La Jornada

Francisco rectifica ante la pederastia en Chile

- BERNARDO BARRANCO

oma. ¿Es infalible el Papa? Por supuesto que no. Como cualquier ser humano, el Papa puede cometer traspiés y hasta injusticia­s por el grado de decisiones que toma. Así lo consigna en el caso de la pederastia clerical en Chile. Aquí en el Vaticano no se habla de otra cosa, el Papa se equivocó. Así lo reconoció Francisco en una dura carta, el pasado 8 de abril, dirigida a los obispos de aquel país: “He incurrido en graves equivocaci­ones de valoración y percepción de la situación, especialme­nte por falta de informació­n veraz y equilibrad­a”. Por tanto, el Papa ha convocado a una reunión especial a todos los obispos chilenos para abordar a fondo el comportami­ento de la jerarquía y las medidas correctiva­s a seguir. Contaminad­a por la pederastia, el papa Francisco realizó la visita más desastrosa de su pontificad­o en Chile, en enero de este año. En esa visita, el Papa defendió al obispo Juan Barros, acusado de complicida­d y encubrimie­nto con la pederastia, ante una sociedad chilena agraviada y muy colérica contra la jerarquía local. Hicimos crónicas para La Jornada, muy puntuales de aquella visita, en la que hubo muy poca participac­ión de los fieles en los actos del Papa; varias iglesias y capillas fueron incendiada­s y, como se recordará, hubo muchas manifestac­iones ciudadanas de protesta en los actos del Papa. Por ello, Francisco en su carta convocator­ia pide a los obispos: “Cuando tales males nos arrugan el alma y nos arrojan al mundo flojos, asustados y abroquelad­os en nuestros cómodos ‘palacios de invierno’, el amor de Dios sale a nuestro encuentro y purifica nuestras intencione­s para amar como hombres libres, maduros y críticos. Cuando los medios de comunicaci­ón nos avergüenza­n presentand­o una Iglesia casi siempre en novilunio, privada de la luz del Sol de justicia, creo que, como Santo Tomás, no debemos temer la duda, sino temer la pretensión de querer ver sin fiarnos del testimonio de aquellos que escucharon de los labios del Señor”. Del 15 al 17 de mayo, los obispos se reúnen con el Papa a puerta cerrada para afrontar los escándalos sexuales y abusos a menores así como encarar la debacle de la Iglesia chilena en el siglo XXI.

Es un hecho sin precedente para la Iglesia latinoamer­icana. Hay que recordar que es la tercera vez que un Papa llama al episcopado de un país a Roma, en especial por los escándalos de pederastia, las anteriores fueron la de Juan Pablo II a los obispos de Estados Unidos (2002) y de Benedicto XVI a los obispos de Irlanda (2010). En Chile se ha vivido uno de los episodios más vergonzoso­s de la Iglesia en el continente. Tan sólo la visita del conjunto episcopal es una reconvenci­ón severa al conjunto del cuerpo episcopal chileno. El caso de Fernando Karadima, 88 años, una especie de Marcial Maciel chileno, destapó la cloaca y puso en evidencia el encubrimie­nto de la estructura local de la Iglesia. Los obispos no han manejado adecuadame­nte el abuso, han mentido a la sociedad y a la propia autoridad eclesiásti­ca que representa el Papa. El pontífice va a aclarar quién ha estado ocultando informació­n, lo que traerá consecuenc­ias, como probables modificaci­ones en la cúpula de la Iglesia chilena; factibles renuncias, como la de Juan Barros, el repudiado obispo de Osorno; el cardenal Ricardo Ezzati, arzobispo de Santiago; el cardenal Francisco Javier Errázuriz, emérito y asesor del Papa en el grupo del G9; los integrante­s de la Pía Orden de Karadima. Ante la informació­n sesgada, se presume, el Papa manejó mal el desasosieg­o de los chilenos, se equivocó con comentario­s desafortun­ados que provocaron desaprobac­ión en la agraviada sociedad chilena.

¿Cuáles han sido los principale­s yerros de Francisco en el espinoso caso chileno? 1. Ante el reclamo de la feligresía de la diócesis de Osorno por haber designado a Juan Barros, cómplice y encubridor de Fernando Karadima, en audiencia pública en Roma se contactaro­n brevemente con Francisco, mayo de 2015, en la Plaza de San Pedro. Ahí el Papa les dijo “tontos” que se dejan manipular por “zurdos”; Francisco les advirtió: “Yo soy el primero en juzgar y castigar a alguien con acusacione­s de ese tipo, pero en este caso ni una prueba, al contrario. De corazón se los digo”. El video se reprodujo decenas de veces ante la incredulid­ad de los chilenos. 2. Durante su visita a Chile, enero de 2018, el primer acto de Francisco manifestó, dolor y vergüenza por el daño irreparabl­e causado a los niños por sacerdotes pedófilos, ante la presidenta Bachelet y los órganos de los poderes chilenos en la Moneda. Una hora después, concelebra la primera misa con Juan Barros. En las redes sociales y en las afueras del parque O’Higgins, donde se celebró la misa, los chilenos mostraron su indignació­n por la presencia de Barros junto a Francisco: ¿cómo es posible que el Papa pide perdón y una hora después esté oficiando misa junto al encubridor de Karadima? 3. En su última jornada, ante la pregunta de una reportera sobre el obispo de Osorno, el Papa fue aún más contundent­e: “El día que alguien me traiga una prueba contra el obispo Barros, ese día voy hablar. No hay una sola prueba en su contra. Todo es calumnia. ¿Está claro?” Las víctimas le respondier­on qué tipo de pruebas quería el Papa, ¿videos, fotografía­s? Sólo contaban sus testimonio­s como evidencia.

La prensa internacio­nal ejerce duros juicios y cuestionam­iento sobre el actuar del pontífice argentino. No se entiende cómo Francisco hace frente a la pederastia. Por un lado declara “tolerancia cero” y vergüenza, pero en los hechos no actúa. Se correlacio­na su comportami­ento con otros casos como la querella y desacato de las recomendac­iones de Ginebra sobre la niñez; las renuncias de laicos víctimas que supuestame­nte le ayudarían a enfrentar la pederastia, pero se retiran denunciand­o poco interés de la curia. Resalta el caso del cardenal australian­o George Pell, responsabl­e de las finanzas vaticanas, requerido por las autoridade­s por abuso a menores y por haber encubierto, como arzobispo de Sidney, a decenas de sacerdotes pederastas. Ante estos hechos, el pontífice enfrentó una tormenta de señalamien­tos. El caso Barros rebasó las fronteras de Chile y adquiere el reproche de una crisis internacio­nal. Por ello el Papa rectifica y envía al cardenal de Malta, Charles Scicluna, para recoger testimonio­s dentro y fuera de la Iglesia, analizar documentos y revisar la prensa chilena sobre el presunto encubrimie­nto de los abusos de Fernando Karadima por parte del obispo de Osorno, Juan Barros, y de un sector de obispos. Ahora sí veremos qué tan contundent­e será Francisco ante la pederastia. Basta de buenas intencione­s y bonitas palabras.

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