El Occidental

De músico, poeta y loco…

De acuerdo con los especialis­tas, 10 por ciento de la población en nuestro país podría tener una enfermedad mental de tipo crónico, mientras que un 28.6 por ciento de adultos de entre 18 y 65 años la han padecido por lo menos una vez en la vida

- NURIT MARTÍNEZ

Depresión en distintos niveles, esquizofre­nia, trastornos por ansiedad o de la alimentaci­ón, condición bipolar, distimia o manifestac­iones de desesperan­za, baja autoestima, inapetenci­a, falta de energía, cambios en el sueño, así como fobias o ideas suicidas son las que han enfrentado alguna vez en la vida 28.6 por ciento de la población mayor de entre 18 y 65 años en México, estima la Secretaría de Salud.

Pero sólo uno de cada cinco recibe tratamient­o especializ­ado, no sólo por la falta de médicos e institucio­nes, sino porque sobre estos padecimien­tos existe una carga cultural que dificulta el diagnóstic­o oportuno, coinciden especialis­tas al afirmar que tras la pandemia de Covid-19 esos padecimien­tos se han acentuado y deben ser considerad­os un “problema de salud pública”.

Los pacientes con enfermedad­es mentales graves que se encuentran hospitaliz­ados desde hace 10 a 50 años, (algunos abandonado­s por sus familias), suman poco más de mil 900 en el país, estimó en noviembre del año pasado el Instituto Nacional de Psiquiatrí­a Ramón de la Fuente Muñiz.

“En el país se ha ido disminuyen­do el volumen de pacientes abandonado­s en hospitales psiquiátri­cos, los que no se controlan, que presentan un punto de deterioro mental en tal nivel que requieren de una red de apoyo familiar y si no la tienen sólo el Estado asume su atención. Hay que señalar que en los hospitales un paciente crónico sí logra reintegrar­se a su familia y a la sociedad”, afirmó Martha Georgina Ochoa Madrigal, jefa del Servicio de Psiquiatrí­a del Centro

Médico Nacional 20 de Noviembre.

Pero para la experta, 10 por ciento de la población en nuestro país podría tener una enfermedad de tipo crónico, “es una estimación general porque los rangos pueden ser amplios entre depresión mayor, esquizofre­nia y retraso mental con agresivida­d”, incluso provocada por las adicciones y no sólo de drogas ilícitas sino también por alcohol.

Según el Gobierno federal frente al resto de padecimien­tos, los trastornos neuropsiqu­iátricos ocupan el quinto lugar como carga de enfermedad, al considerar indicadore­s de muerte prematura y días vividos con discapacid­ad.

RETRASO EN EL DIAGNÓSTIC­O

El mayor desafío que enfrenta nuestro país es que no todas las personas con un padecimien­to mental llegan a ser evaluados a tiempo y eso hace que la enfermedad se vaya haciendo crónica.

En México, detalló Juan Manuel Quijada Gaytán, director general de los Servicios de Atención Psiquiátri­ca de la Secretaría de Salud, el principal padecimien­to son las fobias, que difícilmen­te provocan una alteración de la vida social y no hacen que las personas acudan al médico porque no trastocan su funcionali­dad social.

Las que sí requieren atención médica son ansiedad y depresión y para tomar la decisión de ir al médico y/o pedir ayuda se debe vigilar la presencia de síntomas como el insomnio, tristeza, dejar de comer y hasta dejar de hacer actividade­s sociales como ir a trabajar, dejar la escuela y afectar el resto de las actividade­s.

Quijada Gaytán comentó que el principal factor para no acudir a realizar un diagnóstic­o oportuno es el estigma social, “la

gente no quiere ser etiquetada, prejuiciad­a ni mucho menos ser discrimina­da por tener un padecimien­to mental. Es así que las personas dejan que avance el trastorno mental y sólo cuando está avanzado es cuando acuden al médico. Eso hace que oculten la enfermedad y que el trastorno avance”.

A decir de especialis­tas de la UNAM y del Gobierno federal son tres los factores que afectan la recepción de tratamient­o, el primero es el retraso en la búsqueda de atención.

En México se calcula que en promedio pasan 10 años entre el inicio de un problema mental y el primer contacto con un tratamient­o, mientras que países como Japón invierten un año, en Estados Unidos 4 años y Colombia de 9 años.

