¿El pro­duc­to de es­te ve­rano? El blo­quea­dor so­lar.

Tal vez no co­no­cías to­do el uni­ver­so de los fo­to­pro­tec­to­res, pe­ro nun­ca es tar­de para co­men­zar a usar­los co­rrec­ta­men­te. Y aun­que to­mar el sol sea ten­ta­dor en es­ta tem­po­ra­da, no abu­ses de él. La ex­po­si­ción pro­lon­ga­da pue­de cau­sar da­ños irre­pa­ra­bles en tu d

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Cán­cer de piel

Los dos ti­pos más comunes ac­tual­men­te son:

Que­ra­to­sis*. Es el pri­mer pa­so en el desa­rro­llo del cán­cer cu­tá­neo. Co­mien­za co­mo una le­sión du­ra y ás­pe­ra que apa­re­ce en las zo­nas más ex­pues­tas, ya sean la ca­ra, las ma­nos, los hom­bros y has­ta en el cue­ro ca­be­llu­do. Afec­ta prin­ci­pal­men­te a per­so­nas blan­cas, pe­ro la in­ci­den­cia es ma­yor en hom­bres de­bi­do a su po­ca o nu­la pro­tec­ción fa­cial. Me­la­no­ma. Se ori­gi­na en las cé­lu­las que le dan pig­men­to a la piel. Es me­nos co­mún, pe­ro más gra­ve, ya que pue­de ex­ten­der­se pro­fun­da­men­te ha­cia otros ór­ga­nos del cuer­po. Co­mien­za con pe­que­ñas man­chas de co­lor ro­sa­do, ca­fé e in­clu­so blan­co, y es cu­ra­ble en sus eta­pas ini­cia­les.

En es­tos ca­sos, lo me­jor es acu­dir con un es­pe­cia­lis­ta para que te reali­ce un diag­nós­ti­co de piel al año.

Los otros ti­pos de afecciones sue­len ser me­nos gra­ves y se pue­den pre­ve­nir. To­ma no­ta de có­mo pue­des ha­cer­lo. (Por su­pues­to, el uso de pro­tec­tor es­tá im­plí­ci­to.)

Ac­né

Los efec­tos del sol pro­vo­can que tu tez ace­le­re la pro­duc­ción de se­bo y la ha­ga más pro­pen­sa a los gra­ni­tos. Una so­lu­ción es man­te­ner el ros­tro hu­mec­ta­do para que la des­hi­dra­ta­ción no ge­ne­re una nue­va res­pues­ta en las glán­du­las se­bá­ceas.

Man­chas

Su­ce­den a cau­sa de una so­bre­es­ti­mu­la­ción de me­la­ni­na que se ac­ti­va con los ra­yos so­la­res. Su efec­to di­rec­to en el cu­tis se re­pre­sen­ta en for­ma de len­ti­gos, que son man­chas pe­que­ñas, o me­las­ma, man­chas gran­des, tam­bién co­no­ci­das co­mo pa­ño.

Un der­ma­tó­lo­go y tra­ta­mien­tos des­pig­men­tan­tes con vi­ta­mi­na C, co­mo City Skin Mois­tu­ri­zer De­tox, de Dr. Mu­rad, son una su­per­op­ción.

Re­se­que­dad y pér­di­da de luz

La ra­dia­ción eli­mi­na la hi­dra­ta­ción na­tu­ral del ros­tro, ha­cién­do­lo lu­cir ti­ran­te y sin lu­mi­no­si­dad. Bus­ca pro­duc­tos que le de­vuel­van el ni­vel de hu­me­dad que re­quie­re, co­mo Hy­dra-Es­sen­tiel, de Cla­rins.

Lí­neas y arru­gas

La luz ul­tra­vio­le­ta de­gra­da las fi­bras de co­lá­geno, las cua­les se en­car­gan de dar­le elas­ti­ci­dad y ju­ven­tud a la ca­ra. Una bue­na ru­ti­na de cui­da­do, acor­de con tu edad, se­rá su­fi­cien­te para dis­mi­nuir la apa­ri­ción de arru­gas y fla­ci­dez.

EL SOL, EL BRI­LLO DE LAS COMPU­TADO­RAS Y CE­LU­LA­RES PUE­DEN DE­TE­RIO­RAR TU PIEL. ES­TE ÚL­TI­MO ES UN TI­PO DE LUZ QUE NO EMI­TE RA­DIA­CIÓN UV, PE­RO SÍ CON­TRI­BU­YE AL EN­VE­JE­CI­MIEN­TO PREMA TU­RO. ASÍ QUE NO IM­POR­TA SI ES­TÁS EN LA OFI­CI­NA O EN TU CA­SA, UN FOTOPROTEC TOR ES IN­DIS­PEN­SA­BLE.

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