OPI­NIÓN

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Ca­da nú­me­ro, tres l íde­res de opi­nión nos de­fi­nen un con­cep­to des­de su pers­pec­ti­va y su ofi­cio.

PEDRO EGEA PU­BLI­CIS­TA

El po­der tie­ne que ver con la ca­pa­ci­dad de cons­truir, in­fluir y trans­for­mar. Pue­de ser a tu co­mu­ni­dad o a to­do un país, pe­ro siem­pre te­nien­do cla­ro que se tra­ba­ja con un ob­je­ti­vo en co­mún, en mi ca­so las mar­cas, y que a ellas de­bo res­pon­der. En Grey nos he­mos con­ver­ti­do en ex­per­tos en el diag­nós­ti­co, gra­cias al va­lor que le da­mos a la ex­pe­rien­cia de nues­tra gen­te, y es­to nos per­mi­te ejer­cer es­ta ca­pa­ci­dad y ofre­cer una di­fe­ren­cia­ción ba­sa­da en la con­cien­cia. El pun­to de par­ti­da es te­ner una ali­nea­ción to­tal en el gru­po de tra­ba­jo y ejer­cer una agenda que se ba­sa en el uso de po­der cons­truc­ti­vo: ahí es­tá el po­der. Si no lo hi­cié­ra­mos así, ter­mi­na­ría­mos por uti­li­zar la in­fluen­cia de la mar­ca y sus re­cur­sos a nues­tro fa­vor, sin im­por­tar las ne­ce­si­da­des y el diag­nós­ti­co ini­cial. Al final, se tra­ta de res­pe­tar la ca­de­na de va­lor de la que for­ma­mos par­te bus­can­do, co­mo men­cio­na­ba al ini­cio, in­fluir. Eso es po­der pu­ro.

Pedro Egea es pre­si­den­te y CEO de la agen­cia Grey Mé­xi­co, lue­go de tra­ba­jar por años en el área de mer­ca­do­tec­nia de com­pa­ñías co­mo Goo­gle o Wun­der­man.

MARK RUF­FA­LO

AC­TOR

Creo que to­dos te­ne­mos mu­chos po­de­res. En mi ca­so, es el de la ob­ser­va­ción, aun­que tam­bién sé que pue­do des­apa­re­cer y pa­sar des­aper­ci­bi­do de una for­ma que pro­ba­ble­men­te se­ría im­po­si­ble pa­ra otros ac­to­res. Pue­do tam­bién su­bir­me al me­tro, lo que en es­te mo­men­to de mi ca­rre­ra es una ver­da­de­ra proeza. Pe­ro tam­bién ten­go el po­der de al­zar mi voz pa­ra de­fen­der lo que creo jus­to. Ha­ce unos seis años me mu­dé a Ups­ta­te New York, en don­de el fracking se ha pues­to de mo­da. Cuan­do lle­gó a don­de vi­vo, qui­se me­ter­me en el te­ma y fui a Di­mock, en Pen­sil­va­nia, en don­de se prac­ti­ca mu­cho. Me di cuen­ta de que es­ta­ban des­tru­yen­do las vi­das de la gen­te al arrui­nar el agua po­ta­ble. Allí ya no se atre­ven a abrir los gri­fos sin te­mor a que les ex­plo­te la ca­sa y yo no po­día creer que el Es­ta­do no los es­tu­vie­ra pro­te­gien­do. Lo cier­to es que así, sin bus­car­lo, me con­ver­tí en el cam­peón de es­ta gen­te y en un hom­bre con po­der.

Mark Ruf­fa­lo se en­cuen­tra en la ci­ma de su ca­rre­ra al dar vi­da al hé­roe más fuer­te del uni­ver­so de los có­mics: el po­de­ro­so Hulk. Aho­ra, pre­pa­ra la sa­li­da de su fil­me Spotlight.

JOR­DI MU­ÑOZ EM­PREN­DE­DOR

El po­der lo en­ten­dí a los 10 años, cuan­do me di cuen­ta de que al sa­ber hac­kear ob­te­nía un res­pe­to di­fí­cil de ex­pli­car. Ahí com­pren­dí que el po­der es­tá re­la­cio­na­do con po­seer di­ne­ro, tec­no­lo­gía o una bom­ba nu­clear, pe­ro sur­gía, de raíz, de al­go in­tan­gi­ble. Era la mez­cla que lo­gra­ba lle­var­me a un es­ta­do que me per­mi­tía “te­ner la úl­ti­ma pa­la­bra”. Pa­ra mí, hay tres po­de­res y ca­da uno tie­ne un ni­vel de in­fluen­cia di­fe­ren­te: la fuer­za, que es el ni­vel más ba­jo y pri­mi­ti­vo. An­tes, el más po­de­ro­so era el que te­nía más fuer­za, pe­ro cla­ro, si tie­nes más po­der fi­nan­cie­ro pue­des con­tra­tar mer­ce­na­rios y ga­nar­le al más fuer­te y ahí apa­re­ce el se­gun­do ni­vel, el po­der del di­ne­ro. La gen­te con po­co po­der se con­for­ma con ejer­cer­lo así y pre­fie­re evi­tar el úl­ti­mo ni­vel: el del co­no­ci­mien­to, el más di­fí­cil de al­can­zar. Con és­te real­men­te tie­nes el po­der de con­tro­lar prác­ti­ca­men­te lo que quie­ras sin te­ner que mi­rar a los ri­cos y sal­va­jes.

Jor­di Mu­ñoz es fun­da­dor de la com­pa­ñía 3D Ro­bo­tics, es­pe­cia­li­za­da en la fa­bri­ca­ción de dro­nes. Es con­si­de­ra­do uno de los in­no­va­do­res más im­por­tan­tes de Mé­xi­co y el mun­do.

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