CON SED DE JUS­TI­CIA ( MU­SI­CAL)

La ban­da an­ge­li­na Chi­cano Bat­man, se pre­sen­ta­rá por pri­me­ra vez en la CDMX pa­ra de­mos­trar por qué es­tá cau­san­do re­vue­lo en los es­ce­na­rios in­ter­na­cio­na­les.

Esquire (México) - - Chec­klist - Por: Pe­dro Mon­ta­ño

ESQ: ¿Có­mo sur­gió la idea de su ele­gan­te ima­gen, don­de to­dos usan tu­xe­dos?

Con una ri­ca mez­cla mu­si­cal que in­clu­ye funk, la­tin soul, rock psi­co­dé­li­co y tro­pi­ca­lia, Chi­cano Bat­man es la su­ma de me­xi­ca­nos y la­ti­nos na­ci­dos en el país ve­cino del nor­te y con una gran nos­tal­gia por sus raí­ces y la mú­si­ca que es­cu­cha­ban sus pa­dres.

Des­pués de pre­sen­tar­se en pres­ti­gio­sos fes­ti­va­les, co­mo Coa­che­lla y Bo­na­roo y abrir a mú­si­cos co­mo Jack Whi­te, Ala­ba­ma Sha­kes o The Clay­pool Len­non De­li­rium, Chi­cano Bat­man se pre­sen­ta en el Lu­na­rio del Au­di­to­rio Na­cio­nal de la CDMX, el pró­xi­mo 21 de ju­nio.

Es Eduardo Are­nas, ba­jo y voz de Chi­cano Bat­man, quien nos ha­bla en en­tre­vis­ta de su gus­to por esa mú­si­ca de los 70.

ES­QUI­RE: ¿Có­mo lle­ga­ron al nom­bre tan pe­cu­liar que tie­nen?

Eduardo Are­nas: Chi­cano Bat­man es el nom­bre que se pu­so el vo­ca­lis­ta cuan­do ini­ció el pro­yec­to. Era un di­bu­jo de un Bat­man con una más­ca­ra y bi­go­te, una ca­mi­sa y unos shorts has­ta las ro­di­llas, re­pre­sen­tan­do a un la­tino tí­pi­co de Los Án­ge­les. El nom­bre de la ban­da fue evo­lu­cio­nan­do al mez­clar dos sím­bo­los: el Bat­man icó­ni­co que to­dos co­no­ce­mos y el águi­la de la UFW, que es la unión de los gran­je­ros y cam­pe­si­nos en Ca­li­for­nia y el su­r­oes­te de los Es­ta­dos Uni­dos. Es ade­más una re­fle­xión del hé­roe que bus­ca la so­cie­dad, la per­so­na que te co­ci­na, que te cui­da, que co­se­cha las ver­du­ras y fru­tas… Esa gen­te in­vi­si­ble que es el mo­tor de la so­cie­dad.

ESQ: ¿Có­mo de­fi­ni­rías el so­ni­do de su ter­cer ál­bum, Free­dom is Free?

EA: En es­te ál­bum tu­vi­mos la idea de man­te­ner la es­té­ti­ca un po­co más co­nec­ta­da en ca­da can­ción, que­ría­mos que so­na­ran de ma­ne­ra si­mi­lar. Fue un pro­ce­so de com­po­si­ción y se­lec­ción pa­ra lo­grar que los te­mas es­tu­vie­ran más cer­ca unos de otros. A va­rios nos gus­ta el soul, y esa ha si­do la on­da, ir de­trás de Los Án­ge­les Ne­gros, Los Bu­kis y otras ba­la­das y so­ni­dos a los que es­ta­mos acos­tum­bra­dos los me­xi­ca­nos. La idea fue jun­tar­nos con un pro­duc­tor de Nue­va York, Leon Mi­chaels, que ha pro­du­ci­do a El Mi­chels Af­fair y Pre­ten­ders, en­tre otros, pa­ra en­con­trar el tono que ha­bía­mos bus­ca­do du­ran­te mu­cho tiem­po, pues su es­tu­dio tra­ba­ja con un soul que fue ar­ma­do ha­ce más de 20 años, y son ex­per­tos en ese gé­ne­ro. EA: Al ini­cio ves­tía­mos nor­mal, con pla­ye­ra y pan­ta­lo­nes de mez­cli­lla. Des­pués pen­sa­mos en ha­cer­le un ho­me­na­je a los can­tan­tes y ban­das que ha­bían for­ja­do el ca­mino pa­ra no­so­tros, co­mo Los Freddys y Bron­co, así que com­pra­mos pan­ta­lo­nes de po­liés­ter y un tu­xe­do y mon­ta­mos el show. Pa­só de ser un ho­me­na­je a las ban­das que es­cu­cha­mos des­de pe­que­ños a con­ver­tir­se en nues­tra ima­gen.

ESQ: ¿De dón­de sa­le es­ta nos­tal­gia por esa mú­si­ca que ins­pi­ra a Chi­cano Bat­man?

EA: Hoy en día vi­vi­mos una ge­ne­ra­ción muy dis­tin­ta a la de nues­tros pa­dres. La cul­tu­ra se es­tá per­dien­do, y creo que no hay na­da co­mo co­no­cer tus raí­ces. En es­te mun­do di­gi­tal a uno ya no le im­por­ta su iden­ti­dad, ya no les in­tere­sa sa­ber de dón­de vie­nen, quie­nes son, de dón­de vie­ne el rit­mo con el que se iden­ti­fi­can… Y pa­ra no­so­tros no hay na­da que nos acer­que más a nues­tras fa­mi­lias que es­tas no­tas.

ESQ: ¿Tie­nes des­cen­den­cia me­xi­ca­na?

EA: Sí cla­ro, mi fa­mi­lia es de Michoacán, pe­ro ten­go mu­chos años sin ir a Mé­xi­co.

ESQ: ¿Su dis­co es­tá he­cho pa­ra es­cu­char­se de la can­ción 1 a la 12, pa­ra es­cu­char un éxi­to, o pa­ra oír­se de for­ma alea­to­ria?

EA: Ja­más le da­mos más aten­ción a la com­po­si­ción de una can­ción que a las de­más, no­so­tros crea­mos to­da nues­tra mú­si­ca en vi­nil, en­ton­ces de la 1 a la 12 se cuen­ta una his­to­ria com­ple­ta. Exis­te una ar­mo­nía, hay un clí­max en el me­dio y una con­clu­sión al fi­nal. Ca­da can­ción tie­ne su lu­gar en es­te dis­co.

ESQ: ¿Có­mo es ser un mú­si­co la­tino en es­tos tiem­pos de Trump?

EA: Aho­ra so­mos los cri­mi­na­les, los que quie­bran la ley, los que de­ben ser de­por­ta­dos… y aún cuan­do des­per­tó esa con­cien­cia oculta de los Es­ta­dos Uni­dos, se­gui­mos ha­cien­do gi­ras en to­dos los es­ta­dos y no he­mos sen­ti­do ni un re­sen­ti­mien­to. Aho­ra los la­ti­nos es­ta­mos más uni­dos y la gen­te se iden­ti­fi­ca con no­so­tros.

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