Ana de la Re­gue­ra

Ana de la Re­gue­ra Ta­len­to y evolución

Glamour (México) - - Contenido - POR EL­SA LÓ­PEZ EDI­CIÓN DE MO­DA AN­DREA MÉN­DEZ

La ac­triz me­xi­ca­na ha evo­lu­cio­na­do por com­ple­to. A cua­tro años de ha­ber­la vis­to en la por­ta­da de Gla­mour, ha­bla­mos de lo que ha cam­bia­do.

aAl­gu­nas de las pa­la­bras que de­fi­nen a Ana de la Re­gue­ra son energía, be­lle­za y pro­fe­sio­na­lis­mo. La ac­triz me­xi­ca­na ha sa­bi­do ha­cer­se de un lu­gar en la in­dus­tria del ci­ne y la TV, y no úni­ca­men­te en Mé­xi­co: gra­cias a su es­fuer­zo y de­di­ca­ción, es­te año pue­de pre­su­mir dos pa­pe­les muy im­por­tan­tes, am­bos en Es­ta­dos Uni­dos. El pri­me­ro es en la se­rie Po­wer, un show del ca­nal Starz, con 50 Cent y Oma­ri Hard­wick, que re­tra­ta la vi­da del due­ño de un club noc­turno en Nue­va York (y que, pe­que­ño de­ta­lle, es­tá en una de las re­des más gran­des de dro­gas ile­ga­les en la ciu­dad), don­de Ana in­ter­pre­ta a una tra­fi­can­te lla­ma­da Ali­cia Ji­mé­nez. Por otro la­do, tam­bién es­ta­rá en el show Go­liath, con Billy Bob Thorn­ton, del ser­vi­cio de strea­ming Ama­zon Pri­me Video, en el que su pa­pel es el de una as­pi­ran­te a la al­cal­día de Los Án­ge­les. (¿Al­guien di­jo mun­dos opues­tos? Sin du­da, un enor­me de­sa­fío te­ner per­so­na­jes tan di­fe­ren­tes, aun­que ella afir­ma que fue un re­to bas­tan­te en­ri­que­ce­dor.)

Ya en un mun­do sin guio­nes, su vi­da bri­lla por com­ple­to. Su fun­da­ción Ve­ra­cru­zA­NA si­gue apo­yan­do a la co­mu­ni­dad de ese es­ta­do con pro­yec­tos exi­to­sos; bas­ta sim­ple­men­te con leer sus res­pues­tas y ver las fo­tos de es­tas pá­gi­nas para sa­ber que to­do lo que ha apren­di­do, ex­pe­ri­men­ta­do y dis­fru­ta­do la ha con­ver­ti­do en una mu­jer be­lla, in­te­li­gen­te y que se sien­te có­mo­da en su pro­pia piel. ¿Nues­tras sim­ples con­clu­sio­nes? És­ta de­be ser su fór­mu­la para el éxi­to. Em­pe­za­mos la en­tre­vis­ta re­cor­dan­do que ha­ce cua­tro años fue la úl­ti­ma vez que la vi­mos en una por­ta­da de Gla­mour. ¿Qué tan­to ha cam­bia­do en su vi­da? Ro­dea­da de un am­bien­te her­mo­so en el Ho­tel Mu­kan Re­sort en la re­ser­va de Sian Ka’an, Ana de la Re­gue­ra nos di­ce, aquí, el se­cre­to de su po­der. La úl­ti­ma por­ta­da que hi­ci­mos fue ha­ce apro­xi­ma­da­men­te cua­tro años. ¿Crees que las co­sas han cam­bia­do mu­cho en tu vi­da? ¡Tan­to! De he­cho, han si­do los años en que más he cam­bia­do y me he trans­for­ma­do, en cues­tión de es­tar más in­mer­sa en lo que quie­ro, sa­ber quién soy real­men­te, de creer que pue­do ha­cer las co­sas a mi ma­ne­ra. Co­mo que an­tes… no sé, me mo­vía pen­san­do que era por­que la gen­te “me ha­cía un fa­vor” o por me­ra suer­te. O una opor­tu­ni­dad irre­pe­ti­ble. ¡Pe­ro no! Aho­ra sé que hay co­sas in­creí­bles de las que soy ca­paz y que me­rez­co sen­tir fe­li­ci­dad por sen­tir­me así. Por­que he tra­ba­ja­do to­da mi vi­da para lo­grar­lo. Ten­go más con­fian­za en mi ca­pa­ci­dad co­mo ac­triz, pro­duc­to­ra, es­cri­to­ra, con mi fun­da­ción... Me gus­ta pen­sar que es esa ma­du­rez que só­lo pue­des ob­te­ner con los años. Me sien­to fuer­te, ma­du­ra... Una gran mu­jer, con to­do lo que im­pli­ca es­ta her­mo­sa pa­la­bra.

