Doss dé­ca­dass ssiieen­do lla Priinc­cees­sa deell pop

La i Merida - - Lai/famosos -

En el me­dio ar­tís­ti­co hay fi­gu­ras que triun­fan en la música des­pués de mu­chos años de tra­ba­jo. Tam­bién hay otros que tie­nen la for­tu­na de lle­gar a lo más al­to del es­tre­lla­to, ape­nas sa­le a la luz una de sus can­cio­nes. Brit­ney Spears per­te­ne­ce más a ese se­gun­do gru­po de ele­gi­dos, pues su vi­da cam­bió ra­di­cal­men­te ha­ce dos dé­ca­das, cuan­do cim­bró al mun­do con su fa­mo­so sen­ci­llo "Baby One Mo­re Ti­me". Ella te­nía ape­nas 16 años de edad. Aun­que se­ría in­jus­to no men­cio­nar que an­tes de con­ver­tir­se en la "Prin­ce­sa del Pop, co­mo se le co­no­ce­ría cuan­do lle­gó a la cum­bre, ha­bía si­do par­te del elen­co de "The Mic­key Mou­se Club" (a sus nue­ve años), pro­gra­ma en el que coin­ci­dió con futuras es­tre­llas co­mo Ch­ris­ti­na Agui­le­ra, Ryan Gos­ling o Justin Tim­ber­la­ke, su no­vio en la ado­les­cen­cia. El éxi­to in­me­dia­to que tu­vo ese pri­mer sin­gle "Baby One Mo­re Ti­me" se rea- fir­ma­ría con la sa­li­da del pri­mer dis­co de Brit­ney, un 12 de enero de 1999, el cual fue nom­bra­do de la mis­ma ma­ne­ra que ese sen­ci­llo des­ga­rra­dor en el que la can­tan­te se arre­pen­tía amar­ga­men­te por un amor: "Oh ca­ri­ño, no de­bí ha­ber­te de­ja­do ir", can­ta­ba y su­fría la be­lla so­lis­ta.

A par­tir de ese mo­men­to, la vi­da de Brit­ney Jean Spears, hoy en día de 37 años de edad y ma­dre dos hi­jos (Sean y Jay­den), tu­vo ca­pí­tu­los de to­do ti­po: de los más fas­ci­nan­tes a los más com­ple­jos; de los más lu­mi­no­sos a los más os­cu­ros. Ca­yó muy ba­jo, pe­ro su­po re­sur­gir cual "ave fé­nix".

La can­tan­te con­ti­nuó co­se­chan­do hits co­mo "Oops... I did it again", "I"m a Sla­ve 4 U" o "To- xic", pe­ro tam­bién vi­vió ca­pí­tu­los muy du­ros co­mo lo fue el fra­ca­sar en su ma­tri­mo­nio con el bai­la­rín Ke­vin Fe­der­li­ne, pa­dre de sus hi­jos. A raíz de esa se­pa­ra­ción, Brit­ney des­cui­dó su fi­so­no­mía, su vi­da per­so­nal y pro­fe­sio­nal se vie­ron afec­ta­das por las dro­gas. Atrás que­da­ba ese be­so en la bo­ca en­tre Brit­ney y Ma­don­na en unos MTV. La "Prin­ce­sa" se ra­pa­ba la ca­be­za, las ma­las com­pa­ñías lle­ga­ban a su vi­da. Las de­pre­sio­nes ha­cían ver mal pa­ra­do su rol co­mo ma­má. Su au­men­to de pe­so y look po­co fa­vo­re­ce­do­res aca­pa­ra­ban las por­ta­das de las re­vis­tas, pe­ro lo cier­to es que el icono ha re­gre­sa­do siem­pre más fuer­te, una y otra vez, en dos dé­ca­das de ca­rre­ra.

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