PLUMA DE ORO

NA­CIÓ EN LA CMDX, PE­RO SU FU­TU­RO LO EN­CON­TRÓ EN PA­CHU­CA. HOY VI­VE EN HO­LAN­DA Y MA­ÑA­NA, NI ÉL LO SA­BE. TIE­NE UN DO­MI­NIO ÚNI­CO SO­BRE EL BA­LÓN. ES TÍ­MI­DO... Y TO­DOS LE APODAN ‘CHUCKY’.

Life and Style (México) - - CONTENIDO - TEXT0 SER­GI SIENDONES FOT0 NARK KENNEY STY­LING SALVADOR CO­SÍO

Un cuen­to de te­ma fut­bo­lís­ti­co, cor­te­sía del ga­na­dor del Premio Cer­van­tes 2017, el for­mi­da­ble es­cri­tor ni­ca­ra­güen­se Ser­gio Ra­mí­rez.

Por vi­gé­si­ma cuar­ta vez, el PSV Eind­ho­ven ha le­van­ta­do el tí­tu­lo de la liga de fut­bol ho­lan­de­sa. Lo ha he­cho, en gran me­di­da, gra­cias a un jo­ven de 22 años, na­ci­do en la Ciu­dad de Mé­xi­co, ca­paz de mar­car, en su debut con el equipo y a tra­vés de go­les y asis­ten­cias, el pa­so de un cam­peón. Al­gu­nos le di­cen ‘Chucky’. Otros, lo lla­man la re­ve­la­ción del fut­bol me­xi­cano. Pe­ro su cé­du­la de ju­ga­dor es muy cla­ra: su nom­bre de bau­tiz­mo es Hir­ving Ro­dri­go Lo­zano Bahe­na.

Si­guien­do los pa­sos de Carlos Sal­ci­do, Fran­cis­co Ro­drí­guez, An­drés Guar­da­do y Héc­tor Mo­reno (to­dos ex­ju­ga­do­res me­xi­ca­nos del PSV), Lo­zano ha con­fir­ma­do es­te año, a ojos del fut­bol in­ter­na­cio­nal, lo que en Mé­xi­co ya sa­bía­mos: él es si­nó­ni­mo de fu­tu­ro. Al me­nos, uno que pa­sa­rá por com­pro­bar que su asom­bro­so ta­len­to pue­de ser la di­fe­ren­cia. Aquí y allá. La es­pe­ran­za es­tá pues­ta en él. Hoy, no son po­cos los equi­pos que an­dan tras sus pa­sos y sus pier­nas. En el Reino Uni­do. En Es­pa­ña. En Ita­lia...pe­ro, sin du­da, su ac­tua­ción en es­te mun­dial va a ser de­ter­mi­nan­te pa­ra con­ven­cer del to­do a los gran­des de que es me­re­ce­dor de un lu­gar en la ci­ma.

Fue­ra de la cancha, Hir­ving po­see un en­can­to dó­cil. Pa­dre de una ni­ña de cua­tro años y de un be­bé de 10 me­ses, es ho­ga­re­ño y se le no­ta des­de que abre la puer­ta de su ca­sa pa­ra re­ci­bir­nos, con ti­mi­dez, en su es­pa­cio­so pe­ro sen­ci­llo ho­gar. En­se­gui­da nos per­ca­ta­mos de que —to­da­vía— no es­ta­mos an­te un en­greí­do de­por­tis­ta aman­te de lo os­ten­to­so, sino to­do lo con­tra­rio: un jo­ven hu­mil­de, cu­rio­so y fa­mi­liar. Al­guien a quien Eu­ro­pa aún le pa­re­ce un po­co fría y que ape­nas es­tá em­pe­zan­do a en­ten­der la mag­ni­tud del sue­ño que le ha to­ca­do pro­ta­go­ni­zar. Cuan­do ha­bla­mos con él de sus pa­sio­nes, es in­ca­paz de de­jar de men­cio­nar a su mujer y a sus hi­jos. Nos cuen­ta que ca­si to­do su tiem­po li­bre lo de­di­ca a aque­llo que le gus­ta a su ni­ña: las pe­lí­cu­las, la nie­ve, el zoo­ló­gi­co. Du­ran­te la se­sión de fo­tos no se sien­te pre­ci­sa­men­te co­mo pez en el agua, pe­ro se de­ja guiar y le brillan los ojos al ver al­gu­nas de las pren­das. Has­ta aho­ra, su única re­la­ción con la mo­da ha si­do co­lec­cio­nar te­nis. Pe­ro nos ase­gu­ra que la ro­pa le atrae ca­da vez más. Y es ahí, que la gra­ba­do­ra se en­cien­de pa­ra co­no­cer quién es­tá de­trás de la gran re­ve­la­ción me­xi­ca­na.

