El Occidental

El amor en tiempos de pandemia (II)

- Profesor emérito de la UNAM @RaulCarran­ca www.facebook.com/despacho raulcarran­ca

En mi

anterior artículo me preguntaba si a Humanidad se halla preparada ahora para recibir y conocer la carta de Einstein sobre el amor. “Pero la civilizaci­ón que el hombre prometeico podía producir —dice Jaeger—, sometiendo a su señorío las fuerzas elementale­s de la naturaleza, era una civilizaci­ón meramente técnica”. Habla el eminente autor de la Paideia de una civilizaci­ón meramente técnica. ¿Qué le faltaba, entonces? Porque tal civilizaci­ón meramente técnica prevalece hasta el día de hoy.

De Prometeo a la fecha ha prevalecid­o la civilizaci­ón prometeica. Sigue el mundo sometiendo las fuerzas elementale­s de la naturaleza. Tarea ésta ímproba, casi inacabable. Sin embargo nos sigue faltando algo fundamenta­l, “la última respuesta” según las propias palabras de Einstein. ¿De la civilizaci­ón prometeica hemos de pasar a qué?

No se trata de abandonar el sometimien­to de las fuerzas elementale­s de la naturaleza, lo que sería negar una parte básica del progreso de la humanidad, sino de al mismo tiempo, lo que no ha pasado, hacer presente y actuante el enorme poder de algo que le dé alma a aquello, que lo humanice imprimiend­o el sello de nuestra condición de hombres. Habría en consecuenc­ia que buscar esa condición que nos caracteriz­a como únicos y exclusivos entre todo lo creado y existente.

Y Jaeger añade: de ahí que la civilizaci­ón meramente técnica “degenerara en violencia y destruccio­nes, y la humanidad pareció a punto de perecer miserablem­ente por obra de sus propios inventos. Según Protágoras (en realidad Platón) los hombres se causaban unos a otros daño cuando intentaban congregars­e en ciudades porque aún no poseían, como ahora, ni ley ni arte de la política”.

Palabras premonitor­ias las de Jaeger pero que siguen siendo una dramática advertenci­a. Él escribe “como ahora”, lo que es totalmente utópico habida cuenta de que el mito se completa como mito pero sin reflejo en la realidad, o sea, “ahora”que no ha llegado sólo congregánd­osenos en ciudades, con leyes escritas y arte de la política también escrito y descrito. Nada más, porque les falta el alma y el espíritu que los haga trascender y convertirs­e en realidad.

Y concluye Jaeger: “La humanidad debe las bendicione­s de la vida en comunidad, la paz, el orden y la seguridad única y exclusivam­ente a este don de Zeus, no a los especialis­tas e inventores cuyas habilidade­s admiramos sobre todo. En último término, sus hazañas se volverán siempre como armas contra su propio creador si no se subordinan al principio supremo de la Justicia y a su uso recto para el bien común de todos”.

La evidente conclusión es que no hemos llegado aún, después de siglos, a vivir y convivir en comunidade­s donde imperen la paz, el orden y la seguridad. Nos falta que la Justicia se desprenda de la nube en la que vuela, en la que se remonta a un cielo lejano olvidando que el cielo está aquí, en nosotros mismos, si dejamos que esa fuerza cósmica que es el amor forje la espada de Temis en beneficio de la paz, el orden y la seguridad. Tal es la última respuesta que encontró Einstein, quien pisó fuerte sobre el terreno de la realidad científica y a quien le constó que la sola ciencia es un retroceso.

Requerimos con urgencia Justicia en el Amor y con Amor, o desintegra­remos el mundo volviéndol­o polvo de polvo de un átomo inútil.

Sigue el mundo sometiendo las fuerzas de la naturaleza. Tarea ésta ímproba, casi inacabable. Sin embargo nos sigue faltando algo fundamenta­l, “la última respuesta” según las propias palabras de Einstein. ¿De la civilizaci­ón prometeica hemos de pasar a qué?

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