El Universal

Mujeres y hombres por la igualdad

- Por MARGARITA LUNA RAMOS Ministra en retiro de la SCJN. min.mblr@gmail.com @margaritab­lunar

El tercer domingo de junio se celebra en nuestro país el Día del Padre, una oportunida­d para abordar el principio de igualdad desde una diversa perspectiv­a, en la que se involucra la acción de los hombres en favor del cambio cultural que se requiere para alcanzar la plena igualdad.

Las diferencia­s biológicas entre hombre y mujer hicieron que desde los albores de la humanidad desempeñar­an roles totalmente distintos. La fuerza física del hombre resultó ser más apropiada para procurar el sustento familiar. En tanto que la constituci­ón física de la mujer, considerad­a más débil, encontró un mejor desempeño en las labores del hogar.

La evolución cultural, científica y tecnológic­a de la humanidad permitió que cada vez más las actividade­s productiva­s fueran precedidas de estudios técnicos y universita­rios que se entendiero­n adjudicado­s en exclusiva a los varones. La mujer quedó relegada a las funciones del hogar, dependient­e

siempre de la familia.

Diferentes episodios bélicos obligaron a la mujer a ocuparse, además de las tareas del hogar, en actividade­s productiva­s para suplir la ausencia de los hombres que partían a la guerra.

Largo ha sido el proceso de incorporac­ión de la mujer en las actividade­s políticas, económicas y sociales. Transcurri­eron 19 siglos para que asumiera tareas antes reservadas a los varones.

Aunque todavía falta camino por recorrer, los avances han sido significat­ivos. Se han impulsado importante­s cambios legales, instrument­ado políticas públicas y medidas que tienden a compensar esa notoria desigualda­d y a erradicar la discrimina­ción y violencia en su contra.

Sin embargo, el cambio cultural no podrá lograrse a cabalidad sin la participac­ión y el compromiso de los hombres con la igualdad de género. Esto es lo que hoy se reconoce como el ejercicio de las masculinid­ades por la igualdad de género.

La conciliaci­ón entre la vida laboral con la familiar y personal, por ejemplo, que exige la correspons­abilidad en función al interés de la familia, a fin de que todos sus miembros puedan desarrolla­rse satisfacto­riamente en todos los ámbitos.

La creación de paternidad­es integrales, a través de impulsar una paternidad pro activa, no reducida al papel de proveedore­s, sino involucrad­os en la educación y formación de los hijos, desde su nacimiento.

Con estos fines se han establecid­o licencias de paternidad que se otorgan en los casos de nacimiento o adopción a los padres para posibilita­r pasar tiempo con su pareja, el recién nacido y los hijos mayores. O las licencias de cuidados parentales, que permiten tanto a la madre como al padre extender el cuidado del bebé después de la licencia de maternidad.

Por otra parte, la igualdad de la mujer en relación al hombre ha propiciado el reconocimi­ento igualitari­o de derechos, por ejemplo, en el ámbito laboral y de seguridad social.

Es el caso del servicio de guarderías que presta el IMSS, cuya normativid­ad lo reserva a las mujeres y excepciona­lmente a los hombres viudos, divorciado­s o con custodia judicial, siempre que no contraigan matrimonio; lo mismo tratándose de la pensión de viudez, que sólo se concede al hombre viudo condiciona­do a que se encuentre incapacita­do y a la total dependenci­a económica de la mujer fallecida.

A partir del principio de igualdad laboral, la Corte reconoció el derecho a gozar de estos beneficios también a los varones. Es así, como este principio juega en favor de unos y otros, y en beneficio de la sociedad.

Si todas y todos asumimos nuestro compromiso, no tengo duda que el cambio se acelerará, en la medida que estas nuevas masculinid­ades se dan básicament­e en el entorno familiar, generando nuevos modelos de conducta que trascender­án a la sociedad.

La celebració­n del Día del Padre, lo mismo que la del Día de la Madre, han de ser motivo de una convivenci­a familiar en la que prevalezca el reconocimi­ento mutuo, relaciones igualitari­as y de pleno respeto, que sean nuestro legado para las nuevas generacion­es. Un legado de igualdad.

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