MI­RAN­DO FI­JA­MEN­TE EL ABIS­MO

LA PRES­TI­GIA­DA AC­TRIZ PA­LO­MA WOOL­RICH, EN­FREN­TA EN EL TEA­TRO SU MA­YOR RE­TO AC­TO­RAL A LA FE­CHA, IN­TER­PRE­TAR A UNA MU­JER CON LA QUE NO TIE­NE NA­DA EN CO­MÚN Y QUE ADE­MÁS, ES­TÁ AL BOR­DE DE LA MUER­TE.

Esquire (México) - - Cul­tu­ra - Por: Pe­dro Mon­ta­ño

CCuan­do se le co­no­ce a Pa­lo­ma Wool­rich, re­sul­ta fá­cil, rá­pi­do y ob­vio, aso­ciar­la a su pro­fe­sión: ac­triz. Con una des­ta­ca­da tra­yec­to­ria en ci­ne, te­le­vi­sión y en el tea­tro con más de 40 pues­tas en es­ce­na, fue re­co­no­ci­da ha­ce po­co con el Pre­mio de Me­jor Ac­triz otor­ga­do por la Aso­cia­ción de Crí­ti­cos y Pe­rio­dis­tas Tea­tra­les en 2015 y con el Pre­mio Bra­vo de la Aso­cia­ción Ban­quells a Me­jor Ac­triz en 2016, por su in­ter­pre­ta­ción en la obra WIT: Des­per­tar a la vi­da.

Bas­tan unos se­gun­dos tras mi­rar­la, es­cu­char­la y de­jar­se ob­ser­var por ella, pa­ra cons­ta­tar que só­lo al­guien con su ta­len­to y ex­pe­rien­cia, po­dría en­car­nar a la per­fec­ción a Vi­vian Bea­ring, una Doc­to­ra en Le­tras, cu­ya vi­da da un cam­bio drás­ti­co al ser diag­nos­ti­ca­da con cán­cer, lle­ván­do­la a re­va­lo­rar y re­des­cu­brir su vi­da al en­fren­tar­se a la in­mi­nen­te muer­te.

La obra, es­cri­ta por la dra­ma­tur­ga es­ta­dou­ni­den­se Mar­ga­ret Ed­son, fue acree­do­ra al Pre­mio Pu­lit­zer en 1999, y su adap­ta­ción y di­rec­ción en Mé­xi­co es de Die­go del Río. La pri­me­ra ac­triz nos con­tó en en­tre­vis­ta acer­ca de es­ta pro­fun­da, con­mo­ve­do­ra e im­pac­tan­te his­to­ria.

ES­QUI­RE: ¿Có­mo fue que se in­vo­lu­cró en es­ta obra?

PA­LO­MA WOOL­RICH: Tu­ve la for­tu­na de que me lla­ma­ra Die­go (del Río) y pu­de ini­ciar la aven­tu­ra. Por di­ver­sos mo­ti­vos, las ac­tri­ces que te­nían pen­sa­das pa­ra es­te pa­pel no po­dían y pues me to­co a mí. Fue un re­ga­lo.

ESQ: Ob­via­men­te acep­tó sin pen­sar…

PW: No, acep­té pen­san­do que era el re­to de mi vi­da y que era lo más ma­ra­vi­llo­so que me po­dían dar.

ESQ: ¿Qué tie­nen en co­mún su per­so­na­je y us­ted?

PW: Na­da. (ríe)

ESQ: ¿Có­mo lo­gró acer­car­se en­ton­ces a es­te pa­pel?

PW: Con mu­cho en­tu­sias­mo, con to­da mi fuer­za y amor por el tea­tro, mi vo­lun­tad por lo­grar­lo y mu­cho tra­ba­jo. Y cla­ro, con un di­rec­tor co­mo Die­go que es ma­ra­vi­llo­so. Él es un al­ma vie­ja, muy sa­bio, y me guió li­te­ral­men­te ha­cia en­con­trar es­te ca­rác­ter tan ale­ja­do de mi per­so­na­li­dad; y pues qué te pue­do de­cir, mu­cho tra­ba­jo y mu­cho en­ten­di­mien­to, es­cu­char al di­rec­tor, que ha si­do tan pa­cien­te y tan pre­ci­so, eso ayu­da mu­cho. Die­go es muy cla­ro, muy ge­ne­ro­so, muy ca­ri­ño­so, y to­do eso me sir­vió pa­ra ir cons­tru­yen­do po­co a po­co a es­te per­so­na­je y pen­sar que no de­bía gas­tar mi ener­gía en la­men­tar­me y es­tar ate­rra­da to­do el tiem­po. Me de­di­qué muy amo­ro­sa­men­te a dar­le for­ma al ca­rác­ter.

ESQ: Pa­ra us­ted, ¿siem­pre fue cla­ro su per­so­na­je?

PW: Tu­ve que bus­car en mi al­ma­cén de vi­ven­cias y emo­cio­nes y sen­sa­cio­nes, en don­de uno se me­te a ex­plo­rar en su in­te­rior pa­ra uti­li­zar lo que te sir­ve y apor­tár­se­lo al per­so­na­je. En es­te ca­so en­con­trar mi so­ber­bia, mi arro­gan­cia y mi du­re­za, y a to­do de­bes bus­car­le una jus­ti­fi­ca­ción.

