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Glamour (México) - - Belleza | A Fondo -

Aun­que llue­va o ha­ga mu­cho ca­lor, nues­tro cuer­po su­da y es al­go que no po­de­mos evi­tar. Pe­ro, cuan­do la ro­pa se hu­me­de­ce o es­ta se­cre­ción ya no hue­le

tan bien, se vuel­ve muy in­có­mo­do. ¿Exis­te una so­lu­ción? Sí, lle­var un buen des­odo­ran­te en la bol­sa.

¡Apren­de a ele­gir el in­di­ca­do pa­ra ti!

l su­dor es­tá for­ma­do en 95% de agua, por lo que, en teoría, no de­be­ría te­ner mal olor. Sin em­bar­go, las res­pon­sa­bles de trans­for­mar­lo son las bac­te­rias de la piel, que des­com­po­nen las se­cre­cio­nes del cuer­po. En el ve­rano, es­tos mi­cro­or­ga­nis­mos pro­li­fe­ran con las al­tas tem­pe­ra­tu­ras y por eso, cuan­do trans­pi­ra­mos, el aro­ma se vuel­ve más in­ten­so. Pa­ra pre­ve­nir esos in­có­mo­dos mo­men­tos, lo pri­mor­dial es man­te­ner­nos lim­pias, de­pi­la­das y usar un buen des­odo­ran­te, ideal pa­ra la oca­sión. Pe­ro ¿có­mo sa­ber cuál ele­gir?

Las in­dus­trias far­ma­céu­ti­cas es­cu­cha­ron nues­tras ple­ga­rias y han di­se­ña­do de­so­do­ran­tes es­pe­cia­les pa­ra las par­tes del cuer­po que más nos mo­les­ta que su­den.

Co­nó­ce­los to­dos y des­pués lee los con­se­jos que el der­ma­tó­lo­go Rodrigo Gu­tié­rrez nos ha pro­por­cio­na­do pa­ra que se­lec­cio­nes el más útil pa­ra ti.

PA­RA EL CUER­PO

“Hay zo­nas que trans­pi­ran más que otras, ya que en ellas pre­do­mi­nan las glándulas su­do­rí­pa­ras”, di­ce el ex­per­to. Pa­ra ca­da una de es­tas áreas po­de­mos en­con­trar di­fe­ren­tes pre­sen­ta­cio­nes: en el ca­so de las axi­las, hay de­so­do­ran­tes en ba­rra que cal­man la irri­ta­ción. Los hay tam­bién en cre­ma y en gel, los cua­les son idea­les pa­ra pie­les sen­si­bles, por­que hi­dra­tan y no con­tie­nen al­cohol.

Los es­pe­cia­lis­tas re­ve­lan que los más efec­ti­vos son en roll-on de­bi­do a la ma­yor can­ti­dad de ac­ti­vos que tie­nen pa­ra ni­ve­lar la su­do­ra­ción y el olor; y los ae­ro­so­les, por su rá­pi­da ab­sor­ción y fres­cu­ra in­me­dia­ta, aun­que a ve­ces pue­den lle­gar a ser muy agre­si­vos.

Por su­pues­to, las ma­nos y los pies son fuen­tes de se­cre­ción, pe­ro hay tra­ta­mien­tos es­pe­cí­fi­cos en cre­ma y pol­vo que eliminan es­te pro­ble­ma.

PA­RA EL PE­LO

Esa mo­les­ta sen­sa­ción del ca­be­llo gra­so y su­cio se pue­de so­lu­cio­nar con un dry sham­poo. És­te es un pro­duc­to que se en­car­ga de ab­sor­ber las im­pu­re­zas del cue­ro ca­be­llu­do, neu­tra­li­zar olo­res y apor­tar fres­cor en se­gun­dos, tal co­mo lo ha­ce un des­odo­ran­te. Su pre­sen­ta­ción es en ae­ro­sol pa­ra que pue­das dis­tri­buir­lo por to­da tu me­le­na y hay al­gu­nos, más pro­fe­sio­na­les, que es­tán he­chos pa­ra pro­te­ger­la del sol o evi­tar la caí­da ca­pi­lar. ¡Prué­ba­los!

An­tes de com­prar­los, ob­ser­va lo que pro­me­ten. Unos acla­ran la piel y otros has­ta afi­nan el ve­llo.

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