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Em­ma Sto­ne le cuen­ta sus se­cre­tos a Jen­ni­fer Law­ren­ce.

ELLE (México) - - Contenido - FO­TOS BEN HASSETT ESTILISMO SAMIRA NASR

PA­RA EM­MA STO­NE, LA AMIS­TAD ES “PRÁC­TI­CA­MEN­TE TO­DO”. ES POR ESO QUE LA ES­TRE­LLA Y PRO­DUC­TO­RA EJE­CU­TI­VA DE MA­NIAC DE NET­FLIX –Y ROS­TRO DE LA NUE­VA FRA­GAN­CIA DE LOUIS VUIT­TON– PI­DIÓ SER ENTREVISTADA POR SU GRAN AMI­GA JEN­NI­FER LAW­REN­CE (QUIEN LA LLA­MA POR SU VER­DA­DE­RO NOM­BRE, EMILY). AM­BAS SE REUNIERON EN NUE­VA YORK PA­RA DIS­CU­TIR EL NUE­VO PRO­YEC­TO DE EM­MA, VI­VIR BA­JO LA MI­RA­DA PÚBLICA Y CUM­PLIR ‘THE BIG 30’.

JEN­NI­FER LAW­REN­CE: BIEN, VA­MOS A EM­PE­ZAR, EMILY, TÚ ERES LA ME­JOR. ¿AL­GÚN CO­MEN­TA­RIO? EM­MA STO­NE: AY, DIOS. NO, SIN CO­MEN­TA­RIOS. JL: SI­GUIEN­TE: ERES MUY BO­NI­TA. ¿CUÁL ES TU SE­CRE­TO? ES: [RI­SAS] ¿CUÁL ES LA FRA­SE DE LA PE­LÍ­CU­LA BRIDESMAIDS QUE SIEM­PRE DI­CES? JL: QUE “HUE­LES A PINO FRES­CO Y LU­CES CO­MO CENICIENTA”, ¿AL­GÚN CO­MEN­TA­RIO? ES: JEN­NI­FER ME DI­CE ESO TO­DO EL TIEM­PO. JL: ¡ENTREVISTAR ME PO­NE MUY NER­VIO­SA! ASÍ QUE SO­LO VOY A CO­MEN­ZAR CON MI LIS­TA. EMILY, TÚ Y YO JA­MÁS HE­MOS HA­BLA­DO DE AC­TUA­CIÓN POR­QUE NO SO­MOS CRETINAS [EM­MA RÍE], PE­RO YA ES TIEM­PO QUE LO HAGAMOS. ES: ES­TÁ BIEN.

JL: CUAN­DO ACTÚAS, ¿USAS TU IMA­GI­NA­CIÓN? ¿RE­CUER­DAS HE­RI­DAS DEL PA­SA­DO? ES: ES UNA MUY BUE­NA PRE­GUN­TA. JL: YA LO SÉ; SOY UNA GRAN ENTREVISTADORA. (AM­BAS RÍEN) ES: SUE­LO USAR MU­CHAS COSAS QUE ME HAN PA­SA­DO EN LA VI­DA, TO­MO EMO­CIO­NES QUE SUR­GIE­RON DE CIER­TAS EX­PE­RIEN­CIAS. TO­DAS ME SIR­VEN, SON PRO­DUC­TI­VAS [RÍE], ÉSA ES LA RA­ZÓN POR LA QUE EM­PE­CÉ A AC­TUAR. Y SU­PON­GO QUE, EN CIER­TA ME­DI­DA, USO MI IMA­GI­NA­CIÓN. JL: ¿EN­TON­CES, PUE­DES LLO­RAR CON SO­LO IMA­GI­NAR AL­GO HO­RRI­BLE? ¿ERES ASÍ DE SEN­SI­BLE? ES: ¡JEN! JL: TE CO­NOZ­CO, PE­RO TEN­GO QUE PRE­GUN­TAR­LO PA­RA LAS PER­SO­NAS QUE NO TE CO­NO­CEN. ¿ERES SEN­SI­BLE? ES: SOY SEN­SI­BLE A UN NI­VEL QUE RE­SUL­TA PRO­BLE­MÁ­TI­CO.

