HU­MOR CON AL­MA DE­FE­ÑA

Life and Style (México) - - Life / Entrevista -

La se­rie Louie que pro­ta­go­ni­za no po­dría ser más au­to­bio­grá­fi­ca, pe­ro que­da mu­cho por con­tar so­bre Louis C.K. Hi­jo de un economista me­xi­cano, tu­vo una in­fan­cia pe­cu­liar: pa­só los pri­me­ros sie­te años de su vi­da en el DF, don­de ini­ció un ca­mino que in­clu­ye pa­ra­das co­mo me­cá­ni­co y co­ci­ne­ro de KFC, an­tes de con­ver­tir­se en el hom­bre que ha­ce reír a to­do un con­ti­nen­te. Tres pre­mios Emmy lo ava­lan, pe­ro son sus chis­tes los que lo con­vier­ten en el hom­bre más amar­ga­do con el me­jor sen­ti­do del hu­mor.

Cuan­do ha­ces una se­rie en la que el per­so­na­je tie­ne tu nom­bre, ¿cuán­to hay de ti en él? —Si pu­die­ra vol­ver atrás, pro­ba­ble­men­te le cam­bia­ría el nom­bre al per­so­na­je, pe­ro su­pon­go que hu­bie­ra si­do des­ho­nes­to. Di­ga­mos que la pri­me­ra tem­po­ra­da fue ver­da­de­ra­men­te au­to­bio­grá­fi­ca, en don­de usé anéc­do­tas que sí su­ce­die­ron y que lue­go apro­ve­ché pa­ra mi ru­ti­na de stand-up. Pe­ro lue­go tu­ve que em­pe­zar a in­ven­tar que, de­bo con­fe­sar, es lo que más me gus­ta ha­cer.

¿Sa­les a bus­car his­to­rias en tu vi­da real que pue­das usar pa­ra la se­rie?

—Más bien, soy co­mo una ba­lle­na que va en­con­tran­do planc­ton en su ca­mino. To­do pa­sa por na­dar, y lo que ne­ce­si­tas va apa­re­cien­do.

Tu per­so­na­je es un po­co de­pre­si­vo, ¿eres así en la vi­da real?

—No. Hay mo­men­tos en que me pon­go muy ex­tro­ver­ti­do y em­pie­zo a con­tar chis­tes pa­ra mis ami­gos y mis hi­jos. Pue­do ser muy bro­mis­ta en la vi­da real. Lo que pa­sa es que no sé si me gus­ta­ría ver una se­rie en la que el pro­ta­go­nis­ta es­tu­vie­ra ha­cien­do bro­mas to­do el tiem­po. Es que ver a al­guien su­frien­do me ha­cer reír.

¿Hay al­gún te­ma con el que no te me­tas cuan­do subes a ha­cer stand-up?

—No hay te­mas prohi­bi­dos. Los lí­mi­tes pa­ra mí de­pen­den de si el chis­te es bueno. Y es al­go ins­tin­ti­vo. No es fá­cil ha­blar de co­sas que pon­gan incómoda a la gen­te, pe­ro sé que hay un pun­to en que vuel­ven a co­nec­tar­se y se echan a reir. Tie­nes que es­tar dispuesto a lle­var­los a un pun­to de mo­les­tia sin echar­te nun­ca atrás.

¿Fue di­fí­cil vi­vir co­mo co­me­dian­te?

—Muy di­fí­cil. To­dos son muy ma­los cuan­do co­mien­zan en es­to y no fui la ex­cep­ción. Era muy tor­pe cuan­do co­men­cé y ya lle­vo 30 años me­ti­do en el ne­go­cio…¿30? ¿En se­rio? Pfff.

Ro­bin Wi­lliams di­jo que eras su gran su­ce­sor en el mun­do del stand-up...

—Una vez me man­dó un mail. Ob­vio no creí que fue­ra él, pe­ro in­sis­tió y re­sul­tó que sí era. El ma­yor ho­nor.

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