El evan­ge­lio y el rock

AN­TE LA EX­PLO­SIÓN DE CUL­TOS EVAN­GÉ­LI­COS ULTRACONSERVADORES, METANOIA BUS­CA A LOS RE­CHA­ZA­DOS

El Sol de Toluca - - Local - ISAAC RIS­CO/DPA

RÍO DE JA­NEI­RO, Bra­sil. El re­cin­to os­cu­ro tie­ne las pa­re­des pin­ta­rra­jea­das con ca­la­ve­ras y sím­bo­los de la muer­te, y Ro­gé­rio Santos, sen­ta­do en un se­mi­círcu­lo jun­to con una do­ce­na de per­so­nas más, no pa­re­ce el tí­pi­co vi­si­tan­te de­vo­to de una de las igle­sias cris­tia­nas que abun­dan es­tos días en Bra­sil.

Cuan­do un hom­bre de pe­lo lar­go em­pie­za a ras­gar con fuer­za su gui­ta­rra eléc­tri­ca fren­te a él, sin em­bar­go, Santos sa­ca una Bi­blia y la co­lo­ca en su re­ga­zo, a unos cen­tí­me­tros de los pins roc­ke­ros que cuel­gan de su cha­que­ta ne­gra de cue­ro. Él re­za, mien­tras los vi­si­tan­tes reuni­dos en un pri­mer pi­so de un edi­fi­cio des­tar­ta­la­do en la em­po­bre­ci­da zo­na nor­te de Río de Ja­nei­ro, en la fa­ve­la Ma­ré, can­tan en voz al­ta.

"En Ma­ré hay una ne­ce­si­dad es­pi­ri­tual muy gran­de", di­ce lue­go Santos, un vie­jo roc­ke­ro que ex­pli­ca por qué lle­va 24 de sus 47 años co­mo miem­bro de la igle­sia evan­gé­li­ca "Metanoia". Por­que ahí, di­ce, se unen las dos co­sas que más le in­tere­san: "La mú­si­ca y la re­li­gión".

La igle­sia "Metanoia" ("cam­bio de vi­da" o "con­ver­sión" en grie­go) pa­re­ce a pri­me­ra vis­ta un club un­der­ground de rock du­ro don­de co­rren el al­cohol y las dro­gas. Gra­fi­tis por to­dos si­tios, por­ta­das de dis­cos his­tó­ri­cos pe­ga­das en va­rias pa­re­des, en la par­te tra­se­ra unos al­ta­vo­ces po­ten­tes, una ba­te­ría roc­ke­ra y un mi­cró­fono, to­do dis­pues­to pa­ra que to­que la ban­da de turno.

Al mi­rar con de­te­ni­mien­to, no obs­tan­te, se des­cu­bre otro tras­fon­do co­mún: las cru­ces col­gan­do del te­cho, las di­ver­sas alu­sio­nes al cris­tia­nis­mo. "Je­su­cris­to es el se­ñor del 'un­der­ground'", di­ce una pin­ta­da. "Jesús ven­ció", sos­tie­ne otra, es­cri­ta den­tro de un ataúd de imi­ta­ción re­cos­ta­do en una pa­red.

EVER­TON RO­DRI­GUES, VE­CINO DE MA­RÉ Aquí hay una co­mu­nión de in­tere­ses. Abri­mos el es­pa­cio pa­ra gen­te que es re­cha­za­da en otros si­tios".

¿Una igle­sia que co­que­tea con la es­té­ti­ca "an­ti­rre­li­gio­sa" y su­pues­ta­men­te "sa­tá­ni­ca" del rock? ¿Se pue­de di­fun­dir el cris­tia­nis­mo usan­do el tí­pi­co len­gua­je irre­ve­ren­te del heavy me­tal?

"Por qué no", di­ce Enok Gal­vao de Li­ma, un hom­bre de 54 años de ges­to afa­ble y pas­tor de esa igle­sia que fun­dó él mis­mo 27 años atrás. "El rock es só­lo el es­ti­lo", ase­gu­ra.

"El ar­te y la mú­si­ca los creó dios. El diablo no creó na­da. Uno pue­de en­trar y apo­de­rar­se de esa cul­tu­ra", agre­ga. Lue­go apun­ta a una pa­red pa­ra de­mos­trar que su afi­ción es ge­nui­na: tie­ne pós­ters de Me­ta­lli­ca o de "Ra­ge against the ma­chi­ne" ("ex­ce­len­te, de un al­to ni­vel"), en­tre otras his­tó­ri­cas ban­das del heavy me­tal.

La for­ma en que Gal­vao ha con­ju­ga­do la re­li­gión y el rock, una de las sub­cul­tu­ras ur­ba­nas más exi­to­sas del si­glo XX, no es só­lo muy ori­gi­nal en su ca­so par­ti­cu­lar, sino que de­mues­tra la crea­ti­vi­dad de la

DPA

El pas­tor Enok ex­pli­ca frag­men­tos de la Bi­blia en el Com­ple­jo de las Fa­ve­las de Ma­ré, en Río de Ja­nei­ro/

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