JL: Se po­ne ro­ja so­lo de ver a al­guien en la te­le. ES: [Ri­sas] Ha­blan­do con mi te­ra­peu­ta al res­pec­to, me di­jo: “Qué bueno que en­con­tras­te la ac­tua­ción”. JL: Un es­ca­pe. ES: Em­pe­cé ac­tuan­do en tea­tro ju­ve­nil cuan­do te­nía 11 años. Es ra­ro cuan­do se con­vier­te en tu tra­ba­jo. Por cosas co­mo es­tar sen­ta­da con una gra­ba­do­ra en­tre tú y yo. Eso no lo pien­sas cuan­do eres ni­ña, es co­mo “és­te es un gran lu­gar pa­ra ex­pre­sar mis sen­ti­mien­tos de for­ma se­gu­ra”. JL: To­mas emo­cio­nes, co­mo la an­sie­dad o el do­lor, y los trans­for­mas en al­go. To­mas to­dos tus, ¿có­mo les lla­mas?... ES: ¿De­mo­nios? JL: Tus de­mo­nios, y los usas pa­ra al­go bueno. ES: Ho­nes­ta­men­te, cum­plir 30 –voy a cum­plir­los en un par de me­ses–. Co­noz­co gen­te que di­ce “la ex­pe­rien­cia de cum­plir 30”. JL: ¡Trein­ta años, her­mo­sa y pros­pe­ran­do! ES: [Ri­sas] Los 20 fue­ron real­men­te in­tere­san­tes pa­ra mí, me han pa­sa­do mu­chas cosas en es­tos 10 años; unas po­si­ti­vas y otras, no tan­to. Es ex­tra­ño có­mo cum­plir 30 cris­ta­li­za tu vi­da. En lu­gar de vi­vir los sue­ños que tu­ve en mi ju­ven­tud, ha­cer el tra­ba­jo que amo y ha­cer ami­gos, es co­mo “aho­ra, ¿qué es lo que real­men­te quie­ro co­mo adul­ta?”. JL: Cla­ro, ¿qué es lo que es­pe­ras del mun­do? ES: Ha si­do una co­sa in­tere­san­te en la cual re­fle­xio­nar. Amo dar­le vuel­tas a las cosas. JL: ¿Ha sur­gi­do al­gún fru­to de eso? ES: Hay fru­tos oca­sio­na­les. JL: ¿Te im­por­ta­ría con­tar­nos? ES: Fru­tos oca­sio­na­les y mu­chas no­ches sin dor­mir. JL: Sí, cla­ro. Yo re­ci­bo esas lla­ma­das. [Em­ma ríe] Me sien­to tan mal cuan­do ten­go que lla­mar­la con ma­las no­ti­cias. Es co­mo “To­do es­tá bien”. [Ha­ce voz si­nies­tra]. Pe­ro no lo es­tá. ES: Ay, Dios. JL: ¿Qué crees que cau­se tu an­sie­dad?, ¿crees que na­cis­te así, crees que al­go te pa­só que te hi­zo ex­tre­ma­da­men­te sen­si­ble o crees que eres na­tu­ral­men­te pa­té­ti­ca? [Ri­sas] ES: Creo que es una com­bi­na­ción de to­do eso. JL: ¿Re­cuer­das al­gún mo­men­to en el que te ha­yas sen­ti­do más an­sio­sa que en otras oca­sio­nes? ES: Sí, cuan­do te­nía sie­te años. Fue cuan­do em­pe­cé a te­ner ata­ques de pá­ni­co, de los que he ha­bla­do mu­cho. Creo que tu ca­blea­do in­te­rior es par­te de quien eres. Mi ma­má di­ce que na­cí con los ner­vios a flor de piel. Pe­ro