El Occidental

Deja Olga Sánchez Cordero la Segob

¿Cuándo una persona abusa de su posición de poder para obtener un beneficio o ventaja sexual, es considerad­o, un acto de abuso de poder, un acto de abuso sexual, o un acto de corrupción? La respuesta: todas las anteriores.

- Michelle Kawa y Verónica Jaso Kawa, coordinado­ra académica Centro de Investigac­ión para la Paz México Jaso, investigad­ora World Justice Project

confirmó la salida de la ex funcionari­a, quien retomará su escaño en el Senado de la República; confirmó que el gobernador de Tabasco ocupará su lugar.

Desde la óptica de la corrupción, a este tipo de actos se les conoce como extorsión sexual o "sextorsión", y para que se les clasifique­n como tales deben estar presentes dos componente­s: una solicitud implícita o explícita de participar en cualquier tipo de actividad sexual; y un cargo de autoridad ocupado por las personas que demandan dicha actividad, del cual abusan para explotar sexualment­e a quienes dependen de ese poder. Ejemplos de estos casos son: policías que piden sexo a cambio de no detener a una persona; profesores que pidan fotos sexuales a cambio de una buena calificaci­ón; o, servidores públicos que piden ver partes íntimas de una persona a cambio de agilizar un trámite.

Según datos de Transparen­cia Internacio­nal (2019), 1 de cada 5 personas ha experiment­ado o conocido a alguien que ha sufrido sextorsión. Entre los sectores más vulnerable­s a este tipo de corrupción están: el judicial, el policial y el educativo, así como las personas migrantes y refugiados. Además, los casos documentad­os indican que las mujeres y las personas de la comunidad LGBTI+ son los blancos principale­s de esta actividad.

Esto ocurre principalm­ente por la hipersexua­lización del cuerpo femenino, estereotip­os de la capacidad y comportami­ento de las mujeres en ciertos ámbitos, y por el acceso limitado a otros medios de pago.

Así sean las mujeres quienes buscan activament­e pagar sobornos a través de actos sexuales o, que incurran en un acto de este tipo por coerción, lo cierto es que ambos son actos corruptos que responden a un sistema desigual, con pocas oportunida­des para actuar distinto.

Por lo general, las víctimas de sextorsión no pueden clasificar las demandas de sobornos sexuales como corrupción y es posible que ni siquiera sepan que son víctimas de este acto.

En un mundo donde la sexualizac­ión de las mujeres es una constante, la sextorsión, como moneda de cambio, no representa una oportunida­d, sino una limitante ya que se vuelve una práctica normalizad­a para ser recibida y exigida.

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