Emi­li­ano Mon­ge y la na­rra­ti­va li­te­ra­ria sobre la vio­len­cia en Mé­xi­co

LI­TE­RA­RIA SOBRE LA VIO­LEN­CIA EN MÉ­XI­CO

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PAU­LA GARCÍA MARTÍNEZ PARENTE

(Ciu­dad de Mé­xi­co, 1988) Ini­ció sus es­tu­dios uni­ver­si­ta­rios en The London School of Speech and Dra­ma y Cen­tral Saint Mar­tins; se­gui­dos por la ca­rre­ra de Di­rec­ción Ci­ne­ma­to­grá­fi­ca y Guión Ci­ne­ma­to­grá­fi­co en el Cen­tro de Es­tu­dios Ci­ne­ma­to­grá­fi­cos de Ca­ta­lu­ña en Bar­ce­lo­na y Es­cri­tu­ra Crea­ti­va en el Cen­tro Cí­vi­co Pa­ti Lli­mo­na de Ca­ta­lu­ña. Hoy re­si­de en la Ciu­dad de Mé­xi­co, edi­ta su no­ve­la y co­la­bo­ra pa­ra di­fe­ren­tes re­vis­tas. Edi­ta su pri­me­ra no­ve­la y es co-fun­da­do­ra de la re­vis­ta Mi Va­le­dor.

Emi­li­ano Mon­ge (Mé­xi­co, 1978), es­cri­tor y po­li­tó­lo­go por la UNAM, es par­te de es­ta ge­ne­ra­ción que tras­cien­de a tra­vés de los temas que eli­gen y que son fun­da­men­ta­les pa­ra el en­ten­di­mien­to que de­be­ría te­ner cual­quier lec­tor sobre la co­yun­tu­ra política y de vio­len­cia en Mé­xi­co. La na­rra­ti­va de Mon­ge es abor­da­da sin pu­dor, con rit­mos muy cui­da­dos y acer­ta­dos, que le han va­li­do va­rios pre­mios co­mo el IX Pre­mio Ibe­roa­me­ri­cano de No­ve­la Ele­na Po­nia­tows­ka por Las tie­rras arra­sa­das (Pen­guin Ran­dom Hou­se), su ter­ce­ra no­ve­la pu­bli­ca­da.

El año pa­sa­do fue se­lec­cio­na­do co­mo uno de los 25 es­cri­to­res más im­por­tan­tes de Amé­ri­ca La­ti­na por la Fe­ria In­ter­na­cio­nal del Li­bro de Gua­da­la­ja­ra y Co­na­cul­ta; el Hay Fes­ti­val y el Bri­tish Coun­cil lo eli­gie­ron co­mo uno de los 20 es­cri­to­res me­xi­ca­nos más im­por­tan­tes. Es­te año, Mon­ge fi­gu­ró co­mo uno de los 39 es­cri­to­res

me­no­res de cua­ren­ta años más im­por­tan­tes de La­ti­noa­mé­ri­ca en Bo­go­tá39. A prin­ci­pios de 2017, pu­bli­có La su­per­fi­cie más hon­da (Pen­guin Ran­dom Hou­se) su se­gun­do li­bro de cuen­tos.

“Siem­pre di­go que mi ge­ne­ra­ción es­tá en un mo­men­to in­creí­ble por dos ra­zo­nes fun­da­men­ta­les: so­mos las pri­me­ra ge­ne­ra­ción en Mé­xi­co que rom­pe con el te­ma del gé­ne­ro, aho­ra hay tan­tas es­cri­to­ras co­mo es­cri­to­res. Si uno pien­sa en los au­to­res de los se­ten­ta o los ochenta es muy fá­cil de­cir nom­bres de es­cri­to­ras, eso no pa­sa­ba an­tes. Otro asun­to es que se rom­pie­ron los re­gio­na­lis­mos, ya no tie­nen que ve­nir es­cri­to­res de otros es­ta­dos a vi­vir a la Ciu­dad de Mé­xi­co pa­ra po­der te­ner éxi­to, ser leí­dos y pu­bli­ca­dos. El con­tex­to de la pri­mi­cia del cen­tro y de lo mas­cu­lino se ha ro­to, lo que ha si­do muy bueno pa­ra la li­te­ra­tu­ra me­xi­ca­na, ya que se ha am­plia­do el es­pec­tro de las pre­mi­sas, las

