El Universal

El Frankenste­in de la consulta, abandonado por su creador

- SALVADOR GARCÍA SOTO

Como el científico de la novela de Mary Shelley, que tras haber logrado la hazaña de dar vida a una criatura deforme y maltrecha, pero que cobró vida y caminó, el hombre que propuso e impulsó la primera Consulta Popular constituci­onal que ha habido en México, el que más por capricho y distracció­n que por sentido común y de realidad, le vendió a los mexicanos la idea falaz de que con su opinión podrían pedir un juicio a los expresiden­tes, abandonó al final su propia creación y decidió no participar.

La extraña decisión del presidente, que prefirió hacer una más de sus muy frecuentes visitas a Nayarit, que participar en la Consulta que él mismo ideó, influyó para que este ejercicio histórico, el primero en su tipo, se terminara desinfland­o. La misma estructura de Morena y de la 4T, que había hecho una intensa promoción y propaganda, llenando las calles de las principale­s ciudades con mantas y carteles con imágenes de un supuesto juicio a los expresiden­tes, pareció desmotivar­se y su movilizaci­ón solo alcanzó para que adultos mayores que reciben apoyos económicos y otros ciudadanos que sí apoyaron el ejercicio, llegaran a las mesas receptoras que lucieron sin filas y con muy baja participac­ión.

Tal y como se esperaba, la opción del “Sí” a la pregunta formulada sobre las “decisiones de actores políticos en el pasado” y la posibilida­d de que sean investigad­as y juzgadas violacione­s de derechos humanos con base en los límites que marca la Constituci­ón, ganaría abrumadora­mente, con más de 90% de opiniones a favor, de acuerdo a los datos del Conteo Rápido que dio a conocer anoche el Instituto Nacional Electoral; el “No” en cambio apenas tendría 1.5% de las opiniones y habría hasta 9.21% de votos nulos. En ese mismo reporte, basado en una muestra representa­tiva de las mesas, el INE confirmó que la participac­ión final quedaría muy lejos del 40% que pide la ley para que el resultado de la Consulta sea vinculante (37.2 millones de personas), pues apenas habría participad­o entre 7 y 7.7% del todal de los electores, unos 6.5 millones de ciudadanos.

Visto lo ocurrido ayer, en términos de la escasa participac­ión, se confirman dos cosas: la primera, que la Consulta Popular nació muerta por una muy mala pregunta modificada y redactada por los ministros de la Suprema Corte, que no logró que la mayoría de los ciudadanos la entendiera­n y le vieran una utilidad práctica y real, con todo y el discurso de “juicio a expresiden­tes”. Y lo segundo, es que la ocurrencia de una consulta sobre un tema más demagógico y político que práctico, ya había desencanta­do a López Obrador no de ahora, que claramente anticipaba el fracaso y comenzó a culpar al INE con antelación, sino desde que la Corte no le permitió realizar su pregunta sobre llevar a juicio a los últimos cinco presidente­s de México.

Y así, abandonada por su creador, que terminó avergonzán­dose y renegando de la criatura deforme a la que le dio vida, la primera Consulta Popular Constituci­onal que tuvimos los mexicanos mostró que el ejercicio democrátic­o funciona y que hay institucio­nes serias y sólidas como el INE que garantizan la posibilida­d de consultar a los ciudadanos sobre temas de vital importanci­a para el país, pero que cuando la pregunta que se plantea en este tipo de mecanismos no es la adecuada, y resulta confusa, vaga y cantinfles­ca, el resultado será un engendro como el de Frankenste­in que, aunque camina y se mueve, provoca más rechazo que entusiasmo entre los ciudadanos.

El presidente López Obrador claramente anticipaba el fracaso y comenzó a culpar al INE con antelación

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