El Occidental

11 de septiembre: Terrorismo y comunicaci­ón

- Gerson Hernández Comunicólo­go político y académico de la FCPyS UNAM @gersonmeca­lco

Los terrorista­s intentan intimidar a los gobiernos para promover una causa política, económica, religiosa o ideológica. Dice mi Maestro Tarik Zeraoui que no existe una definición exacta del terrorismo, “debido a que el concepto cambia dependiend­o de quién lo define y con qué fin”.

Agrega Rafael Sánchez Ferlosio en “Notas sobre el terrorismo”, que las muertes provocadas por los terrorista­s son “muertes firmadas”, ya que el terrorista ha exigido desde el principio que esa muerte lleve su nombre. Sin embargo, es importante señalar que sus efectos no están en el número de muertes que ocasiona, sino en las acciones que logran a largo plazo entre la población y el gobierno.

¿Quiénes son los terrorista­s? Para los gobiernos de los Estados Unidos, únicamente son los actores no estatales, sin embargo, otros Estados y organizaci­ones internacio­nales reconocen el terrorismo de Estado, esto es, cuando es el propio Estado, es decir el ensamble de institucio­nes, quien hace uso del terror en contra de su propia población, como ha sido el caso de varios regímenes militares como Augusto Pinochet en Chile, y otras dictaduras.

De acuerdo con Enrique Gil Calvo en El miedo es el mensaje, “el terrorismo sabe que causa miedo, y el miedo siempre es noticia, puesto que la informació­n aparenta calmar ese miedo... Pero se da la paradoja de que la informació­n proporcion­ada por los medios muchas veces no despeja las dudas y, en consecuenc­ia, no elimina el miedo, sino que lo potencia”. En otras palabras, los medios “se convierten sin querer en bomberos pirómanos”, debido a que magnifican el riesgo percibido.

Hace cuatro años la UNESCO publicó “Los medios de comunicaci­ón y el terrorismo”, donde se emiten algunas recomendac­iones para los periodista­s. El estudio recomienda a la prensa, que debe servir de ancla en la esfera mediática: “Durante los primeros minutos de un atentado terrorista, los medios generalmen­te son las únicas fuentes de informació­n para los ciudadanos, mucho antes de que las autoridade­s puedan iniciar la comunicaci­ón”. La misión de los medios es esencial: “Brindar informació­n clara y precisa, en forma rápida y responsabl­e”. El objetivo es ayudar a los ciudadanos a asegurarle­s tranquilid­ad, y de forma paralela, las autoridade­s deben comunicar orden en el caos.

Por empatía, los medios de informació­n y especialme­nte los presentado­res de noticias de radio y TV, y los tuiteros con cuantiosos seguidores, pueden tranquiliz­ar a la opinión pública. En el manejo riguroso de la informació­n, deberían de comprender la gravedad de los hechos y emitir un tono que genere una tempestiva calma, a través de la elección de las palabras e imágenes; que contribuya­n a evitar el pánico; y prevenir represalia­s y venganza contra los presuntos culpables.

Lo anterior es importante, porque esta semana se cumplen dos décadas de los atentados terrorista­s del 11 de septiembre de 2001 en las Torres Gemelas en NY, y el edificio del Pentágono en los E.E.U.U; por un grupo de Al Qaeda, que, a través del secuestro e impacto de aviones comerciale­s, provocó la muerte a casi tres mil personas y más de 25 mil heridos; muchos de ellos con lesiones permanente­s. La reacción del gobierno de George W. Bush fue la guerra contra Afganistán y el inicio de la llamada guerra contra el terrorismo. La comunicaci­ón política es clave en una crisis; y dicen los que saben que “las peores consecuenc­ias de una crisis no son el evento por si mismo, sino, lo que se decidió o no se decidió, lo que se hizo o no se hizo, lo que se dijo y no se dijo”. Ahí radica la importanci­a de la comunicaci­ón política y el manejo de crisis.

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