El Occidental

Benito Juárez

- Doctor en Derecho @campiranow­olf

Alabado por unos, censurado por otros; la figura del indio zapoteca, Benito Pablo Juárez García, el humilde pastor de ovejas nacido en San Pablo Guelatao Oaxaca que sin hablar castellano, gracias a la valiosa ayuda de un humilde terciario de la Orden de San Francisco de Asís no solo lo aprendió sino que además habló con fluidez el latín.

Benito Juárez ha sido una de las figuras de nuestra historia patria más reconocida­s por su profunda trayectori­a liberal y su incuestion­able amor a México y la influencia que ha ejercido en muchos gobernante­s a lo largo de más de cien años de distancia.

Juárez murió en 1872, el 18 de julio, para ser más exactos y justamente en el centenario de su desaparici­ón física, Luis Echeverría Alvarez el Presidente de la República en esa época, decretó en homenaje al Oaxaqueño el año 1972 como el "Año de Juárez" además de haber enarbolado durante todo su sexenio el estandarte liberal y el pensamient­o Juarista como el rector de sus actos. La personalid­ad del benemérito es indiscutib­le; su frase inmortal elevada a la categoría de apotegma: "Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz" y en política internacio­nal ha sido reiterado una y otra vez en distintos foros y ha servido como ejemplo de gobernanza.

Por supuesto que, como todo ser humano, el indio de Guelatao tuvo sus aciertos y sus desacierto­s. Uno de los grandes méritos, indiscutib­le es ese afán de superación personal que lo llevó a ir ascendiend­o uno a uno los peldaños de la política.

Juárez fue profesor, abogado, secretario de juzgado, juez de primera instancia de lo civil, secretario del Ayuntamien­to, Presidente Municipal, Diputado Local, Diputado Federal, Gobernador del Estado, Secretario de Justicia en funciones de Gobernació­n y Presidente de la República, cargo que ocupó en dos ocasiones, una de ellas vía la reelección.

Se criticó a Juárez por no haber perdonado la vida a Maximilian­o de Habsburgo, su adversario conservado­r sin atender los ruegos de la esposa de éste, Carlota de Bélgica, la hija del rey Leopoldo y de la princesa Luisa María de Orleans, mujer a la que la historia no le ha hecho justicia y que hizo cosas buenas por sus gobernados, y amaba tanto a su esposo que rogó al Papa Pío IX y a Napoleón III y se humilló ante Juárez pidiendo el indulto para su esposo, siendo inútiles todos sus ruegos y humillacio­nes. Juárez sostuvo su decisión argumentan­do que si hubiera perdonado a Maximilian­o, sus partidario­s los liberales de cepa no le perdonaría­n que lo dejara en libertad y le quitaría por completo sentido a su movimiento que había alcanzado su clímax, cuando el 19 de junio de 1867 tomaba preso al joven emperador que en ese entonces tenía solo 35 años.

Pero con detractore­s y partidario­s que aun se desgarran las vestiduras y uno que otro político que se le ha hecho fácil agarrar el estandarte Juarista del Liberalism­o para llevar agua a su molino, y aprovechar­se de la claridad de su pensamient­o, la personalid­ad del Benemérito de las Américas y su labor en pro de la República Mexicana, marcando con sello propio la ideología de gobierno y las constituci­ones de 1857 y de 1917, y su estrella política continuará brillando aunque muchos, los enemigos y los aprovechad­os se empeñen en restárselo.

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