soy afor­tu­na­da de te­ner an­sie­dad, por­que me ha­ce muy ener­gé­ti­ca. JL: En reali­dad, eres muy aven­tu­re­ra y re­la­ja­da. Sé que te sor­pren­de es­cu­char eso, pe­ro te co­noz­co por ser re­la­ja­da… has­ta que ex­plo­tas. [Em­ma ríe] Pe­ro cuan­do no es­tás re­la­ja­da, no es­tás re­la­ja­da. ES: Creo que una gran par­te de eso es por­que real­men­te amo es­tar vi­va. No he gra­ba­do na­da en seis me­ses, lo que ha si­do in­creí­ble por­que he te­ni­do tiem­po pa­ra es­tar con mis ami­gos y via­jar. JL: No­to que men­cio­nas mu­cho la amis­tad. ES: ¡Ja! JL: ¿Es la amis­tad al­go im­por­tan­te pa­ra ti? ES: No. JL: ¿Quién es tu me­jor ami­ga? [Em­ma ríe] ES: Me cae muy bien Pip­pi [el pe­rro de J. Law­ren­ce]. JL: ¡Tie­ne una gran per­so­na­li­dad! ES: Amo a la ma­má de Pip­pi. JL: En­ton­ces, ¿por qué son im­por­tan­tes los ami­gos?, ES: La amis­tad lo es to­do. Otra co­sa que he des­cu­bier­to de cum­plir 30, tú es­co­ges a tu fa­mi­lia. Te das cuen­ta de que tus amis­ta­des son las per­so­nas con las que pa­sa­rás las pró­xi­mas fa­ses de tu vi­da. JL: ¿Qué es im­por­tan­te pa­ra ti en una amis­tad? ES: La leal­tad es im­por­tan­tí­si­ma. JL: Ah, me en­can­ta que me es­tés se­ña­lan­do a mí. ES: Tú has si­do, por años, una de mis ami­gas más lea­les. Me gus­ta sa­ber que po­de­mos reír­nos jun­tas y que no to­do tie­ne que ser tan com­pli­ca­do. JL: ¿Có­mo ves los erro­res pro­fe­sio­na­les? ES: De­fi­ni­ti­va­men­te hay cosas por las que me au­to­cas­ti­go. ¡Ja! Sor­pri­se, sor­pri­se, ése es el te­ma de la en­tre­vis­ta. JL: ¿Odias que ten­ga­mos que apren­der lec­cio­nes pú­bli­ca­men­te? ES: Mu­cha gen­te de­be apren­der lec­cio­nes pú­bli­ca­men­te, por la for­ma en que fun­cio­na el mun­do hoy en día. JL: ¿Te re­fie­res a las re­des so­cia­les? ES: Sí. JL: Ha­blan­do de eso, tú no tie­nes gran pre­sen­cia en re­des so­cia­les, ¿por qué? ES: Wow, bue­na for­ma de co­men­zar. JL: Lo sé, ya es­toy do­mi­nan­do es­to. ES: Creo que no se­ría po­si­ti­vo pa­ra mí. Si la gen­te pue­de so­por­tar esas subidas y ba­ja­das en las re­des, bien por ellos. JL: ¿Qué ti­po de cosas de­jas que se te res­ba­len? ES: Lo que uso y có­mo me veo. Ha­ce un par de años tu­ve un con­flic­to por­que sen­tía que mi ima­gen es­ta­ba sien­do criticada, des­pués me di cuen­ta de que lo que di­ga la gen­te, siem­pre es al­go que yo ya te­nía en cuen­ta. No si­go

