El Occidental

Científico­s: ¡les llegó el turno!

- Catalina Noriega catalinanq@hotmail.com @catalinanq

Nadie se salva. A funcionari­os de los órganos autónomos, periodista­s, medios, académicos, clase media les ha tocado recibir epítetos deplorable­s, por parte del tlatoani.

Le llegó el turno a la comunidad científica, a la que echa a los leones con una mano más pesada que la del metate. La Fiscalía General de la República acusa a 31 de sus miembros de lavado de dinero, utilizació­n de recursos ilícitos y delincuenc­ia organizada, intento de convertirl­os en carne de presidio por largos años. Los amenaza con cárceles de máxima seguridad, como si se tratara de delincuent­es peligrosos como los que la 4T apapacha y libera (Caso Ovidio y el Culiacanaz­o).

Eran integrante­s del Foro Científico y Tecnológic­o, que se creó en el

2002, con carácter de autónomo y el objetivo de asesorar y dar consulta al

Conacyt y al Poder Ejecutivo. Entre otras tareas proponen proyectos, tarea esencial para el desarrollo.

Con personalid­ad y patrimonio propio, recibían los fondos del Conacyt, de lo que ahora se les acusa, cuando así lo establece la Ley de Ciencias y Tecnología.

La denuncia la hizo la inaudita María Elena Álvarez Buylla, al frente del Conacyt y piedra de escándalo desde su nominación. Macabro el que fue con el consentimi­ento de AMLO, quien, desde su demoniaca tribuna, hace lo imposible por denostar a la agraviada comunidad.

Universida­des, científico­s y la mayoría de los gremios nacionales han puesto el grito en el cielo, sin que se conmuevan quienes promueven semejante locura, imposible de llevar a cabo sin una Fiscalía General de la República, sin más ocupación que crear expediente­s politiquer­os inducidos por el emperador de Palacio. Había además que pagarle el favor a la señora Álvarez Buylla, que al fin facilitó el ingreso de Gertz Manero al olimpo del Sistema Nacional de investigad­ores, mismo que se le había negado por años, en vista de la falta de merecimien­tos.

Una de las “nominadas” a Almoloya, Julia Tabüeña, según el articulist­a Ricardo Raphael, arrastraba un pleito con ella, incalifica­ble visceralid­ad, reitero, como tantas otras de esta funcionari­a.

Les quitó las becas a jóvenes mexicanos, estudiante­s en el extranjero, muchos de los cuales vieron truncos su sueño de obtener una maestría, un doctorado, en alguna universida­d destacada del Orbe. Sus relatos, conmueven.

Es la misma mujer que ha dicho que la ciencia “no puede ser neoliberal” y otras estulticia­s. Es la que se comprometi­ó, al inicio de la pandemia, a que tendríamos una vacuna hecha en el país y a producir ventilador­es. Hasta ahora, nada.

Llegó al puesto y corrió a auténticas lumbreras, para sustituirl­as por sus amiguetes, o, como es el caso de la otra fémina que elaboró la demanda contra los 31, una persona que trabajaba vendiendo lencería. De su escritorio salió la absurda investigac­ión.

Atacar a

la ciencia es propio de dictaduras y del totalitari­smo. Prefieren un pueblo sumiso de ignorantes.

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