ESQ: ¿Cuán­to tiem­po ha tra­ba­jo en Vi­vian Bea­ring, su per­so­na­je? PW: Tu­vi­mos co­mo nue­ve se­ma­nas cuan­do mu­cho de en­sa­yos, fue muy rá­pi­do. Yo le di­je a Die­go que yo es­ta­ba dis­pues­ta a tra­ba­jar las 24 ho­ras del día y eso hi­ce. Fue muy bueno el re­sul­ta­do. Y aho­ra he­mos te­ni­do po­cos en­sa­yos, fue muy di­fí­cil en­trar nue­va­men­te en es­tas in­ten­cio­nes, pe­ro a la vez hay co­sas que uno en­tien­de me­jor que an­tes, aho­ra que pa­sa­ron dos años es­pe­ro no in­vo­lu­cio­nar, voy ha­cia de­lan­te, es­toy te­nien­do ex­pe­rien­cias de vi­da, es­toy en­ten­dien­do me­jor el tex­to, me es­toy en­ri­que­cien­do; y pues tam­bién la pro­pues­ta de Die­go de más re­la­ja­ción, me­nos tea­tral en el buen sen­ti­do, te ayu­da a bus­car­le más ver­dad al pro­pio per­so­na­je den­tro de su ca- rác­ter tan se­co y tan du­ro.

ESQ: ¿Qué fue lo pri­me­ro que le hi­zo en­ten­der me­jor a Vi­vian?

PW: Pro­ba­ble­men­te su sar­cas­mo, su iro­nía, su ne­ce­si­dad. Des­cu­brí que era frá­gil y que se es­con­de en el co­no­ci­mien­to y en la se­que­dad, en el re­cha­zo, pa­ra que no la las­ti­men, y creo que to­dos los se­res hu­ma­nos ha­ce­mos lo mis­mo, ac­tua­mos de cier­ta for­ma pa­ra evi­tar con­tac­to y que no nos afec­ten.

ESQ: ¿Cree us­ted que es­te per­so­na­je y es­ta his­to­ria, se­rá me­jor en­ten­di­da por una mu­jer o por un hom­bre? PW: No, yo creo que se va al as­pec­to uni­ver­sal de la muer­te, y sin

que im­por­te el gé­ne­ro de la per­so­na, yo creo que va más a la men­ta­li­dad y qué tan abier­to es­tá a re­ci­bir las pa­la­bras de es­tos poe­mas tan ma­ra­vi­llo­sos que nos ha­cen re­fle­xio­nar so­bre la muer­te, la en­fer­me­dad, la vi­da. De­pen­de más de es­to que del gé­ne­ro, por­que to­dos va­mos a mo­rir.

ESQ: Us­ted tie­ne una gran tra­yec­to­ria, ¿es­te es su ma­yor re­to has­ta aho­ra?

PW: Sí, sí es mi ma­yor re­to por la di­fi­cul­tad del pro­pio per­so­na­je, por la com­ple­ji­dad del tex­to, por­que es un pro­ta­gó­ni­co y lle­va to­do el pe­so, y por­que creo que lle­gó en el mo­men­to jus­to, en el que yo, en mi ma­du­rez co­ti­dia­na, sen­tía que po­día ha­cer­me car­go de un pa­pel así.

ESQ: ¿Cuál ha si­do el me­jor ha­la­go que le han he­cho de su ac­tua­ción en WIT?

PW: El de mis hi­jos, por­que me co­no­cen per­fec­to, co­no­cen ca­da ges­to y mi­ra­das mías, y me han vis­to en to­das las obras. Que me di­gan “esa no eras tú” es el me­jor ha­la­go que me pue­den ha­cer.

ESQ: Si us­ted pu­die­ra, ¿qué le di­ría a su per­so­na­je, Vi­vian Bea­ring?

PW: Na­die pue­de co­rre­gir su vi­da e ir pa­ra atrás en el tiem­po, pe­ro le di­ría que equi­li­bra­ra sus prio­ri­da­des, que lo que nos ha­ce se­res hu­ma­nos com­ple­tos es la unión de lo ra­cio­nal y lo emo­cio­nal.

ESQ: ¿Qué sig­ni­fi­ca pa­ra us­ted el tea­tro?

PW: El tea­tro es una jo­ya, es ma­ra­vi­llo­so por­que te en­cuen­tras a ti, pa­ra mí sig­ni­fi­ca la po­si­bi­li­dad de es­tar en la ple­ni­tud del aquí y el aho­ra y es lo que bus­co to­do el tiem­po, es­tar ahí to­do el tiem­po sin otras co­sas en la men­te. Me sien­to muy ple­na y muy se­gu­ra en el tea­tro. Pa­ra mí es má­gi­co, es lo má­xi­mo ha­cer tea­tro.

ESQ: ¿Có­mo le gus­ta­ría ser re­cor­da­da en es­ta obra?

PW: Yo en­tre­go el al­ma por­que no sé ha­cer­lo de otra ma­ne­ra, y no es­pe­ro nin­gún otro re­co­no­ci­mien­to más que sa­ber que de­jé una im­pre­sión y que la gen­te sa­lió sa­tis­fe­cha. Soy muy fe­liz ha­cien­do lo que ha­go.

WIT: Des­per­tar a la vi­da se pre­sen­ta­rá del 26 de abril al 12 de ju­lio, con fun­cio­nes los miér­co­les a las 20:30 ho­ras en el Tea­tro He­lé­ni­co del Cen­tro Cul­tu­ral He­lé­ni­co.

Fo­tos: Pau­li­na Watty

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