pen­san­do eso. Pe­ro, en otro mo­men­to de mi vi­da, si me sen­tía mal acer­ca de al­go, me mo­les­ta­ba es­cu­char a gen­te ha­blan­do al res­pec­to. Al fi­nal, a na­die le im­por­ta más que a mí. [Ri­sas] JL: De­sa­for­tu­na­da­men­te, a la gen­te sí le im­por­ta. ES: Bueno, co­mo por 30 se­gun­dos. JL: So­bre ti, no de mí. [Am­bas ríen] JL: ¿Qué pe­lí­cu­la te cam­bió la vi­da?, ¿te im­por­ta­ría en­trar en eso? Ob­via­men­te, la me­jor pe­lí­cu­la de la his­to­ria es Jurassic Park. To­dos sa­be­mos eso. ES: Pe­ro yo no es­tu­ve en ésa, Jen. No soy Lau­ra Dern, por mu­cho que qui­sie­ra. JL: Es­tu­vis­te in­creí­ble con los tri­ce­ra­tops. Te ves tan bien con shorts kha­ki. ES: ¡No soy yo! Qui­sie­ra, pe­ro no es así. [Se ríen] JL: ¿Qué per­so­na­je que ha­yas he­cho ha te­ni­do el ma­yor im­pac­to en tu per­so­na­li­dad? ES: Me en­can­tó ha­cer Pa­per Man, ha­ce 10 años. Fue un mo­men­to in­ten­so en mi vi­da. Aca­ba­ba de cum­plir 20. To­das las piz­zas en­ca­ja­ron per­fec­ta­men­te y fue un mo­men­to que me im­pac­tó mu­cho. JL: Que cons­te, di­jo “piz­zas’, no “pie­zas’. ES: [Ri­sas] To­das las piz­zas en­ca­ja­ron per­fec­ta­men­te. JL: ¿Al­gu­na vez pen­sas­te que ga­na­rías un Os­car? Al­go que ya lo­gras­te. ES: No. JL: Un día es­tá­ba­mos pla­ti­can­do y yo ha­bla­ba apa­sio­na­da­men­te so­bre al­go y de re­pen­te di­je: “Emily, es­tás no­mi­na­da pa­ra dos Os­car” y ella di­jo, “Jen, ga­né”. Y yo “¿¡Ga­nas­te!?”. [Jun­tas ex­cla­man] ¡Felicidades! ES: Fue una de las pri­me­ras en bus­car­me cuan­do pa­só, pe­ro lo blo­queó. Te­nías que blo­quear­lo. [Am­bas ríen] JL: ¿Cuál es la me­jor y la peor par­te de tu t-r-a-b-a-j-o? ¿Qué pers­pec­ti­va tie­nes de él? Yo pien­so en mis pa­dres, y que cre­cí en una fa­mi­lia de cla­se tra­ba­ja­do­ra. Por eso odio tra­ba­jar con gen­te que no sa­le de sus trái­le­res o lle­ga tar­de. ¡Es un tra­ba­jo! ES: A mí tam­bién me sa­ca de qui­cio. La fal­ta de pro­fe­sio­na­lis­mo me vuel­ve lo­ca. JL: ¿Qué otras cosas te vuel­ven lo­ca? ES: [Ri­sas] No me gus­ta que las per­so­nas pien­sen que son “es­pe­cia­les”. No tie­nen na­da de qué que­jar­se. El he­cho de que al­guien pien­se que la fa­ma es im­por­tan­te o te ha­ce di­fe­ren­te... JL: Lo que es­tás di­cien­do, es que tú lo ves de­trás de la cor­ti­na, has vis­to al Ma­go de Oz. ES: Exac­to. Mi tra­ba­jo es di­ver­ti­do y ma­ra­vi­llo­so, y pue­de ser du­ro, pe­ro tam­bién ¿qué tan di­fí­cil pue­de ser? JL: Oja­lá pu­dié­ra­mos in­cluir tus ade­ma­nes con los bra­zos. ES: Hay tra­ba­jos muy di­fí­ci­les en el mun­do y to­dos ama­bles con­mi­go y me traen ca­fé. Es co­mo, cál­men­se, ¿es en se­rio?