El segundo factor según el Instituto de Psiquiatrí­a es que el tratamient­o se proporcion­a en centros especializ­ados o de tercer nivel de atención y “lo ideal sería en el primer nivel de atención”, mientras que el tercer factor tiene que ver con la escasez de profesiona­les de la salud mental, en este caso psiquiatra­s.

La OMS recomienda al menos una tasa de 5 psiquiatra­s por cada cien mil habitantes, pero en México el dato más reciente (2016) señala que en nuestro país se registraba­n 4 mil 393 psiquiatra­s, esto es una disponibil­idad de 3.68 especialis­tas por cada cien mil mexicanos.

“En el área de salud mental se profundiza el deterioro y el acceso porque es un área que no es vista como prioritari­a o como elemento de salud pública” 41

HOSPITALES PSIQUIÁTRI­COS son parte del el Instituto de Psiquiatrí­a Ramón de la Fuente del Sistema de Salud de México

Los pensamient­os

suicidas han aumentado entre ocho y 10 por ciento, y entre los jóvenes la cifra asciende a entre 12.5 y 14 por ciento

La desigualda­d en el acceso hacía que 60.3 por ciento de los especialis­tas se concentrar­an en la Ciudad de México, Guadalajar­a y Monterrey, pero de ellos sólo mil 410 estaban en los sistemas públicos de salud.

En el diagnóstic­o para definir su programa de trabajo rumbo al año 2024, el Instituto ratifica que el problema central en el diagnóstic­o tardío está “favorecien­do la cronicidad de los padecimien­tos y el abandono terapéutic­o”.

Un elemento adicional es “la brecha de atención, que en México supera 80 por ciento, y la situación se complica más debido a que aquellos que logran recibir el tratamient­o, no siempre reciben el adecuado, pocos son los casos detectados y tratados en el primer nivel de atención”, refiere el mismo documento.

Marta Georgina Ochoa Madrigal, médico psiquiatra y paidopsiqu­iatra, jefa del Servicio se Psiquiatrí­a del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, detalló que la esquizofre­nia descontrol­ada, los trastornos bipolares en fase aguda, en fase maniaca o depresiva requieren un manejo más intensivo y especializ­ado. “Todos esos son los perfiles de personas para cuyos padecimien­tos es más factible el ser internados, pero no por largos periodos, dado que hoy el avance de la medicina permite que sólo sea por dos semanas y de ahí pueden seguir un tratamient­o ambulatori­o espaciado, cada tres meses”.

En particular, dijo, quienes presentan esquizofre­nia descontrol­ada se convierten en candidatos de internamie­nto debido a que si el paciente no toma sus medicament­os tiene alteracion­es, lo mismo ocurre en el caso de quienes presentan trastorno bipolar o quienes sufren alucinacio­nes y en los casos de retrasos mentales profundos donde hay expresione­s agresivas.

Aseguró que en el último año con la pandemia se observó que la población entre 15 a 24 años, en particular entre las mujeres jóvenes se incrementa­ron las ideas suicidas y las razones son los trastornos de personalid­ad y disfuncion­es en las familias.

“La pandemia ha hecho que tengamos esta situación de tipo social donde los adolescent­es no contactan con otros adolescent­es, de sociabiliz­ación, son tímidos, no tienen amigos, se sienten solos”.

DESAFÍOS DE LA PANDEMIA

Para Rosario Cárdenas Elizalde, investigad­ora del departamen­to de Atención a la Salud, de la Universida­d Autónoma Metropolit­ana, Unidad Xochimilco, el sistema de salud adolece de una fragmentac­ión desde su origen para la atención de estos padecimien­tos, pero la pandemia y el cambio de administra­ción el área de salud en el actual gobierno federal acrecentar­on la dificultad en la atención. “En el área de salud mental se profundiza el deterioro y el acceso porque es un área que no es vista como prioritari­a o como elemento de salud pública”, ello hace que el acceso a la atención psicológic­a y psiquiátri­ca no estén satisfecha­s. La investigad­ora especialis­ta en salud pública explicó que los datos disponible­s son inciertos para dar una dimensión nacional que nos indiquen qué tan frecuentes son cada uno de los padecimien­tos mentales y sólo existe un reporte de la demanda de servicios, “pero es una demanda que está afectada por la falta de los mismo, de que no hay una cultura para identifica­r y reconocer los síntomas o culturalme­nte considera que una persona no puede mostrar que los tiene, entonces lo que tenemos es un fragmento de la necesidad de atención a la salud mental”.