“SIEM­PRE DI­GO QUE MI GE­NE­RA­CIÓN ES­TÁ EN UN MO­MEN­TO IN­CREÍ­BLE POR DOS RA­ZO­NES FUN­DA­MEN­TA­LES: SO­MOS LAS PRI­ME­RA GE­NE­RA­CIÓN EN MÉ­XI­CO QUE ROM­PE CON EL TE­MA DEL GÉ­NE­RO, AHO­RA HAY TAN­TAS ES­CRI­TO­RAS CO­MO ES­CRI­TO­RES. SI UNO PIEN­SA EN LOS AU­TO­RES DE LOS SE­TEN­TA O LOS OCHENTA ES MUY FÁ­CIL DE­CIR NOM­BRES DE ES­CRI­TO­RAS, ESO NO PA­SA­BA AN­TES. OTRO ASUN­TO ES QUE SE ROM­PIE­RON LOS RE­GIO­NA­LIS­MOS, YA NO TIE­NEN QUE VE­NIR ES­CRI­TO­RES DE OTROS ES­TA­DOS A VI­VIR A LA CIU­DAD DE MÉ­XI­CO

PA­RA PO­DER TE­NER ÉXI­TO, SER LEÍ­DOS Y PU­BLI­CA­DOS.

for­mas, las es­tra­te­gias li­te­ra­rias y nos ha da­do co­mo re­sul­ta­do una ge­ne­ra­ción am­plia con mu­chí­si­ma gen­te es­cri­bien­do muy bien”.

Así abrió la con­ver­sa­ción Emi­li­ano Mon­ge, muy cer­ca del Cen­tro de Co­yoa­cán, en su es­tu­dio, don­de tra­ba­ja en­tre do­ce­nas de li­bros y cua­tro pe­rros que pa­re­cie­ra que ja­más se le se­pa­ran.

¿Có­mo de­ci­des el te­ma que to­ca­rá una no­ve­la?

En ca­da no­ve­la me ha pa­sa­do di­fe­ren­te, a ve­ces es una fra­se, otras es una idea. Lo pri­me­ro que apa­re­ce es la ob­se­sión con un te­ma y tra­tar de bus­car­le a ese te­ma una ma­ne­ra de con­ver­tir­lo en no­ve­la. En Las tie­rras arra­sa­das era la ob­se­sión con la mi­gra­ción, en El cie­lo ári­do era la idea de po­der con­ver­tir a un per­so­na­je en la me­tá­fo­ra de un si­glo de vio­len­cia en Mé­xi­co, y en Mo­rir­se de me­mo­ria, que es mi pri­me­ra no­ve­la, fue un ejer­ci­cio de psi­co­lo­gía pro­pia mez­cla­da con te­mo­res a la pér­di­da.

En Las tie­rras arra­sa­das lo­gras que uno pier­da el jui­cio ha­cia los cri­mi­na­les ¿qué opi­nas de es­to?

Es­te era uno de los ob­je­ti­vos que te­nía cuan­do em­pe­cé a es­cri­bir esa no­ve­la: no que­ría que hu­bie­ra nin­gún jui­cio de va­lor de par­te del na­rra­dor. Yo creo que la li­te­ra­tu­ra sir­ve pa­ra mostrar em­pa­tía y creo que la em­pa­tía es la puer­ta de en­tra­da al ca­mino que nos lle­va de sa­li­da a las so­cie­da­des de la vio­len­cia; creo que esa em­pa­tía se es­ta­ble­ce úni­ca y ex­clu­si­va­men­te con las víc­ti­mas. Y es tan im­por­tan­te ser em­pá­ti­co con la víc­ti­ma co­mo ser em­pá­ti­co con el vic­ti­ma­rio; hay que po­ner­nos en am­bos lu­ga­res pa­ra en­ten­der la com­ple­ji­dad de una reali­dad co­mo la que es­tá vi­vien­do es­te país aho­ra. En ese sen­ti­do, la idea es que los vic­ti­ma­rios, co­mo las víc­ti­mas, aman, desean, odian de ma­ne­ras muy si­mi­la­res.