Ama­mos que te es­cu­chas lle­na de bue­na energía. ¿Ha si­do di­fí­cil es­te camino?

A ve­ces, pe­ro mi camino se ha jun­ta­do con una se­rie de mo­vi­mien­tos muy ins­pi­ra­do­res, que han ser­vi­do co­mo im­pul­so­res para que las mu­je­res va­lo­re­mos nues­tro ta­len­to y al­can­ces. Pien­so, por ejem­plo, en Time’s Up y ca­da gru­po que es­tá ahí para apo­yar­nos. He re­fle­xio­na­do mu­cho en có­mo la ma­yo­ría de las ve­ces las mu­je­res so­mos edu­ca­das “para agra­dar”, un pen­sa­mien­to ma­chis­ta que nos ha he­cho bas­tan­te da­ño. El re­sul­ta­do es que he abier­to los ojos y me sien­to lis­ta para tra­ba­jar, se­gu­ra de mis ca­pa­ci­da­des, igua­les a las de cual­quie­ra, in­clu­so con más ga­nas de ar­mar pro­yec­tos in­creí­bles, ya sea fren­te o de­trás de cá­ma­ras. Sin ex­cu­sas ni ex­pli­ca­cio­nes que so­bren; só­lo ha­cer­lo y ya. Si voy a una jun­ta, no tra­to de jus­ti­fi­car mi in­te­li­gen­cia o por qué se van a ha­cer las co­sas, y por su­pues­to que ex­pre­so mis ideas. Co­mo mu­jer, a ve­ces tie­nes que pro­bar más co­sas que si fue­ras hom­bre, la ver­dad. Ha si­do muy im­por­tan­te para mí que es­tas co­sas se ha­blen y se ex­pon­gan.

Al ha­blar de es­tos mo­vi­mien­tos, me gus­ta que siem­pre lo ha­ce­mos en equi­po, en­tre to­das las mu­je­res, sin dis­tin­cio­nes. Pe­ro tú, co­mo

Ana de la Re­gue­ra, ¿qué ba­rre­ras has ro­to? Sien­to que en mi ca­rre­ra he te­ni­do que ini­ciar una eta­pa tras otra, y eso siem­pre es un de­sa­fío. Ha si­do una cons­tan­te en mi vi­da. Pri­me­ro ir­me de Ve­ra­cruz, don­de la gen­te no cree cuan­do les di­ces que vas por tu sue­ño. Siem­pre te pre­gun­tan qué ha­ces allá, y es co­mo es­cu­char un lis­ta­do de tus

mie­dos, pues te lan­zas a lo des­co­no­ci­do. Pos­te­rior­men­te lle­gué a Te­le­vi­sa, pe­ro hu­bo un mo­men­to en que ne­ce­si­té más ries­gos, sa­lir de mi zo­na de confort, para así po­der ar­mar mis pla­nes. Te­nía que des­ha­cer­me de la comodidad y en­ton­ces no de­di­car­me de lleno a la te­le­vi­sión; bus­qué ci­ne y tea­tro, nue­vos tra­ba­jos para cre­cer y per­fec­cio­nar mi téc­ni­ca. ¿Y des­pués? Sa­lir del país tam­bién es un em­pe­zar de nue­vo. No só­lo en lo la­bo­ral, ¡igual pa­sa con mi fun­da­ción! Es­tar ge­ne­ran­do nue­vas ideas y re­cur­sos es pri­mor­dial para que se man­ten­ga vi­gen­te. O em­pe­zar con pro­yec­tos per­so­na­les más de­ta­lla­dos, co­mo es­cri­bir mi pro­pia se­rie o ser pro­duc­to­ra de mis co­sas. To­do es pre­pa­rar­te, co­no­cer un nue­vo mun­do, ex­pe­ri­men­tar. De ver­dad, nun­ca de­jas de re­no­var­te. Pe­ro lo me­jor de es­te pro­ce­so es que, al fi­nal, la gen­te con­fía en mí. Sa­ben que soy una mu­jer de­di­ca­da y pue­den te­ner la se­gu­ri­dad de que ha­ré bien las co­sas. Es­ta di­ná­mi­ca ha si­do vi­tal en mi ca­rre­ra. No quie­ro ser la ac­triz del mo­men­to. De­bes en­fren­tar­te a los al­ti­ba­jos y na­ve­gar con se­gu­ri­dad en es­ta pro­fe­sión. Que me si­gan ofre­cien­do pa­pe­les in­creí­bles (des­pués de 22 años), ha­blar con­ti­go, una nue­va por­ta­da en Gla­mour… Só­lo me que­da agra­de­cer. ¡Y lo has he­cho muy bien! Aho­ra me gus­ta­ría que nos pla­ti­ca­ras un po­co de tu par­ti­ci­pa­ción en el show Go­liath. ¿Cuál es la tra­ma prin­ci­pal?

