si­gue vi­vo el lu­gar co­mún de que to­da la ani­ma­ción ja­po­ne­sa es se­xo y vio­len­cia?

R.– To­da­vía hay un sec­tor que no co­no­ce la reali­dad y se ali­men­ta de los tó­pi­cos. Pe­ro se ha de­mos­tra­do que el mun­do del man­ga y la ani­ma­ción es muy am­plio. Es­tá su­pe­ra­do. En los 90 pa­só que los pro­gra­ma­do­res no sa­bían lo que com­pra­ban y veía­mos se­ries co­mo Los ca­ba­lle­ros del zo­dia­co o Bo­la de dra­gón, que eran pa­ra ado­les­cen­tes, pe­ro no pa­ra ni­ños.

P.– ¿Qué tí­tu­los re­cien­tes des­ta­ca­ría?

R.– En se­ries, Ata­que a los ti­ta­nes y One Punch Man, que tra­ta so­bre un su­per­hé­roe ab­sur­do, tan fuer­te que con un so­lo pu­ñe­ta­zo de­rro­ta a cual­quier enemi­go y se abu­rre. En ci­ne, Your Na­me, de Ma­ko­to Shin­kai, y Mi­rai, de Ma­mo­ru Ho­so­da.

P.– ¿Cuál se­rá el fu­tu­ro del man­ga?

R.– En Ja­pón, el man­ga en di­gi­tal ya ge­ne­ra más be­ne­fi­cio que en pa­pel. Ese cam­bio aquí tam­bién lle­ga­rá.

ÓS­CAR ES­PI­NO­SA

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