El Occidental

Los juegos de palacio

- Pedro Peñaloza pedropenal­oza@yahoo.com @pedro_penaloz

No podemos luchar contra el futuro. El tiempo está de su parte. William Ewart Gladstone

La salida de Julio Scherer Ibarra de la Consejería Jurídica de la presidenci­a, es el banderazo inequívoco de un cambio en el equipo operativo de López Obrador. Pero, sobre todo, debe entenderse como el cierre de filas con los verdaderam­ente leales al tabasqueño. Se trata de construir la pista de salida del gobierno con andamiajes sólidos y confiables.

Recordemos que las “renuncias” y cambios del gabinete han fortalecid­o la lealtad total al presidente: Ramírez de la O, Delfina Gómez, Tatiana Clouthier, Javier May y Rosa Icela Rodríguez, quienes no trastocan el libreto obradorist­a. Sin olvidar, el despido de Irma Eréndira, el cual sólo fue un ajuste de cuentas por atreverse a torpedear la candidatur­a de Salgado Macedonio. Nada importante para los dictados del tabasqueño.

La pieza que faltaba para deshacerse de los simples “compañeros de viaje” era Olga Sánchez Cordero. A quién le asignó un papel secundario en la toma de decisiones, incluso la propia exministra denunció públicamen­te acciones de misoginia en su contra en el gabinete de seguridad. De ser una especie de secretaria del interior, fue una dependenci­a reducida a temas de los derechos de las mujeres y los desapareci­dos, especialme­nte de los 43 de Ayotzinapa. Incluso, un caso humillante para Sánchez Cordero, fue el tema migratorio, que orgánicame­nte le compete a dicha institució­n, lo administra políticame­nte Marcelo Ebrard y en la contención la Guardia Nacional y los gorilas agentes de Migración, cuyo jefe, Francisco Garduño, acuerda directamen­te con AMLO. Así, el único que tiene reflectore­s es Alejandro Encinas con la propaganda de atención a los desapareci­dos. Un simple personaje “maleable”.

El nuevo ajuste es claro. La llegada de Adán Augusto López ha sido manejada con bombo y platillo por el presidente y no es para menos, su hermandad va más allá de lo formal. Aunque no se le conoce oficio político, será el nuevo secretario quien se encargue de la relación con los otros dos poderes y los gobernador­es, funciones que hacía Scherer parcialmen­te. Claro, la confianza es distinta.

Ahora, AMLO se podrá avocar a manejar los ritmos de la prematura sucesión y los puntos pendientes de su agenda. Mantendrá su bombardeo a los distintos y tratará de llevar a la cárcel a algunos trofeos mediáticos. Supone que con el círculo tabasqueño y otros de su club tendrá una barrera de protección. El único problema será la convulsa realidad política, social y económica que no es una variable dependient­e del humor del inquilino de Palacio Nacional. Todavía faltan algunos escenarios.

La pieza

que faltaba para deshacerse de los simples “compañeros de viaje” era la exministra Olga Sánchez Cordero.

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