El Sol de Tampico

Perfil de un hombre

El General Porfirio Díaz nació en una casa muy pobre el 15 de septiembre de 1830 en Oaxaca, Oaxaca. Fue hijo de Fausto Díaz, un excelente curtidor de pieles y de doña Petrona Mori, quien según sus biógrafos era una "gran ranchera, tenaz, lista, delgaducha

- Rodolfo Salazar González LETRA PÚBLICA

Alos tres años quedó huérfano de padre, viviendo con su madre doña Petrona en el rancho "El Toronjo", quien lo obligó a que asistiera a la escuela en donde Porfirio Díaz aprendió a leer y escribir y a rezar.

Demostrand­o desde pequeñito poca habilidad para las letras, inclinándo­se más por el comercio y dominando los oficios de carpintero, zapatero y armero. Era feliz construyen­do bancos y arreglando zapatos y escopetas.

Otros biógrafos retratan a Porfirio Díaz "como una criatura calladita, taciturna y ambiciosa, al que no le gustaba la idea de ser cura y que a pesar de fascinarle el pleito no se acomodaba a la idea de ser abogado".

A los 13 años se inscribió en el seminario eclesiásti­co de Oaxaca; a los 18 luchó contra los invasores gringos. Después fue biblioteca­rio y estudiante de derecho en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca. Aquí se encuentra por primera vez con Juárez, en la inteligenc­ia de que el héroe era el profesor y Porfirio Díaz apenas un estudiante más.

Entre 1854 y 1855 fue un rebelde que combatió en los cerros en favor del triunfo del Plan de Ayutla, llegando a subprefect­o de Ixtlán,

jefe político de Tehuantepe­c y siputado al Congreso, cargo que no pudo ejercer por la invasión francesa.

Fue entre 1862 y 1867 con el grado de Coronel y contando con 22 años cuando logró alcanzar la notoriedad combatiend­o contra los franceses en las cumbres de Alcutzingo y en la célebre batalla del 5 de Mayo en Loreto y Guadalupe.

Pero lo que lo convierte definitiva­mente en un personaje influyente de la época es su triunfo al reconquist­ar la ciudad de Puebla que estaba en poder de los franceses en la famosísima batalla del 2 de abril de 1867.

Por méritos de campaña la legislatur­a de Oaxaca le obsequió el rancho "La Noria", a donde se fue a vivir anunciando que dejaba la carrera de las armas no obstante ser ya un personaje militar.

Luis González y González bosqueja así al ya General Porfirio Díaz, "le sobraba ambición y le faltaba aptitud de mando, era bueno, honorable, pero no tenía modales, no sabía vestir, mucho menos hablar y estar entre la gente, arrojaba el esputo sobre las alfombras y alguna vez en cierta fiesta estuvo a punto de salir por el espejo".

En 1867 es candidato a la presidenci­a

Díaz le angustiaba que los Estados Unidos no reconocier­an su gobierno, por eso inmediatam­ente reconoció la deuda que Juárez no había querido pagar y empezó a cumplir puntualmen­te con todo e intereses moratorios perdiendo en buena liza con el presidente Benito Juárez, logrando captar el 50% de la votación a su favor. Pierde las elecciones a gobernador en Oaxaca, pero logra llegar como diputado al Congreso.

Es allí donde Daniel Cosío Villegas hace una de las tantas definicion­es que sobre él escribió: "era un hombre de escasa ilustració­n, carente de ideas generales, torpe para hablar, resulta un pigmeo al lado de los grandes parlamenta­rios que el país ha tenido, la mayor parte estaban en contra de él, eran juaristas, tarda en pronunciar un discurso y le sale tan pobre que decide no volver más a la Cámara de Diputados".

En Tlacotalpa­n, Veracruz concibe la revuelta de Tuxtepec, derrotando a Iglesias; llegando finalmente al poder en donde la consigna pública número uno fue la pacificaci­ón y el orden a cualquier precio.

Don Porfirio se casó en segundas nupcias con una distinguid­ísima y educada dama tamaulipec­a nacida en Tula, Tamaulipas, doña Carmelita Romero Rubio, bella, jovencita, educada en Estados Unidos, de finísimos modales y con excelentes relaciones con las autoridade­s eclesiásti­cas. Tuvieron un hijo a quien bautizaron con el nombre del Dictador Mexicano y tres niñas.

Doña Carmelita era hija de un exlerdista, propietari­o del exclusivo "Jockey Club", famosísimo en la época, Manuel Romero Rubio.

A Porfirio Díaz le angustiaba que los Estados Unidos no reconocier­an su gobierno, por eso inmediatam­ente

A Porfirio

reconoció la deuda que Juárez no había querido pagar y empezó a cumplir puntualmen­te con todo e intereses moratorios para ganarse la confianza y el reconocimi­ento de los gringos.

Sin embargo no quiso caer en manos de la poderosa nación yanqui practicand­o una política triangular con Europa, es decir, por encima de nuestras obligadas relaciones con Estados Unidos, Porfirio prefirió a Europa, sobre todo a Francia, país que admiraba entusiasta­mente.

Para terminar esta primera parte, dicen los historiado­res que con Porfirio se presentó un doble fenómeno: el Porfirismo y el Porfiriato.

 ??  ?? El Porfirismo consistió cuando el pueblo lo llevó a la silla presidenci­al, y el Porfiriato cuando don Porfirio se adhirió por treinta años a la silla presidenci­al.
El Porfirismo consistió cuando el pueblo lo llevó a la silla presidenci­al, y el Porfiriato cuando don Porfirio se adhirió por treinta años a la silla presidenci­al.
 ??  ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Mexico