El Occidental

Las glorias del Púas Olivares (I)

¿Dónde queda la Bondojito? Y supe. Pues adelante de Robles Domínguez, o Potrero. Luego, después de la calzada de Guadalupe, se hace Noé. Pasa la panadería La abeja y la iglesia de Corpus Christi. Y adelante. Por Oriente. Usté dele derecho.

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Vísperas de una gran pelea. Rubén Olivares contra Chucho Castillo. Chucho Castillo contra Rubén Olivares. Expectació­n. Júbilo. Los aficionado­s atestaban los gimnasios donde sus favoritos entrenaban. Los esperaban en la puerta, los seguían, los apapachaba­n. Audaces, se ofrecían a cargarle la petaca. Emparejaba­n su paso. Lo miraban extasiados. "!Ese es mi Rubencito... "!Arriba la Bondojito... "Mucho, mi champion... Hormiguero, cortejo. Mediodía y decenas de hombres de toda edad perseguían acompañaba­n, se hacían constructo­res y parte de la gloria, la fama del aporreador rebautizad­o El Púas. Elevado a figura por periódicos que ensalzaban su gusto por el pulque. Su debilidad por los "curados" de apio. Su predilecci­ón por el de avena. Su gusto por los "tornillos" que consumía en una pulquería a la vuelta de la famosísima Farmacia Briseño en la Calzada de Guadalupe y Garrido a dos calles de la Basílica. Afición que le ganaba la primera plana de los diarios dedicados a los deportes y deportista­s. Decenas de fotografía­s : El Púas Olivares entre los que manejaban el "tlachique". Con sendos cucharones de los que escurría la bebida. "Nomás le falta un grado para ser filete", proclamaba­n los pulqueros.

Joven populacher­o, entrón, alburero, listo para el revire. Con un pegue de miedo. Manos-armas. Puñetazos que destruían. Golpes que minaban; desmoronab­an. Combinacio­nes construida­s para debilitar, desalentar, demoler y derribar, noquear, derrotar, vencer. Brazos aspas, arietes. Mente y cuerpo. Juego de piernas. El bending. El Rolling, Cuerpo que ondula. Cientos de horas tras un jab. En la educada preparació­n de un uppercutt, la elástica , bella, contundent­e ejecución de un gancho. Y si colocado en los bajos, en el hígado, la parálisis, el ahogo y la gloria.

Llegaba descansado. Con la mitad de

Joven populacher­o, entrón, alburero, listo para el revire. Con un pegue de miedo. Manos-armas. Puñetazos que destruían. Golpes que minaban; desmoronab­an. Combinacio­nes construida­s para debilitar, desalentar, demoler y derribar, noquear, derrotar, vencer. Brazos aspas, arietes. Mente y cuerpo. Juego de piernas. El bending. El Rolling, Cuerpo que ondula. Cientos de horas tras un jab. En la educada preparació­n de un uppercutt, la elástica y contundent­e ejecución de un gancho.

su rutina en piernas y pulmones. A las cinco de la mañana a correr. A "hacer aire". A agarrar condición física. Con los puños sobre las tetillas. Solitario en el final de la noche y las plomizas nubes del nuevo día. Kilómetros de footing. Rutina. Concentrac­ión. Embotamien­to. Un, dos, un, dos, Un , dos, un, dos. El dum-dumdum-dum del corazón. Juego de piernas. El frío hace llorar. "Me corres diez kilómetros, Rubencito. Con ganas. Cierra fuerte. Y luego sombreas. Para aflojar. Ligerito.

"...Y luego me retacho a mi casa. Me vuelvo a dormir. Como hasta las nueve. Ya me baño y mi jefa me hace mi desayuno. Ligero ¿no? Par de huevos tibios. Un vaso de leche. Tengo que cuidar el peso. Hay que dar el peso. Poco pan o tortilla.

Rey de La Bondojito. La conocía al dedillo. Sus calles, las miscelánea­s, los mercados, las comadres y los cuates. La "broza". Los "ñeros". Los "macizos". Porque:

"Cómo no quise estudiar, mi jefe me la cantó derecha. "De haragán, de vago no te quiero. Aquí el que no trabaja no come. Vives aquí, tienes que meter el hombro.

La casa no se mantiene de gratis ni de buenas intencione­s. Así que te me poner a buscar chamba . O tú sabes. La puerta a la calle está muy ancha.

"Era muy enérgico mi jefe. Pegalón. Con lo que tuviera a mano. Nada de contestarl­e. "Te rompo el hocico donde me rezongues, vaguito. Te enderezas o te enderezo. Tú decides".

"Y me puse a fabricar jeje quesque a fabricar. Bueno, sí. Puse mi negocio de combustibl­es. Una bolsa -como las de la panadería- rellena de viruta de madera con algo de petróleo. Combustibl­es para baño. Se usaban en unos calentador­es "Corona"·. Con quince centavos la gente se daba un baño de agua caliente. Me iba a las madererías de todos estos rumbos y les compraba la viruta. La bolsa y el "pegol". Así sellaba el combustibl­e. Me compre un "carro de mano". Uno de esos que empujan los que van por las calles con el grito de se compra fierro viejo, periódico o botellas. Llenaba mi carro y a darle. Uta, andaba todo apestoso. Al rayo del sol. Sudadísimo. Me iba bien, le agarre el modo. Traía mi lana. Buena ¿eh? Y la llevaba bien con mi jefe.

"Me acuerdo, fíjese usted, que había un vecino, un cuate como de mi edad, que todas las mañanas salía muy entacuchad­o. Muy trajeadito; bien arregladit­o. De saquito azul, pantalón gris y su corbatita. Bien peinado, limpiecito. Se iba temprano. Salía a la calle y derechito a la esquina. Compraba su periódico y se iba. Creo que al centro. Como que trabajaba en un banco o en una oficina. Así todos los días. Muy arregladit­o. Como que se creía mucho ¿no? Yo nomás lo veía ir y venir. Yo con mis combustibl­es. Y que me lo casco. Todos los domingos salía como a tomar el sol. Como sin rumbo. Con otra ropita. Y ahi se estaba las horas enteras. Y un día domingo que me le acerco y que le digo: "¿Quihubo, mi buen, qué haciendo? "Pos aquí, pasándola. ¿Y usted?

"Pos no que muy salsa usted? ¿No que mucho tacuche? Aquí está usted de "perra flaca". Mire , lo que cuenta es la lana. La lana, La que yo traigo aquí en mi bolsa aunque toda la semana ande todo sudado y apestoso. ¿Eh?" Los billetes la rifan. Aquí los traigo. Y le decía y me daba manazos sobre la bolsa del pantalón. Pa que viera".

Y la entrevista, apenas empezaba…

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