¡Cla­ro! Mi per­so­na­je se lla­ma Ma­ri­sol Sil­va y es la pri­me­ra can­di­da­ta la­ti­na pos­tu­la­da para ser al­cal­de­sa de Los Án­ge­les. Para pre­pa­rar­me, tu­ve que ha­cer una in­ves­ti­ga­ción pro­fun­da so­bre Es­ta­dos Uni­dos y en­sa­yar va­rias ve­ces a la se­ma­na para co­no­cer y ha­blar co­mo una mu­jer ver­da­de­ra­men­te in­mer­sa en la po­lí­ti­ca, y en­ten­der los con­cep­tos que se uti­li­zan (que de ver­dad es di­fí­cil lo­grar­lo). Es de­cir, lo en­tien­do por­que en Mé­xi­co es un te­ma fuer­te, pe­ro hay pers­pec­ti­vas di­fe­ren­tes. Y eso es lo asom­bro­so de es­ta ca­rre­ra, que pue­des apren­der nue­vas co­sas por un pa­pel, y es in­tere­san­te con un te­ma tan pre­sen­te, in­clu­yen­do la pro­ble­má­ti­ca tan fuer­te que vi­vi­mos en la ac­tua­li­dad. Y ha si­do en­ri­que­ce­dor en­te­rar­me más de es­ta ciu­dad, en la que vi­vo aho­ra. Es un per­so­na­je lla­ma­ti­vo, lleno de po­der y va­len­tía. Ade­más, ha si­do ma­ra­vi­llo­so con­tar con un gran­dio­so equi­po de tra­ba­jo.

¿Te iden­ti­fi­cas­te con es­te per­so­na­je?

Fue un desa­rro­llo in­ten­so, aun­que, de he­cho, creo que ésa es la vi­da de los po­lí­ti­cos en ge­ne­ral. To­dos se en­fren­tan a un sis­te­ma don­de tie­nen que to­mar de­ci­sio­nes que la ma­yo­ría de las ve­ces no quie­ren ele­gir y así ob­te­ner un pues­to con el que creen que van a cam­biar un es­ta­do o al país. ¿Te ima­gi­nas? A tra­vés de la se­rie, mi per­so­na­je tie­ne que ir “do­blan­do las ma­nos” para al­can­zar su ob­je­ti­vo. Ma­ri­sol es am­bi­cio­sa. Tam­bién ve­rán que a ve­ces la vi­da te po­ne en si­tua­cio­nes muy com­pli­ca­das, que no que­rrás vi­vir por na­da del mun­do, pe­ro que de cier­ta ma­ne­ra son ne­ce­sa­rias para cre­cer. Des­pués de pre­pa­rar­me tan­to en la teo­ría, ¡yo no sé có­mo pue­den dor­mir mu­chos po­lí­ti­cos! Tan­tos sa­cri­fi­cios, en­fren­ta­mien­tos, di­ne­ro o si­tua­cio­nes de co­rrup­ción… Wow. Ma­ri­sol sa­be que cuan­do es­té en un pues­to de po­der po­drá ayu­dar a su co­mu­ni­dad, pe­ro va­ya que al­can­zar ese ob­je­ti­vo no ha si­do sen­ci­llo. La gen­te se va trans­for­man­do du­ran­te las cam­pa­ñas, el desa­rro­llo que tie­ne es bas­tan­te cla­ro.