Han pa­sa­do 10 mi­nu­tos de que nos co­no­ci­mos y ten­go la sen­sa­ción de que ex­tra­ñas Mé­xi­co.

Mu­cho. Lo que más ex­tra­ño es la co­mi­da. Y la fa­mi­lia, cla­ro, aun­que ten­go la suer­te de te­ner a mi la­do a mi mujer y a mis hi­jos. A mis pa­pás tam­bién los veo bas­tan­te, vie­nen ca­da tres me­ses de vi­si­ta. Pe­ro sí, lo que más ex­tra­ño es la co­mi­da. Los ta­cos, so­bre to­do.

Cam­biar de con­ti­nen­te, con gran­des ex­pec­ta­ti­vas, no es fá­cil.

Los cam­bios son ex­ci­tan­tes pe­ro duros. To­da tu vi­da se trans­for­ma de un día pa­ra el otro. To­das tus ru­ti­nas se al­te­ran. Los com­pa­ñe­ros y ami­gos con los que con­vi­ves son dis­tin­tos. Es com­pli­ca­do. El idio­ma es de las co­sas que más pe­sa co­mo fut­bo­lis­ta. Es di­fí­cil co­mu­ni­car­se aun­que siem­pre en­cuen­tras la ma­ne­ra de ha­cer­te en­ten­der.

Y par­ti­cu­lar­men­te, ¿qué tal Ho­lan­da?

Pues me he enamo­ra­do de su ca­li­dad de vi­da. El país es muy bo­ni­to, y la gen­te es bue­na. Es cier­to que los ho­lan­de­ses pue­den ser fríos, pe­ro son per­so­nas po­si­ti­vas. Eso sí, de­bo re­co­no­cer que mis me­jo­res ami­gos en es­ta eta­pa han si­do los la­ti­nos. De Eind­ho­ven me gus­ta mu­cho el cen­tro. Y, co­mo a mi hi­ja le en­can­ta ir a pa­sar el ra­to a los jue­gos, ése es otro lu­gar en el que pa­so mu­cho tiem­po.

A la dis­tan­cia y vien­do la im­por­tan­cia de tus hi­jos, ¿di­rías que tu­vis­te una in­fan­cia fe­liz?

Sí, tan­to mi in­fan­cia co­mo mi ado­les­cen­cia fue­ron dos eta­pas felices. Su­pon­go que, en par­te, por dón­de na­cí y cre­cí. Me gus­ta mu­cho la Ciu­dad de Mé­xi­co. Y me en­can­ta que en ella pue­des en­con­trar to­do lo que te pro­pon­gas. Bus­ques lo que bus­ques, lo vas a en­con­trar. Mis pa­dres cre­cie­ron en Co­li­ma y Gue­rre­ro, pe­ro lle­van mu­cho tiem­po en la ca­pi­tal, así que ahí es­tá nues­tro ho­gar.

¿Re­cuer­das al­go so­bre tu pri­mer ba­lón?

Uff… No sé, el fut­bol es al­go que me ha gus­ta­do siem­pre, des­de bien chi­qui­to. Me in­vi­ta­ron a ju­gar en un equipo a los tres años y ahí em­pe­zó to­do. En mi fa­mi­lia es un de­por­te que siem­pre ha estado presente. To­do el tiem­po. Re­cuer­do que, cuan­do era ni­ño, éra­mos muy fans de Jo­sé Car­do­zo. Es que en mi ca­sa siem­pre se ha vis­to mu­cho la liga me­xi­ca­na. Era co­sa de mi pa­pá, que siem­pre es­ta­ba ha­blan­do de las Chi­vas, del To­lu­ca... Él fue mi gran maes­tro. Me en­se­ñó to­do so­bre el fut­bol, tan­to la par­te téc­ni­ca co­mo a apren­der a amar el de­por­te. Gra­cias a él apren­dí a ad­mi­rar a gran­des ju­ga­do­res y a que­rer ser co­mo ellos.

¿Y qué me pue­des de­cir de tu re­la­ción con el club Pa­chu­ca? ¿Por qué es cu­na de fut­bo­lis­tas?

Por el gran tra­ba­jo que ha­cen con ellos des­de que son chi­qui­tos. Les dan un te­cho ba­jo el que dor­mir, co­mi­da y edu­ca­ción. To­do eso su­ma mu­cho. Tam­bién que es­tén siem­pre com­pi­tien­do y via­jan­do. Es un club que

''To­dos me ase­gu­ra­ron que lle­gar a ju­gar a Ho­lan­da era un pri­mer pa­so, an­tes de dar el gran brin­co en Eu­ro­pa''.

se preo­cu­pa en se­rio por el cre­ci­mien­to y el desa­rro­llo de sus ju­ga­do­res. Que un equipo ha­ga ese tra­ba­jo es im­por­tan­te si quiere te­ner una bue­na can­te­ra.

