DE HOM­BRES Y MONS­TRUOS

El di­rec­tor de Dri­ve apues­ta por las pla­ta­for­mas de streaming con su más re­cien­te tra­ba­jo: la se­rie Too Old to Die Young.

GQ (México) - - CINE -

Ni­co­las Win­ding Refn no es un di­rec­tor de ci­ne tra­di­cio­nal. En oca­sio­nes, pa­re­ce que tie­ne la mi­sión au­to­im­pues­ta de mos­trar la be­lle­za en lo más te­rri­ble, co­mo lo hi­zo en The Neon De­mon (2016), don­de yux­ta­pu­so imá­ge­nes eté­reas, ac­tri­ces con una be­lle­za que pa­re­ce de otro mundo y co­lo­res que re­tan al ojo hu­mano a ver lo que no ha­bía vis­to an­tes y que ayu­dan a crear un con­tras­te que ha­ce que lo re­tor­ci­do, la ob­se­sión y los im­pul­sos más os­cu­ros que vi­ven den­tro del ser hu­mano se vuel­van más evi­den­tes. Sus proyectos nos re­cuer­dan a lo que el icó­ni­co ar­tis­ta Francisco de Go­ya ha­cía con la pin­tu­ra, pe­ro sin el ries­go de ser acu­sa­do de he­re­jía.

Win­ding Refn —quien, por cier­to, pa­de­ce dal­to­nis­mo— es tam­bién uno de los gran­des vi­sio­na­rios que es­tán re­vo­lu­cio­nan­do al ci­ne y lle­van­do a la in­dus­tria a una nueva era. Y co­mo par­te de sus ex­pe­ri­men­tos na­rra­ti­vos, aho­ra apos­tó por pro­bar suer­te en la te­le­vi­sión o, más bien, en el streaming, con un tem­pe­ra­men­tal dra­ma que se desa­rro­lla en el sub­mun­do cri­mi­nal de la ciu­dad de Los Án­ge­les: Too Old to Die Young.

El ga­na­dor co­mo Me­jor di­rec­tor en el Fes­ti­val de Can­nes (se lle­vó el re­co­no­ci­mien­to en 2011 por su tra­ba­jo en la película Dri­ve) lle­va su

ex­plo­sión de co­lo­res neón, vio­len­cia, san­gre y locura a la pan­ta­lla chi­ca… Per­dón, a la pan­ta­lla pla­na, con una se­rie (la pri­me­ra para el di­rec­tor) pro­du­ci­da por Ama­zon Pri­me que ve al ac­tor Mi­les Te­ller (Whi­plash, Bleed For This, War Dogs) con­ver­ti­do en un hom­bre mar­ca­do por sus erro­res y los de­mo­nios de un pa­sa­do que se nie­ga a de­jar­lo en paz mien­tras in­ten­ta so­bre­vi­vir en una reali­dad al­ter­na mar­ca­da por los con­flic­tos ra­cia­les, la vio­len­cia y la ven­gan­za.

Too Old to Die Young es la ter­ce­ra se­rie, y la pri­me­ra de streaming, en lle­gar al pres­ti­gio­so (y ex­tre­ma­da­men­te se­lec­ti­vo) Fes­ti­val de Ci­ne de Can­nes (en me­dio de la con­tro­ver­sia con Net­flix y las pe­lí­cu­las que pue­den o no ser se­lec­cio­na­das para la pla­ta­for­ma). El se­rial abor­da la his­to­ria de un ofi­cial de po­li­cía en due­lo que, jun­to con el hom­bre que le dis­pa­ró a su com­pa­ñe­ro, se en­cuen­tra en un mundo sub­te­rrá­neo lleno de si­ca­rios de la cla­se tra­ba­ja­do­ra, sol­da­dos de la mafia Ya­ku­za, ase­si­nos del cár­tel en­via­dos des­de Mé­xi­co y pan­di­llas de ma­lean­tes. Se tra­ta de una tra­ma de vio­len­cia, pe­ro tam­bién es un camino a la reivin­di­ca­ción que se su­mer­ge en el mundo de la corrupción y los ase­si­nos a suel­do a lo lar­go de 10 epi­so­dios que el mis­mo Refn es

cri­bió (jun­to a Ed Bru­ba­ker) y di­ri­gió, y que con­for­man un ace­le­ra­do via­je a tra­vés de un in­fierno que se me­te­rá en tu ca­be­za y no te de­ja­rá tran­qui­lo.

A pe­sar de tra­tar­se de una reali­dad al­ter­na, co­mo ocu­rre con to­dos los tra­ba­jos de Ni­co­las, Too Old to Die Young es un pro­duc­to de nues­tro tiem­po y un re­fle­jo de nues­tra pro­pia reali­dad, de una reali­dad que mu­chas ve­ces no nos gus­ta ad­mi­tir. El men­sa­je es fuer­te y cla­ro: “La so­cie­dad ha caí­do, to­do se es­tá co­lap­san­do a nues­tro al­re­de­dor y pron­to las ciu­da­des se­rán des­trui­das”.

Vi­sual­men­te, es­ta se­rie es una obra maes­tra llena de co­lor, al tiem­po que los me­ló­ma­nos es­ta­rán com­pla­ci­dos con el sound­track com­pues­to por Cliff Mar­ti­nez (co­la­bo­ra­dor ha­bi­tual de Refn).

Je­na Ma­lo­ne, Billy Bald­win, John Haw­kes y Nell Ti­ger Free com­ple­men­tan el re­par­to de es­ta se­rie, que no será la pri­me­ra ni la úl­ti­ma que vea­mos en te­le­vi­sión con ca­li­dad ci­ne­ma­to­grá­fi­ca, pe­ro sí un nue­vo co­mien­zo para el maes­tro Ni­co­las Win­ding Refn.

A Mi­les Te­ller, pro­ta­go­nis­ta de Too Old to Die Young, lo ve­re­mos el pró­xi­mo año en la se­cue­la de Top Gun.

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