PA­LA­BRA DE CAM­PEÓN

Para Mi­chael B. Jor­dan, pro­ta­go­nis­ta de la sa­ga Creed, la se­gu­ri­dad es el ac­ce­so­rio in­fa­li­ble del ca­ba­lle­ro. Es­to, sus se­cre­tos fit­ness y su fe en las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes son los te­mas que tra­ta­mos con él, en ex­clu­si­va, des­de Nueva York.

GQ (México) - - MODA -

Des­ve­la­do tras asis­tir a la Met Ga­la, Mi­chael B. Jor­dan nos re­ci­be en la sui­te de un ho­tel en Brooklyn, ves­ti­do con lo que él lla­ma su sig­na­tu­re out­fit: jeans, una T-shirt vin­ta­ge y una hoo­die. “Siem­pre de­bes estar có­mo­do con lo que vis­tes y sen­tir­te se­gu­ro de ti mis­mo”, acon­se­ja. “Al­guien pue­de traer ropa que te des­agra­de, pe­ro si tie­ne la ac­ti­tud co­rrec­ta, ha­rá que te gus­te... Eres lo que creas”.

Gra­cias a esa ideo­lo­gía, Jor­dan fue ele­gi­do para ser la nueva ca­ra de Coach, mar­ca que lu­ció la no­che an­te­rior y que le dio el título de uno de los me­jor ves­ti­dos de la no­che. “Ha­ce unos años, fui a los fas­hion shows de la fir­ma. Lue­go, me en­te­ré de que bus­ca­ban una nueva ima­gen. Fue co­mo si em­pe­zá­ra­mos a ‘sa­lir’, a te­ner ‘citas’”, con­fie­sa el ac­tor en­tre ri­sas. “Los va­lo­res que representa­n son los míos y la co­la­bo­ra­ción sur­gió de ma­ne­ra muy or­gá­ni­ca”.

El pro­ta­go­nis­ta de Creed (2015, 2018) se emo­cio­nó to­da­vía más al sa­ber que para los spots de te­le­vi­sión tra­ba­ja­ría con el maes­tro Spi­ke Lee, un di­rec­tor al que siem­pre ha ad­mi­ra­do. “Fue un sueño he­cho reali­dad. Le pla­ti­qué que me gus­tan las mo­to­ci­cle­tas y to­do lo ideó a par­tir de eso, pe­ro nun­ca le ex­pli­qué que no las ma­ne­ja­ba fue­ra del pa­vi­men­to. Así que nos fui­mos al de­sier­to y fue mu­cho más di­fí­cil de lo que pen­sé. Me que­mé la pier­na, me caí, me ras­pé”, ríe Jor­dan. La cam­pa­ña en la que par­ti­ci­pan se lla­ma Words Mat­ter y en ella ve­mos al ca­li­for­niano des­ha­cién­do­se de ro­cas con fra­ses ne­ga­ti­vas y sus­ti­tu­yén­do­las por otras con tér­mi­nos po­si­ti­vos. Pe­ro, en un mundo don­de to­do es ima­gen y po­co tex­to, ¿las pa­la­bras real­men­te im­por­tan? “Me gus­tan las re­des so­cia­les, pe­ro lo que di­ces y lo que no a la gen­te tie­ne un im­pac­to. Ha­blar con al­guien es una ex­pe­rien­cia más cer­ca­na por­que se crea un víncu­lo. Pien­so que las pa­la­bras nos man­tie­nen hu­ma­nos”.

Y es esa bús­que­da la que lo lle­vó a tra­ba­jar, jun­to con la Fun­da­ción Coach, en su an­ti­gua se­cun­da­ria en Ne­wark, New Jer­sey, para pla­ti­car con los es­tu­dian­tes y mo­ti­var a las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes: “Me sor­pren­dió que, a pe­sar de las di­fi­cul­ta­des que vi­ven, son crea­ti­vos y ta­len­to­sos. Creo que es la ge­ne­ra­ción que va a lle­gar a arre­glar co­sas... Tie­nen que ha­cer­lo”, fi­na­li­zó.

“al­guien pue­de traer ropa que te des­agra­de, pe­ro si tie­ne la ac­ti­tud co­rrec­ta, ha­rá que te gus­te...”.

Por Doly Ma­llet

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