Tu úl­ti­mo li­bro de cuen­tos, La su­per­fi­cie

más hon­da, tam­bién tra­ta sobre la vio­len­cia, pe­ro la apro­xi­ma­ción es dis­tin­ta.

En los úl­ti­mos tres li­bros he tra­ba­ja­do con la vio­len­cia co­mo el ma­te­rial prin­ci­pal. Sin em­bar­go, es cier­to, la for­ma de apro­xi­mar­me a ella ha si­do dis­tin­ta. En El cie­lo ári­do el per­so­na­je prin­ci­pal era la vio­len­cia; en Las tie­rras arra­sa­das era el ori­gen y el des­tino de los per­so­na­jes; y en los cuen­tos, la vio­len­cia es me­nos di­rec­ta, es­tá ahí, en ca­da na­rra­ción, pe­ro nun­ca la ve­mos de fren­te, la vio­len­cia es el es­ce­na­rio, el lu­gar don­de tras­cu­rre ca­da uno de los cuen­tos. Las his­to­rias pue­den no ser vio­len­tas, pe­ro es­tán atra­pa­das y as­fi­xia­das, en­mar­ca­das por un am­bien­te ex­ce­si­va­men­te vio­len­to, que es lo que creo que nos es­tá pa­san­do en Mé­xi­co: esa vio­len­cia que de pron­to ocu­rre de la na­da e irrum­pe en una vi­da; y ade­más la vio­len­cia de los cuen­tos, a di­fe­ren­cia de las no­ve­las, es política y so­cial, pe­ro no es la vio­len­cia que co­pa las pri­me­ras pla­nas de los pe­rió­di­cos y los no­ti­cie­ros, no es el nar­co­trá­fi­co o el cri­men or­ga­ni­zan­do, son vio­len­cias más pro­fun­das que ge­ne­ran las de­más vio­len­cias. Se nos ol­vi­da que la vio­len­cia prin­ci­pal es la de­sigual­dad y la po­bre­za, y esa vio­len­cia es­tá en el co­ra­zón de La su­per­fi­cie más hon­da.

¿Qué otro ti­po de temas te gus­ta­ría tra­tar?

Aho­ra es­toy es­cri­bien­do sobre la vio­len­cia mas­cu­li­na, sobre la ne­ce­si­dad que tie­nen los per­so­na­jes de ha­cer pun­to y apar­te en la vi­da pa­ra se­guir ade­lan­te: cor­tes abrup­tos, hui­das, fu­gas. Es­toy es­cri­bien­do sobre eso, sobre la fu­ga. Ha­ce dos años no te­nía idea de que iba a es­cri­bir sobre la fu­ga, sé que me es­toy ale­jan­do de la vio­len­cia so­cial, aun­que tam­po­co sé si va­ya a vol­ver a ella. No cie­rro nin­gún te­ma ni es­toy ca­sa­do con nin­guno.

¿Qué sig­ni­fi­can pa­ra ti los pre­mios en la li­te­ra­tu­ra?

Siem­pre he creí­do que los pre­mios son una cues­tión de azar. Los pre­mios que yo he re­ci­bi­do pu­die­ron ha­ber­los re­ci­bi­do otras no­ve­las del mis­mo pe­rio­do o del mis­mo con­cur­so fá­cil­men­te. Es co­mo las lis­tas que ha­cen de “los diez es­cri­to­res” y al día si­guien­te pue­des ha­cer una lis­ta con 10 es­cri­to­res que sea igual de bue­na, in­tere­san­te, úni­ca y sub­je­ti­va. Los pre­mios tam­bién son sub­je­ti­vos, de­pen­den de un nú­me­ro ex­clu­si­vo de ju­ra­do que son los que de­ci­die­ron que tu no­ve­la era me­jor que otra. Si el ju­ra­do hu­bie­ra si­do dis­tin­to a lo me­jor ni ga­na­bas. En ese sen­ti­do, no le doy la im­por­tan­cia. Lo que sí creo, es que fun­cio­nan muy bien por­que le dan una se­gun­da vi­da a la no­ve­la, en es­te mer­ca­do don­de los li­bros du­ran tan po­co en las li­bre­rías por la can­ti­dad de no­ve­da­des que se pu­bli­can ca­da mes, cuan­do le dan un pre­mio a una no­ve­la sig­ni­fi­ca una se­gun­da opor­tu­ni­dad pa­ra que la obra es­té de nue­vo en las li­bre­rías, que lle­gue a más lec­to­res, ex­tien­de su vi­da.

