Tes­ti­mo­nio de vi­da, me re­gre­só el cán­cer

El Sol de Acapulco - - Cultura - EL­SA ZA­MO­RA / Co­la­bo­ra­do­ra

Es el tes­ti­mo­nio de vi­da de Ara­ce­li Gó­mez, a quien ha­ce cua­tro años la diag­nos­ti­ca­ron cán­cer de ma­ma.

¿Co­mo es que te das cuen­ta que tie­nes al­go ra­ro, que tie­nes una bo­li­ta, ¿co­mo es que lle­gas a ese pun­to, pla­tí­ca­nos?

­Cuan­do me de­tec­ta­ron el cán­cer es por­que sen­tía mi seno du­ro, con­traí­do, acu­dí rá­pi­da­men­te a ha­cer­me una mas­to­gra­fía, y pues me de­tec­ta­ron que era cán­cer. In­me­dia­ta­men­te me tra­ta­ron, me hi­cie­ron una biop­sia y efec­ti­va­men­te me di­jo el doc­tor que er un tu­mor de ocho cen­tí­me­tros y que era cán­cer.

¿Tu sa­bes que quie­re de­cir que un tu­mor sea de ocho cen­tí­me­tros? ­Pues que era un tu­mor gran­de.

Y que es­ta­ba en una eta­pa avan­za­da… ­Eta­pa tres.

Y sa­be­mos que en eta­pa tres hay una ame­na­za y que cuan­do se de­tec­ta a tiem­po es más fá­cil cu­rar­lo, sin em­bar­go, aquí lo sor­pren­den­te es que tu his­to­ria de vi­da. ¿Qué pasa cuan­do te diag­nos­ti­ca­ron cán­cer, des­de el pun­to de vis­ta de tus emo­cio­nes?

­ Cuan­do a mí me di­je­ron que te­nía cán­cer, se me vie­ne a la ca­be­za la muer­te, pe­ro cuan­do te di­ce el doc­tor “mi­re, hay un tra­ta­mien­to, se le van a dar qui­mios, ra­dia­cio­nes y pues… es­tá a tiem­po de que us­ted pue­da sal­var­se”. En­ton­ces es cuan­do uno pien­sa en echar­le ga­nas, en de­cir pues voy a sa­lir ade­lan­te y pues es­to no es cau­sa de muer­te, sino una lu­cha, un lu­cha en la que di­ces, mien­tras Dios te de vi­da, tú de­bes de se­guir lu­chan­do, y te­ner bue­na ac­ti­tud, no pen­sar en que te vas a mo­rir, de­bes pen­sar en ocu­par­te y no en preo­cu­par­te. Fue ha­ce ca­si cua­tro años cuan­do me diag­nos­ti­ca­ron.

¿Ha­ce cua­tro años que te di­je­ron? ­Que me da­rían un tra­ta­mien­to. To­da­vía es­toy en pro­ce­so. Es­toy en “qui­mios”, por­que al año y me­dio to­do muy bien. A mí me die­ron “qui­mios”, ra­dia­cio­nes, me ope­ra­ron, y sa­lí muy bien, gra­cias a Dios, pe­ro real­men­te es­ta en­fer­me­dad así es. Al año y me­dio tu­ve re­cu­rren­cia, me re­gre­só el cán­cer y es­toy en qui­mio. Lle­vo trein­ta y nue­ve qui­mios y gra­cias a Dios es­toy muy bien.

Sa­be­mos que tu or­ga­nis­mo tie­ne cier­tas res­pues­tas cuan­do apli­can la qui­mio­te­ra­pia.

­Si, es muy di­fí­cil, por­que tie­nes pro­ble­mas de los es­tra­gos que te de­jan las qui­mios, que son do­lo­res de es­tó­ma­go, do­lo­res de hue­sos, vó­mi­tos, as­cos, ca­len­tu­ras; no a to­das nos da lo mis­mo, por ejem­plo a mi me ata­có en los hue­sos.

Te­ne­mos co­no­ci­mien­to de que con las qui­mio­te­ra­pias el ca­be­llo se cae, pe­ro a ti se te ve ín­te­gro, ¿en que con­sis­te?

­Por­que aho­ri­ta me cam­bia­ron el tra­ta­mien­to, yo re­ci­bía las qui­mios in­tra­ve­no­sas; ten­go tres ci­clos que ya me es­tán dan­do pastillas to­ma­das. Me di­jo el doc­tor que esas pastillas son tec­no­lo­gía avan­za­da, que és­tas van di­rec­ta­men­te al cán­cer y me di­jo que ya el ca­be­llo no se me iba a caer; eso es al­go es­tu­pen­do, es una gran emo­ción pa­ra mi, por­que tar­dé mu­cho tiem­po sin pe­lo; me sen­tí con­ten­ta cuan­do ya me em­pe­zó a sa­lir mis pes­ta­ñas, mi ce­jas...

Yo vi a Ara­ce­li cuan­do se le ca­yó el pe­lo, pe­ro se veía muy bien a pe­sar de eso, por­que es una mu­jer muy po­si­ti­va, co­mo po­cas per­so­nas y siem­pre la vi arre­gla­da, ma­qui­lla­da, con sus uñas pin­ta­das, con ro­pa muy bo­ni­ta, so­bre to­do, con ac­ti­tud. Cuan­do uno le to­ca te­ner ma­les­ta­res, pro­du­ci­das por la qui­mio, no pue­de de­cir a otras per­so­nas que to­da­vía no pa­san por eso, que la qui­mio es ho­rri­ble, que se sien­te muy feo, por­que ca­da per­so­na tie­ne una reac­ción di­fe­ren­te. En ella más que na­da es el amor a la vi­da.

­Mien­tras uno ten­ga ga­nas de vi­vir sales ade­lan­te, por­que es­to es una lu­cha y mien­tras Dios nos de vi­da, hay que se­guir lu­chan­do. Con­ti­nua­rá…

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