El Universal

Ana Paula Ordorica

- Ana Paula Ordorica

Podrá haber matices en las semejanzas entre Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump, pero en algo se parecen sin duda: ambos generan amor y veneración entre sus simpatizan­tes y ambos generan desprecio y odio entre sus detractore­s. Ambos dividen. Los dos provocan una fuerte polarizaci­ón.

Andrés Manuel López Obrador, como Trump, tiene dos caras. La venerada y la temida/odiada.

En la primera cara, la venerada, Andrés Manuel es visto como un político que tiene una idea clara de país. Esto a diferencia de los últimos presidente­s que hemos tenido desde Carlos Salinas de Gortari, que fue quien se propuso insertar a México en el primer mundo.

AMLO tiene tan claro su proyecto de nación que no tiene un libro sobre el tema, ¡tiene dos! El más reciente que acaba de publicar es 2018: La salida, decadencia y renacimien­to de México. Así que AMLO no solo ha leído más que muchos ex presidente­s, también ha escrito más que esa cadena de iletrados, los AMLOvers dixit.

Para los AMLOvers, es él el candidato que va a desterrar la corrupción. Aun cuando no hay claridad en sus recursos y cómo ha pagado a lo largo de tantos años su campaña y su día a día; aun cuando su 3de3 parece una gran mentira; aun cuando sus hijos son igual de juniors de la política como los cachorros del PRI; sus inconsiste­ncias monetarias palidecen frente a los ríos de dinero que desfalcan los demás políticos.

Ahí están los Moreira y Duartes del PRI y los Padrés del PAN para demostrar que el PRI-AN son, en materia de corrupción, uno mismo.

Para los detractore­s AMLO no solo es también opaco y corrupto, además es un autoritari­o. Su partido es la mejor muestra de ello. Es él el eje sobre el cual gira todo. No hay una vida partidista que permita a otros aspirar a puestos de elección popular sin que pasen por el visto bueno del jerarca y dueño de Morena.

Los resolutivo­s dentro de ese partido de un solo hombre se resuelven de acuerdo con lo que diga su dedito… o su tómbola.

Su autoritari­smo está tan arraigado que por más que diga que ha cambiado y que se ha reformado, esta semana repitió su célebre ¡cállate! Hace casi doce años se lo espetó a Vicente Fox: ¡Cállate chachalaca! Esta semana hizo lo mismo con el padre de uno de los 43 estudiante­s desapareci­dos de Ayotzinapa, Antonio Tizapa, a quién le gritó “¡cállate… eres un provocador!”, en el marco de su gira por Nueva York.

¿AMLO reformado? Para nada, contestará­n sus detractore­s. Es el mismo que prendía fuego a los pozos petroleros en Tabasco en los años 90.

Los AMLOvers, por su parte, declaran que el tabasqueño jamás dijo cállate. Que todo es producto de una tergiversa­ción de los medios de comunicaci­ón ensañados con AMLO y que lo que él dijo a Tizapa fue “que te vaya bien”.

Se puede entender a quienes se ubican de un lado o del otro de estas dos caras de AMLO. Pero quienes de plano representa­n lo peor de la clase política y de la sociedad son aquellos a quienes AMLO les genera miedo y desprecio, pero por puro oportunism­o político se unen a sus filas para ver qué hueso sacan. Se acerca 2018 y como tantos ven que AMLO es el inevitable próximo presidente, las filas de esta calaña crecen con creces. APOSTILLA: hablando de oportunism­o político, en la bancada del PRD en el Senado ya son solo tres de los 19 integrante­s los que no han declarado su amor por AMLO: Angélica de la Peña; Isidro Pedraza y Dolores Padierna. Incluso el que quieren que quede como nuevo coordinado­r, Raúl Morón, ha sido siempre más cercano a AMLO que al PRD.

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