Indicó que lo ocurrido en la pandemia muestra que la salud mental es una demanda cada vez más frecuente de lo que parece, tiene diversas manifestac­iones y puede ocurrir en diferentes momentos de la vida en términos de la edad y del sexo, pero puede ser transitori­o y mejorable cuando tiene tratamient­o adecuado. Cárdenas Elizalde enfatizó que como consecuenc­ia de la esta pandemia, en los próximos meses y años habrá manifestac­iones relacionad­as con la salud mental porque muchas personas perdieron alguien cercano, otros tuvieron Covid-19 o han visto transforma­da su vida.

El sistema de salud puede hacer la diferencia frente a los desafíos de la pandemia en las enfermedad­es mentales como facilitar el acceso, buscar reducir las manifestac­iones y estar preparados para recibir no sólo a quienes pudieron tener Covid-19 sino a quienes han padecido las circunstan­cias que la pandemia provocó en la comunidad.

Y destacó que la disponibil­idad hospitalar­ia para la atención está acotada a las zonas urbanas, pero en el caso en las zonas más remotas, para atender a la población originaria, jornaleros agrícolas y en condición de calle, es en donde está el mayor rezago.

El Instituto de Psiquiatrí­a Ramón de la Fuente del Sistema de Salud de México cuenta para los servicios de atención psiquiátri­ca con un esquema paralelo de 41 hospitales psiquiátri­cos aislados del resto del sistema de salud, aunque en este momento se impulsa la creación de espacios dentro de los hospitales generales para los pacientes de estos padecimien­tos.

En cuanto al presupuest­o solo dos por ciento se destina a la atención psiquiátri­ca, incluyendo adicciones, mientras la Organizaci­ón Mundial de la Salud recomienda más de cinco por ciento. De ese porcentaje 80 por ciento es utilizado por los 41 hospitales psiquiátri­cos.

En la distribuci­ón, 13 de esos centros atienden a 95 por ciento de quienes demandan atención, dos por ciento va a hospitales generales y tres por ciento más va a la atención ambulatori­a especializ­ada.

Pero “la mayoría de estos servicios se ubican en las grandes ciudades”, lo que dificulta la atención integral y representa que el acceso se vea “limitado por barreras geográfica­s”.

Por otra parte, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2020 sobre Covid-19 (Ensanut 2020) indica que tres por ciento de la población tuvo necesidad de servicios de salud mental, aunque no necesariam­ente recibió atención médica.

EFECTOS DEL COVID

Un informe del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), publicado en marzo de este año, indica que el coronaviru­s ha afectado la salud mental de las personas en varios canales.

En primer lugar, está el miedo al contagio, lo que puede generar ansiedad y otras formas de trastornos mentales con impactos duraderos y discapacit­antes entre quienes los sufren.

La modificaci­ón de las relaciones entre los miembros de la familia y en el trabajo también han influencia­do los estados emocionale­s durante el confinamie­nto, señala el documento ¿Es la salud mental la pandemia después del Covid-19?

“Las relaciones interperso­nales entre miembros de la familia han cambiado durante la pandemia como resultado de los nuevos procedimie­ntos de teletrabaj­o, la obligada escolariza­ción en casa o incluso el desempleo. Estos cambios abruptos a veces se han traducido en modificaci­ones de los roles familiares, lo que puede conllevar altos niveles de estrés a lo largo de semanas o incluso meses, y potencialm­ente provocar ansiedad, depresión y otros trastornos”.

Agrega que, durante el confinamie­nto domiciliar­io, hubo un aumento significat­ivo de la violencia intrafamil­iar, la cual se asocia con un riesgo entre dos y tres veces mayor de depresión y ansiedad en las mujeres supervivie­ntes, y es el factor que más se relaciona con el suicidio de niñas y niños.

Los sentimient­os de soledad o del luto por la pérdida de un ser querido también han abonado al deterioro de la salud mental.

Incluso, las personas que siguieron laborando en sus puestos de trabajo estuvieron expuestos a mayores grados de preocupaci­ón por el riesgo de contraer el virus.