“AQUÍ HAY OTRA CO­SA QUE HE DES­CU­BIER­TO DE CUM­PLIR 30, TÚ ES­CO­GES A TU FA­MI­LIA”

JL: “¡Te tra­je ca­fé! Eres una es­tre­lla de ci­ne, ¿qué más pue­do ha­cer por ti?”. [Em­ma ríe] Te­nía que ha­cer­te un ca­fé. ES: Me ale­gro que lo ha­yas no­ta­do. Soy muy im­por­tan­te. JL: ¿Al­gu­na vez has pa­sa­do por una épo­ca en tu vi­da en la que sien­tes que has per­di­do el con­trol de ti mis­ma? ES: Dios mío, pa­sé por eso ano­che. [Jen­ni­fer ríe.] Cuan­do era ado­les­cen­te, es­ta­ba en un muy buen mo­men­to. Des­pués, a me­dia­dos de mis 20, per­dí el hi­lo. Mu­chas cosas cam­bia­ron y sen­tí co­mo que esa ca­pa pro­tec­to­ra –la más­ca­ra que ha­ces de ti mis­ma– se des­tru­yó to­tal­men­te. JL: ¿Por qué se des­tru­yó?, ¿in­se­gu­ri­dad? ES: La es­truc­tu­ra de mi vi­da cam­bió tan­to, que no sa­bía có­mo re­la­cio­nar­me con es­ta nue­va ver­sión de mí. Mis pa­dres se di­vor­cia­ron y pa­sé por to­do eso cuan­do mi carrera ape­nas es­ta­ba des­pe­gan­do. Se me jun­tó to­do. JL: Es mu­cho me­jor ha­blar de tu vi­da de for­ma rea­lis­ta, en lu­gar de te­ner fal­sas reali­da­des. Es co­mo, si me veo fla­ca con es­te ves­ti­do, pro­ba­ble­men­te es por­que es­tu­ve cui­dan­do mi ali­men­ta­ción. No me co­mí una piz­za en­te­ra y pu­de en­trar en una ta­lla 2. [Em­ma ríe] Me pa­re­ce irri­tan­te que las per­so­nas tra­ten de ha­cer que su vi­da pa­rez­ca per­fec­ta. Re­cuer­do cuan­do co­men­zas­te a ha­blar de la an­sie­dad y leías cosas al res­pec­to, de­cías al­go co­mo “Yo tam­bién”. Y en­ton­ces, no me sen­tía co­mo una es­tú­pi­da por men­cio­nar el te­ma. Eres rea­lis­ta. ES: Tú lo ha­ces. JL: Tú lo ha­ces. ES: ¡Que tú lo ha­ces! Va­mos a de­cir “Tú lo ha­ces” has­ta que se aca­be el tiem­po y ésa se­rá to­da la en­tre­vis­ta. [Am­bas ríen] JL: ¡Es­pe­ra! Te­ne­mos que ha­blar so­bre Ma­niac. ES: Lo que me gus­ta de Ma­niac es que se tra­ta de per­so­nas que están bus­can­do so­lu­cio­nar sus con­flic­tos in­ter­nos con una pas­ti­lla. Pe­ro, a lo lar­go de la se­rie, ves esa co­ne­xión hu­ma­na y que el amor es real­men­te lo úni­co que nos lle­va por la vi­da. Me en­can­tó la idea y amo a Jo­nah Hill. Ya ha­bía tra­ba­ja­do con él en mi pri­mer pe­lí­cu­la, Su­per­bad, ha­ce 11 años. JL: En­ton­ces, ¿cuán­do lo co­no­cis­te era la gran co­sa? ES: Yo te­nía 17. JL: ¿Y tú no eras na­die? ES: [Ríe y cam­bia la voz] Yo era na­die. Era muy pron­to pa­ra él tam­bién. Ob­via­men­te, mu­chas cosas han pa­sa­do en es­tos años, en­ton­ces fue muy lin­do es­tar cer­ca otra vez. JL: Cam­bian­do de te­ma: Tie­nes bue­na voz, pe­ro odias can­tar. ES: ¡No odio can­tar, me en­can­ta! JL: El otro día di­jis­te, “pe­ro es un mu­si­cal”. Te vi en Ca­ba­ret (en Broad­way) y di­jis­te, “lo hi­ce te­rri­ble”. Yo sien­to que no. ES: La no­che que Jen fue a ver­me a Ca­ba­ret, se me sa­lie­ron los dos len­tes de con­tac­to. JL: Es­tá cie­ga co­mo un mur­cié­la­go. ES: Fue muy ra­ro. Ja­más me ha­bía pa­sa­do en la vi­da. JL: No me di cuen­ta. Es­tu­ve bo­quia­bier­ta to­do el tiem­po; no po­día creer lo que es­ta­ba vien­do. ES: Eres la me­jor, “ma­má”. JL: Quie­ro un ál­bum tu­yo de can­cio­nes de cu­na. ES: Ha­ré un dis­co pa­ra ti. ¡Mú­si­ca country de los 90! JL: ¡Dios mío! ¿Me ha­rás un dis­co country de los 90? [Em­pie­za a can­tar “Who I Am”] . ¡Quie­ro ésa! ES: Es tu fa­vo­ri­ta.