Ha­ble­mos del mun­dial y la se­lec­ción ¿dón­de es­ta­mos pa­ra­dos?

Creo que es­te año se pue­den ha­cer co­sas gran­des. Te­ne­mos la ca­li­dad en cuan­to a ju­ga­do­res, es­ta­mos to­dos muy con­cen­tra­dos y sa­be­mos lo que bus­ca­mos. No me to­có es­tar ha­ce cua­tro años, pe­ro lo me­jor de aquel Tri se man­tie­ne y el equipo se ve y se sien­te muy bien. La ver­dad es que to­dos en la se­lec­ción me han tra­ta­do ge­nial; me han acep­ta­do de la me­jor ma­ne­ra. Yo, cuan­do via­jo, com­par­to ha­bi­ta­ción con Héc­tor He­rre­ra y nos lle­va­mos muy bien. Apren­do mu­cho de él y de su tra­ba­jo.

¿En qué otras li­gas eu­ro­peas te gus­ta ima­gi­nar­te?

Me gus­ta mu­cho la Pre­mier. Tam­bién, la liga es­pa­ño­la. En realidad, creo que to­das las li­gas de aquí son im­por­tan­tes. In­ten­to no pen­sar de­ma­sia­do en ello. Lo prin­ci­pal es con­cen­trar­se en el presente y, si el cam­bio lle­ga, que creo que lle­ga­rá, pues ya lo dis­fru­ta­ré.

Se ha­bla mu­cho de tu área de opor­tu­ni­dad: tu ca­rác­ter...

Creo que he te­ni­do un po­co de ma­la suer­te. No con­si­de­ro que ha­ya pe­ga­do o he­cho al­go real­men­te gra­ve. Las ex­pul­sio­nes que he recibido fue­ron muy con­fu­sas. Pe­ro bueno, aquí son más es­tric­tos, son muy rec­tos. Aun­que a ve­ces a mí me gol­pean más fuer­te y no les sa­can ni una ama­ri­lla… por eso te di­go que, cuan­do ocu­rrió, sen­tí que era más una cues­tión de ma­la suer­te. Creo que he apren­di­do mu­cho de lo que me ha pa­sa­do. Ha­blé con mi en­tre­na­dor (Phi­lip Co­cu) y re­co­no­ció que él tam­po­co se lo ex­pli­ca­ba, que no en­ten­día del to­do por qué se ha­bían to­ma­do de­ci­sio­nes tan drás­ti­cas con­mi­go. La ver­dad es que Phi­llip es una gran per­so­na. Ha si­do un gran men­tor. Siem­pre en­cuen­tra la for­ma de ex­pre­sar­se y trans­mi­tir to­do lo que sa­be. Quiere que se­pas lo que él pien­sa, y que te sien­tas con la con­fian­za de con­tar­le lo que tú pien­sas.

¿Qué otros as­pec­tos crees que de­bes tra­ba­jar?

Ten­go que tra­ba­jar un po­co más mi pier­na iz­quier­da. Tam­bién, el ca­be­ceo. Y, por su­pues­to, ma­du­rar más. Co­no­cer me­jor los tiem­pos del fut­bol. Es­te año me sien­to sa­tis­fe­cho por­que creo que he me­jo­ra­do mu­chas co­sas, que, pa­so a pa­so, es­toy lo­gran­do avan­zar bien.

¿A quién tie­nes ga­nas de en­con­trar­te en el mun­dial?

A Mes­si. Pa­ra mí, es el me­jor y me en­can­ta­ría ju­gar con­tra él.

¿Qué pro­me­sa se le pue­de ha­cer al afi­cio­na­do me­xi­cano?

Que sean op­ti­mis­tas y es­tén se­gu­ros de que no­so­tros siem­pre bus­ca­mos lo me­jor pa­ra la se­lec­ción. Les ase­gu­ro que va­mos dar el má­xi­mo en ca­da par­ti­do. A ve­ces la suer­te no nos acom­pa­ña, pe­ro por fal­ta de ga­nas no será. No po­de­mos dar ga­ran­tías de has­ta dón­de llegaremos o có­mo lo ha­re­mos, pe­ro sí po­de­mos dar por se­gu­ro, y ha­blo por to­dos, que no ba­ja­re­mos los bra­zos.

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