¿Cam­bia tu re­la­ción en­tre una no­ve­la que ha re­ci­bi­do un pre­mio y una que no?

No. Me re­la­ciono exac­ta­men­te igual con cual­quie­ra de mis no­ve­las: tra­to de ol­vi­dar­las por com­ple­to cuan­do las ter­mino. Nun­ca he leí­do una no­ve­la mía des­pués de im­pre­sa por­que si no, no po­dría con­ti­nuar con la si­guien­te.

¿Qué opi­nas de la FIL en re­la­ción a otras Fe­rias del Li­bro al­re­de­dor del mundo?

La Fe­ria del Li­bro de Gua­da­la­ja­ra es sin du­da la fe­ria li­te­ra­ria más im­por­tan­te de ha­bla his­pa­na en el mundo. Una de las co­sas más va­lio­sas que tie­ne es que sa­có a la fe­ria de su re­cin­to y la lle­vó a los pue­blos con un pro­gra­ma que se lla­ma Ecos de la FIL y eso me pa­re­ce va­lio­sí­si­mo. Tam­bién me pa­re­ce ex­ce­len­te que mez­cla muy bien el tra­ba­jo de pro­fe­sio­na­les con las pre­sen­ta­cio­nes al pú­bli­co en ge­ne­ral, y que es de al­gún mo­do una fies­ta ne­ce­sa­ria pa­ra los li­bros en Mé­xi­co.

En es­te mo­men­to ¿cuá­les son tus cin­co au­to­res de re­fe­ren­cia?

Esa res­pues­ta es­tá cam­bian­do cons­tan­te­men­te, pe­ro en es­te pre­ci­so mo­men­to, es­co­ge­ría a Juan Rul­fo, Em­ma­nuel Bo­ve, Je­sús Gar­dea, James Joy­ce y Ju­lio Ra­món Ri­bey­ro.

Pa­ra una per­so­na que em­pie­za a leer ¿por cuá­les li­bros le re­co­men­da­rías em­pe­zar?

De­pen­de del mo­men­to de la vi­da en el que es­té esa per­so­na. Yo creo que el me­jor mo­men­to es la ado­les­cen­cia, y creo que no hay equi­vo­ca­ción si uno em­pie­za con Lo­ve­craft o con Ed­gar Allan Poe.

¿Cuá­les son cin­co li­bros im­per­di­bles pa­ra Emi­li­ano Mon­ge?

El Uli­ses de Joy­ce, Pe­dro Pá­ra­mo de Rul­fo, La ten­ta­ción del fra­ca­so de Ri­bey­ro, Mis ami­gos de Em­ma­nuel Bo­ve y Los vier­nes de Lau­ta­ro de Gar­dea.

¿Si no es­tu­vie­ras es­cri­bien­do que es­ta­rías ha­cien­do?

Me gus­ta­ría ser edi­tor, me gus­ta­ría sobre to­do ser lec­tor y si no pu­die­ra ha­cer na­da re­la­cio­na­do con los li­bros, qui­zás me gus­ta­ría ha­cer tea­tro o ci­ne.

La li­te­ra­tu­ra me­xi­ca­na es­tá vi­vien­do tiem­pos muy va­lio­sos, des­de el boom (aquel fe­nó­meno editorial de la dé­ca­da de los se­sen­ta y se­ten­ta en Amé­ri­ca La­ti­na, cuan­do mu­cha obra li­te­ra­ria fue abun­dan­te­men­te dis­tri­bui­da por to­do el mundo) no ha ha­bi­do...

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