Y aho­ra ha­ble­mos de tu otra se­rie. Tie­nes un per­so­na­je que cu­rio­sa­men­te es el po­lo opues­to... ¡Así es! En una se­rie que se lla­ma Po­wer in­ter­pre­to a una je­fa de nar­cos… ¡don­de a ve­ces creo que ellos son más ho­nes­tos! (ri­sas). Me re­fie­ro a sus tradiciones, có­di­gos y re­glas. Ca­si de “yo te ayu­do, pe­ro, si me trai­cio­nas, te ma­to”. Su ma­ne­ra de ha­blar, tan di­rec­ta, es in­ten­sa, pe­ro lo cum­plen. Es co­mo si ya con la ad­ver­ten­cia sa­bes, no hay nin­gún men­sa­je se­cre­to o su­til. Era un con­tras­te bas­tan­te pe­cu­liar, don­de era inevi­ta­ble pen­sar en quién era peor o me­jor. Y, bueno, co­mo ac­triz, me cos­ta­ba tra­ba­jo ir de un pa­pel a otro, y que los dos tu­vie­ran di­fe­ren­cias bien mar­ca­das, so­bre to­do por­que es­tu­ve más in­mer­sa en Go­liath. Fue un tra­ba­jo de adap­ta­ción. Es ex­tra­ño de­cir­lo, pe­ro, a pe­sar de que los vea­mos co­mo con­tra­rios, en mu­chas co­sas son si­mi­la­res. No pue­des de­cir que al­go es blan­co o ne­gro. In­clu­so afir­mar que cuan­do co­no­ces a fon­do la his­to­ria de un po­lí­ti­co o la de un nar­co­tra­fi­can­te u otra per­so­na te da una nue­va pers­pec­ti­va del mun­do y la po­si­bi­li­dad de com­pren­der. Na­die to­ma a la li­ge­ra de­ci­sio­nes cru­cia­les de vi­da. Hay ga­nas de acep­ta­ción, ren­cor, ven­gan­za, de­seo de ayu­dar… Es de­cir, ¡hay tan­tos mo­ti­vos para ele­gir un camino!

“Quie­ro ser una ac­triz re­co­no­ci­da por sus mé­ri­tos y no por su po­pu­la­ri­dad”

“Me sien­to fuer­te, más ma­du­ra... En po­cas pa­la­bras, una gran mu­jer”

¿Po­drías de­cir que son coin­ci­den­cia es­tos pa­pe­les o aho­ra crees que es­co­ges pro­yec­tos si tie­nen una voz con pe­so so­cial?

No, creo que aún no ten­go el pri­vi­le­gio de ele­gir mis per­so­na­jes con tan­ta li­ber­tad. Más bien yo me fi­jo en que sean his­to­rias que me in­tere­sen, que los guio­nes es­tén bien cons­trui­dos y no re­pe­tir nun­ca. Quie­ro que en mi ca­rre­ra ha­ya va­rie­dad y apren­di­za­jes. Por otro la­do, sien­to que he to­ma­do ro­les que van de acuer­do con mi cre­ci­mien­to y téc­ni­ca. Cuan­do ya tie­nes más ex­pe­rien­cia, tus per­so­na­jes tam­bién re­fle­jan esa ma­du­rez. Me gus­ta in­ter­pre­tar mu­je­res con vi­da, ex­pe­rien­cia, fuer­za y va­lor. Ya no eres la inocen­te, la que só­lo pien­sa en un chi­co… Al­go así co­mo ser “el de­seo mas­cu­lino de una pe­lí­cu­la”. No, aho­ra es más in­tere­san­te. ¿Crees que tus se­gui­do­res to­man to­do lo que ha­ces co­mo una ins­pi­ra­ción? ¿Có­mo te sien­tes con es­te as­pec­to de tu vi­da?

Soy muy re­la­ja­da en eso. ¡Mi tra­ba­jo es en­tre­te­ner! Hay ca­sos, co­mo lo que hi­ce en El tras­pa­tio, en que ha­bla­mos so­bre los fe­mi­ni­ci­dios en Juárez, don­de le di­mos voz a es­te te­ma. ¡Ése es un gran ejem­plo! Sin em­bar­go, hay otros pa­pe­les que son más para apren­der y cre­cer pro­fe­sio­nal­men­te. Me gus­ta pen­sar que pue­do con­tri­buir con otros mo­vi­mien­tos, tal vez más di­rec­tos, con fun­da­cio­nes, co­mo Ve­ra­cru­zA­na, la cual apo­ya a la gen­te del es­ta­do de don­de soy, don­de sien­to que pue­do te­ner un im­pac­to más di­rec­to y fuer­te. Pe­ro eso lo ha­go co­mo Ana, no des­de la fic­ción. Se ve que tu fun­da­ción es un éxi­to, con mu­chos lo­gros y apo­yos. ¿Pue­des pla­ti­car­nos lo que es­tán pla­nean­do aho­ra en Ve­ra­cru­zA­na?