JL: Eso ha­re­mos. En­ton­ces, sí te gus­ta can­tar. ¿Te gus­ta bai­lar? ES: Me en­can­ta bai­lar. JL: So­mos tan di­fe­ren­tes. ¿Por qué te gus­ta bai­lar? ES: Por­que es lo más di­ver­ti­do del mun­do. JL: ¿Apren­des rá­pi­do nue­vos pa­sos? ES: El ar­te que más me gus­ta ver es la dan­za. JL: ¡Puf! ES: ¿Qué? Fuis­te bai­la­ri­na en la pe­lí­cu­la Red Spa­rrow. JL: Ni me di­gas. ES: Cuén­ta­me más. JL: Es te­rri­ble­men­te mi­se­ra­ble. No pue­do apren­der co­reo­gra­fías. No ha­cen clic en mi ca­be­za. Las “piz­zas” no en­ca­jan pa­ra na­da. ES: Las piz­zas no fun­cio­nan. JL: Veo a al­guien ha­cer un mo­vi­mien­to y es co­mo “¿pe­ro có­mo hi­cis­te que tu bra­zo lle­ga­ra ahí? Veo a mi co­reó­gra­fo y di­go “¡Tu ca­be­za aca­ba de dar una vuel­ta en­te­ra!”. Yo no lo pue­do ha­cer. ES: Aca­bas de exor­ci­zar­lo. JL: ¿Cuál es la pe­lí­cu­la que ves cuan­do es­tás so­la y tris­te? ES: Lo que sea de Nancy Me­yers. JL: ¡Pe­ro cla­ro! ¿Qué tal Baby Boom? [Am­bas di­cen] ¡Baby Boom! JL: Yo pon­go El dia­rio de Brid­get Jo­nes. Brid­get Jo­nes me en­tien­de. ES: Yo em­pe­cé 30 Rock, y ha si­do muy bue­na has­ta aho­ra. JL: Eso es bueno, to­dos ne­ce­si­ta­mos un po­co de Ti­na Fey. ¿Qui­sie­ras vol­ver al set de nue­vo? ¿O es­tás en paz con no es­tar tra­ba­jan­do en es­te mo­men­to? ES: Es­toy en paz. Yo creo que ha si­do un tiem­po muy bueno pa­ra te­ner un po­co de pers­pec­ti­va, por­que las cosas de tra­ba­jo se es­ta­ban po­nien­do muy pe­sa­das en los úl­ti­mos años. Ho­nes­ta­men­te, mu­chos de mis sue­ños aho­ra son más per­so­na­les que pro­fe­sio­na­les. JL: ¿No quie­res la paz mun­dial? ES: No, ¡sí quie­ro la paz mun­dial! JL: Bueno, es que so­nó co­mo si no qui­sie­ras la paz mun­dial. ES: Se tra­ta de pen­sar me­nos en los pró­xi­mos 10 años y lo que de­be­ría pa­sar y só­lo re­la­jar­me y pen­sar en lo que tie­ne que ser, no tra­tar de con­tro­lar el re­sul­ta­do. JL: Eres muy bue­na en eso, te lo di­go. ES: Me es­toy vol­vien­do cada vez me­jor. JL: ¿Se­rías ma­dre? Ella se­ría la me­jor ma­má; es muy ca­ri­ño­sa. ES: ¡Así eres! Yo creo que tu ins­tin­to ma­ter­nal siem­pre ha si­do muy fuer­te. JL: Gra­cias, que­ri­da. ES: Mi pun­to de vis­ta so­bre los ni­ños ha cam­bia­do con­for­me he cre­ci­do. De ado­les­cen­te, pen­sa­ba, “nun­ca me voy a ca­sar”, “nun­ca voy a te­ner hi­jos”. Y des­pués fui cre­cien­do y fue co­mo “sí quie­ro ca­sar­me”, “sí quie­ro te­ner hi­jos”. JL: Cuan­do era ado­les­cen­te, con cada no­vio de­cía “¡Creo que és­te es el in­di­ca­do!”. ¿No se­ría fan­tás­ti­co te­ner un be­bé? ES: Ay, un pue­blo en­te­ro. JL: Cien­cia. ES: Es eso de cum­plir 30, es cuan­do pien­sas “Soy jo­ven pe­ro no tan jo­ven”. JL: Pue­do de­cir­te que eres fér­til con so­lo ver­te. ES: ¡Je­sús! JL: Pue­do ver­lo en tu ca­ra. ES: Gra­cias. Es lo más dul­ce que me has di­cho. JL: Es­ta­ría hon­ra­da de ser el pa­dre de tus hi­jos.

Ves­ti­do, Ale­xan­der McQueen. Co­llar, Car­tier. ani­llos, Beers.

Sa­co y ves­ti­do, Louis Vuit­ton.

PE­LO MA­RA ROSZAK @STARWORKS ARTISTS; MA­QUI­LLA­JE RACHEL GOOD­WIN @ STREETERS MANICURE NAO­MI YASUDA @ MAO PRO­DUC­CIÓN JTR PRO­DUC­TION

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