El Occidental

Epiléptico tocado por Dios

ENFERMO, VISIONARIO O DROGADICTO. HAN PASADO YA 700 AÑOS DE LA MUERTE DANTE ALIGHIERI Y SU VIDA SIGUE SIENDO MOTIVO DE NUEVAS HISTORIAS, ENSAYOS E INTERPRETA­CIONES

- EDUARDO BAUTISTA

“Es importante conocer el contexto en el que (la obra) fue escrita y traducida”

SABINA LONGHITANO PIAZZA ACADÉMICA DE LA UNAM

Las drogas también forman parte de su vida, aunque se trate de un episodio polémico y poco explorado.

No se puede entender a Dante Alighieri sin su egocentris­mo. Desde muy joven, el padre de la lengua italiana se asumió como el mensajero de Dios. Creía que estaba predestina­do para la posteridad, como quien es investido por la divinidad para salvar al mundo de las mezquindad­es, las ambiciones y la opulencia que tanto dijo despreciar.

En su ensayo Dante. La novela de su

vida, el crítico y académico italiano, Marco Santagata, uno de los mayores estudiosos de la literatura italiana, lanza la siguiente interrogan­te: “¿Cómo no preguntars­e qué imagen proyectaba en la vida diaria un hombre tan egocéntric­o y tan convencido de su propia excepciona­lidad?”

Y es que pocas figuras literarias están cargadas de tantos misterios como la de este poeta florentino que se preciaba de haber sido bendecido con el don de la escritura por haber nacido bajo el signo zodiacal de los gemelos (Géminis).

Dice Santagata: “En todo cuanto Dante ha visto, hecho y dicho, ya se trate de su nacimiento o de un amor, de la muerte de la mujer amada, de su derrota política o de su exilio, él vislumbra una señal del destino, la sombra de una fatalidad ineluctabl­e, la huella de una voluntad superior”.

Han pasado ya 700 años de su muerte y su vida sigue siendo motivo de nuevas historias, ensayos e interpreta­ciones. Datos o pasajes que —más allá de la curiosidad— ayudan a entender al Dante más humano, el de rostro alargado, nariz aguileña, postura encorvada y baja estatura, como lo describió Boccaccio, uno de sus biógrafos más antiguos. Sin embargo, por obvias razones de temporalid­ad, es complicado saber a ciencia cierta cómo era la fisionomía del florentino más allá de los retratos que se hicieron de él o de los escuetos testimonio­s de algunos de sus amigos.

Las drogas también forman parte de su vida, aunque se trate de un episodio polémico y poco explorado. Según cuenta la traductora y experta en estudios italianos, Barbara Reynolds, en su libro Dante: The poet, the political thinker, the man, Alighieri fumó mariguana y consumió mescalina en el mismo periodo en que escribió La Divina Comedia entre 1304 y 1320. De hecho, la autora asegura que estos alucinógen­os pudieron haber influido en algunos pasajes de su monumental obra, en la que se crea toda una iconografí­a del horror humano, principalm­ente gracias a las interpreta­ciones visuales que se hicieron a finales del siglo XIX.

Y es que pocos como Dante exploraron con tanta profundida­d los confines del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, esos tres lugares que explican, en buena medida, los orígenes de la psique humana. En el Canto primero de La Divina

Comedia, hay un personaje llamado Glauco que, tras comer algunas “plantas mágicas”, se convierte en divinidad marina. Según Reynolds, esta escena refleja la necesidad que tenía el escritor florentino de hablar sobre su consumo de narcóticos, que no resulta extraño si se toma en cuenta que, según varios de sus biógrafos, padecía enfermedad­es como narcolepsi­a y epilepsia (hoy la ciencia ya ha probado que el uso medicinal de la cannabis tiene efectos positivos en pacientes epiléptico­s).

“En ese pasaje (de Glauco), Dante ve a

Beatriz metida dentro del disco solar como si fuera un espíritu cósmico. A pesar de la intensa luz, el poeta no aparta la mirada de su amada, quien le habla desde las alturas. La imaginació­n de Dante es tan poderosa como increíble, parece decirnos Reynolds, quien sugiere que toda la estructura del Paraíso fue escrita bajo un lente psicodélic­o”, asegura el escritor venezolano Gustavo Valle en su ensayo Beatrice en el cielo con diamantes, publicado en 2007 en Letras Libres.

Esta historia levantó polémica, sobre todo entre los estudiosos más conservado­res de su obra, quienes argumentar­on que no hay evidencia histórica suficiente para sostener la versión de un Dante asiduo a las sustancias psicotrópi­cas.

Luego de que Reynolds publicara su libro, el diario Times Literary Supplement —una de las publicacio­nes culturales más prestigios­as del Reino Unido— lanzó un artículo con un encabezado incendiari­o: Dante Drogato.

“Los dantistas italianos pusieron el grito al cielo y rechazaron la figura de su héroe infamado. A sus 94 años, Barbara Reynolds no imaginó que los pocos renglones que dedicó a este asunto desatarían una tormenta y herirían la sensibilid­ad de muchos”, observó Valle.

En la Edad Media —explica Marco Santagata— la epilepsia todavía era considerad­a una enfermedad sagrada heredada por el mundo antiguo. De este modo, los epiléptico­s eran una especie de “intervenid­os” por Dios, pero no como un milagro, sino como un castigo. Sin embargo, en el Medievo, esa sacralidad se convierte en algo demoniaco.

“El epiléptico está poseído por el demonio. No solo es una enfermedad infamante, a menudo confundida con la locura, sino que es también socialment­e peligrosa porque puede transmitir­se, además de por herencia, por contagio”, señala Santagata.

Aunque han sido muchas las interpreta­ciones que se han hecho sobre La Divina

Comedia para entender la vida de Dante —las neurológic­as y psicológic­as son sólo algunas de ellas—, no resulta sencillo llegar a la verdad porque hace 700 años la literatura estaba insertada en una tradición social, cultural, económica y política completame­nte distinta.

“Es importante conocer el contexto en el que (la obra) fue escrita y traducida. Hay cuestiones específica­s sobre la alegoría que la hacen muy distinta a la poesía moderna, porque es muy diferente analizar la poesía medieval a analizar la poesía moderna”, dice en entrevista Sabina Longhitano Piazza, académica de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Santagato no duda en afirmar que la epilepsia fue un factor determinan­te para que Dante se sintiera un ser tocado por fuerzas no terrenales. De algún modo, dice, certificó su íntima convicción de ser excepciona­l.

Pocos

como Dante exploraron con tanta profundida­d los confines del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, lugares que explican, en gran medida, los orígenes de la psique humana

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