Me en­can­ta, ¡si­gue cre­cien­do ca­da año! Aho­ra tu­vi­mos una subas­ta a la que le fue muy bien con Glen­mo­ran­gie, que es una mar­ca de whisky, y por sus do­na­cio­nes re­cau­da­mos mu­chos fon­dos para nues­tras re­si­den­cias de ar­tis­tas. Ve­ra­cru­zA­na tie­ne una ca­sa de cul­tu­ra y capacitación don­de le da­mos cla­ses a la co­mu­ni­dad. Ha si­do asom­bro­so tra­ba­jar con esos ar­tis­tas, tan­to na­cio­na­les co­mo in­ter­na­cio­na­les, y ver ca­da una de sus pro­pues­tas, las cua­les se trans­for­man en ex­po­si­cio­nes bien re­ci­bi­das. Te­ne­mos pro­yec­tos para el si­guien­te año; no pue­do ha­blar de tan­to, ¡pe­ro les di­ré más ade­lan­te! Con to­dos los éxi­tos que me has con­ta­do, au­na­do a que en Gla­mour es­ta­mos tra­ba­jan­do mu­cho los te­mas de fem­me po­wer,

¿qué co­sas te ha­cen sen­tir po­de­ro­sa?

Conocerte por com­ple­to y sa­ber que tie­nes el con­trol de tu vi­da. No pe­dir per­mi­so a na­die, tra­ba­jar mu­cho y mos­trar­te fuer­te an­te el mun­do. Tam­bién ha­bla­mos so­bre sen­tir­nos sexys, en co­ne­xión con nues­tro cuer­po y con un men­sa­je de acep­ta­ción. ¿Qué te ha­ce sen­tir­te así?

So­na­rá cu­rio­so, pe­ro un mo­men­to don­de me sien­to así es al sa­lir de ba­ñar­me. Cuan­do me arre­glo, me pongo cre­ma, per­fu­me, pe­lo mo­ja­do, con ba­ta… Es un mo­men­to que ten­go con­mi­go, con un con­tac­to sen­sa­cio­nal y que me ha­ce sen­tir con­ten­ta y re­la­ja­da; ese ele­men­to de comodidad y cui­da­do es una bue­na ma­ne­ra de per­ci­bir la sen­sua­li­dad. Y, alu­dien­do qui­zás a la mo­da, pien­so en usar lo que más me gus­ta. Por ejem­plo, los ta­co­nes; con ellos cam­bia mi pos­tu­ra y me ha­cen sen­tir bien. Fuer­te, al­ta, con mu­cho con­trol. Hay per­so­nas que se sien­ten así con al­go más re­la­ja­do. Al fi­nal, el tru­co es tra­ba­jar con lo que te ha­ce sen­tir bien y sien­tas más con­fian­za en ti. Y con cier­tos de­ta­lles tam­bién pue­des te­ner el gi­ro sexy. ¿Cuál di­rías que es el se­cre­to del éxi­to?

La pri­me­ra pa­la­bra que se me vie­ne a la men­te es cons­tan­cia. No pue­des al­can­zar nin­gún sue­ño si no sa­bes que vas a te­ner que ha­cer sa­cri­fi­cios y tra­ba­jar has­ta el can­san­cio, ade­más de ir per­fec­cio­nan­do lo que ya sa­bes (¡o creías sa­ber!). Bueno... qui­zás ésa sea la clave: sa­ber des­de el prin­ci­pio que te es­pe­ra un camino lar­go y com­pli­ca­do, pe­ro con mu­chas sa­tis­fac­cio­nes al fi­nal. Ha­brá si­tua­cio­nes don­de no se­rás la nú­me­ro uno. ¡Eso su­ce­de! Lo que no de­bes per­der es la pa­sión por ha­cer lo que más amas. Ser fe­liz en el pre­sen­te, ser cons­cien­te de en qué lu­gar es­tás, bus­car nue­vos apren­di­za­jes. No te com­pa­res, no mi­res a otros la­dos si no es lo que real­men­te deseas. Tú ha­ces tu pro­pio camino.

FO­TO­GRA­FÍAS RACHELL SMITH

Ves­ti­do, Louis Vuit­ton.

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