En la en­fer­me­dad es­tá la cu­ra y las rosas tam­bién tie­nen es­pi­nas

El Sol de San Juan del Río - - Amenigrama - SARAH MÉN­DEZ

Lu­cha por quien eres, por tu esen­cia, por el aro­ma de tu pro­pia al­ma que te ha­ce úni­ca y tu hue­lla se­rá im­preg­na­da en ca­da ac­ción que reali­ces con la mis­ma di­vi­ni­dad con la que fuis­te crea­da. En­tre­ga tu co­ra­zón en to­do mo­men­to y el mundo te sa­na­rá con su amor in­con­di­cio­nal, so­lo tie­nes que es­tar abier­ta a re­ci­bir es­ta indestructible cu­ra. Con­cien­ti­za lo que cul­ti­vas para que re­co­jas flo­res y aun­que a ve­ces la llu­via no te per­mi­ta re­gar tu co­se­cha, es­pe­ra a que sal­ga el Sol. Nin­gún do­lor o caos per­du­ra la vi­da en­te­ra, así co­mo tam­po­co per­du­ra­rá esa llu­via.

El es­tar es­tan­ca­dos es so­lo una sim­ple ilu­sión, y por muy os­cu­ra que sea tu realidad exis­ten so­lu­cio­nes, po­si­bi­li­da­des y so­bre to­do la pre­sen­cia de la Luz que siem­pre se en­cuen­tra en el jue­go para crear mi­la­gros.

Co­mo di­cen los más sa­bios: En la en­fer­me­dad es­tá la cu­ra y las rosas tam­bién tie­nen es­pi­nas. No so­mos per­fec­tos y es­ta­mos apren­dien­do dia­ria­men­te. Agra­de­ce por tu pa­re­ja, por tus hi­jos, por tu co­mu­ni­dad y por los men­sa­jes que son en­tre­ga­dos a ti a tra­vés de los de­más que fi­nal­men­te, son nues­tro ca­nal más po­de­ro­so de apren­di­za­je.

La pró­xi­ma vez que sien­tas es­ta amar­gu­ra, es­te do­lor inex­pli­ca­ble y frio en tu co­ra­zón, cie­rra tus ojos y re­cuer­da: que el mo­men­to más os­cu­ro de la no­che es an­tes del ama­ne­cer.

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