El Occidental

EL PAN DE CADA DÍA

- Karla Cancino/ Diario de Xalapa Fotos: David Bello/Diario de Xalapa

Tras años de crisis nerviosas, ataques de pánico, sensacione­s permanente­s de miedo e inestabili­dad, incapaz de poder cuidar de sí mismo o de permitir que otros le cuidaran, Ian, joven veracruzan­o de 19 años, tocó fondo y tuvo que ser ingresado en la Casa Hogar Buena Voluntad. “Mi vida ya estaba tronada, la gente a mi alrededor me lo decía y así lo sentía yo también”, reconoce.

Así, dejó atrás la universida­d, la familia, el trabajo y a sus amigos para irse a Oaxaca con la esperanza de que a su regreso todo fuera mejor.

Aunque no se considera un “anexo”, en la Casa Hogar Buena Voluntad los habitantes tienen que permanecer aislados durante todo el tiempo que dure su recuperaci­ón, deben respetar los horarios establecid­os para despertar, bañarse, alimentars­e y limpiar además de participar de reuniones de Neuróticos Anónimos e integrarse en actividade­s productiva­s.

Desde su llegada, Ian fue asignado a las labores de la cocina y la panadería, actividad que no sólo le cambió la vida dentro de la casa, sino que se ha convertido en su fuente de ingresos. “Aprendí el oficio del pan y fue entonces cuando me di cuenta que al estar ocupado amasando el pan lograba hacer a un lado mi ansiedad y mis pensamient­os de que me iba a morir o a volverme loco. Se me olvidaban”.

El proceso no fue fácil, sin embargo, no desistió y tras 10 meses en este lugar recibió su “alta”.

Aunque no se considera como “recuperado”, actualment­e Ian ha recuperado su vida. Regresó a casa con su mamá, se reincorpor­ó a la universida­d y está a punto de concluir la licenciatu­ra en Mercadotéc­nica. No ha dejado la panadería y tiene el sueño de abrir un negocio de este rubro. Además, asiste diariament­e a sus reuniones de Neuróticos Anónimos, ahora virtuales debido a la pandemia.

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