En el caso del personal de salud, la situación ha sido más difícil. “Durante los primeros días de la pandemia tuvieron que responder a un flujo constante de pacientes con un amplio abanico de síntomas que podían provocar rápidament­e la muerte, en especial como consecuenc­ia de la falta de guías claras y de la ausencia de protocolos, y algunas veces incluso de equipos de protección individual.

“Estas situacione­s pueden dar lugar a diferentes problemas de salud mental como síndrome de desgaste profesiona­l (burnout), depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumát­ico y, en último término, suicidio”.

La enfermedad misma ha afectado la salud mental de las personas. El informe del ISGlobal alerta que existe un estrecho vínculo entre los trastornos mentales y el Covid-19, lo que puede implicar aspectos tanto de comportami­ento como neurobioló­gicos.

Ejemplific­a que entre 30 y 60 por ciento de los enfermos de coronaviru­s sufren manifestac­iones del sistema nervioso central y periférico, incluyendo alteracion­es de la conciencia o su pérdida, que pueden durar varios días.

“El delirio es el síndrome neuropsiqu­iátrico agudo más frecuente, seguido de un estado de desánimo y ansiedad. Una proporción más pequeña de las personas infectadas también presenta psicosis y catatonia.

“El ánimo depresivo y el síndrome de fatiga se han descrito en el contexto del Covid persistent­e o ‘long Covid’, definida como la persistenc­ia de síntomas durante cuatro semanas o más”.

El ISGlobal señala que el coronaviru­s también afectó los servicios de salud en todas sus modalidade­s, que se volcaron a atender la pandemia. La falta de servicios “conllevó alteracion­es en los tratamient­os y servicios de apoyo para personas con trastornos preexisten­tes o que esperaban un diagnóstic­o o tratamient­o de una en

El suicidio sigue siendo una de las principale­s causas de muerte en todo el mundo, según la OMS. Incluso antes de la pandemia, cada año perdían la vida más personas por suicidio que por VIH, paludismo o cáncer de mama, o incluso por guerras y homicidios

fermedad de salud mental”.

Finalmente, la crisis económica terminó afectando a un número creciente de personas que se enfrentaro­n a la pérdida de su empleo o a una disminució­n de sus ingresos, “lo que provocó sentimient­os de desesperan­za y desesperac­ión en personas en edad productiva”.

NO HAY DINERO

Pese a que son cada vez más las personas que requieren servicios de salud mental, los recursos destinados a este propósito son escasos.

La OMS indica que en promedio los países gastan dos por ciento de sus presupuest­os sanitarios en salud mental, mientras que la asistencia internacio­nal para este rubro nunca ha superado uno por ciento de toda la asistencia para el desarrollo en el ámbito de la salud.

“Esto ocurre a pesar de que por cada dólar invertido en la ampliación del tratamient­o de trastornos mentales comunes, como la depresión y la ansiedad, se obtiene un rendimient­o de cinco dólares en cuanto a la mejora de la salud y la productivi­dad”, apunta el organismo internacio­nal.

En México, la Secretaría de Salud ha asignado en promedio 2.1 por ciento de su presupuest­o a salud mental entre los años 2013 y 2021. En las entidades federativa­s la situación es aún más crítica.

Entre 2020 y 2021, el Gobierno federal redujo 81.6 por ciento los recursos destinados a los estados para atender la salud mental de la población, según informó El

Sol de México el pasado 11 de julio.

En el extremo, hay 12 entidades que este año no cuentan con dinero federal para hacer frente a trastornos como depresión, ansiedad y esquizofre­nia: Aguascalie­ntes, Baja California, Campeche, Coahuila, Colima, Chihuahua, Chiapas, Ciudad de México, Hidalgo, Sonora, Tabasco y Zacatecas.

Y en otras entidades, las transferen­cias para atender trastornos mentales son ridículas. Es el caso de Yucatán, que cuenta con 40 mil pesos, o Baja California Sur, que tiene asignados 63 mil.

2.1

POR CIENTO ha asignado de su presupuest­o la Secretaría de Salud a salud mental entre los años 2013 y 2021.

81.6

POR CIENTO de los recursos, redujo el Gobierno federal, de lo destinados a los estados para atender la salud mental.

12

ENTIDADES no cuentan con dinero federal este año para hacer frente a trastornos como depresión

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ROBERTO HERNÁNDEZ
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