DE VUEL­TA DE TO­DO

Aun­que de vez en cuan­do se le escapa al­gún co­men­ta­rio que nos re­cuer­da que ya ha cum­pli­do 84 años, Mi­chael Cai­ne se nie­ga a cre­cer. Di­ce que de­jó de ha­cer­lo a los 38. Y lo cier­to es que, tras es­tre­nar Going in Sty­le, en la que en­car­na a un ju­bi­la­do que de

Life and Style (México) - - LIFE / ENTREVISTA -

En Going in Sty­le te atra­pan ro­ban­do. ¿Te ha­bía pa­sa­do an­tes? —Sí, de ni­ño. Du­ran­te los bom­bar­deos de Lon­dres nos en­via­ron al cam­po y, allí, los

cock­ney, que nun­ca ha­bía­mos vis­to man­za­nas cre­cer en los ár­bo­les, nos la pa­sá­ba­mos ro­bán­do­las. — ¿Has vuel­to a tu ve­cin­da­rio na­tal? —El pro­gra­ma 60 Mi­nu­tes me in­vi­tó a vol­ver a Elep­hant and Castle. Pe­ro ya no que­da na­da. Só­lo hay ras­ca­cie­los. — ¿Có­mo pla­neas ter­mi­nar tu vi­da? —Tra­ba­jan­do. Hay que man­te­ner­se ac­ti­vo. En mi ca­so lo lo­gro gra­cias al tra­ba­jo y a mis nie­tos. Ellos le die­ron una nue­va pers­pec­ti­va a mi vi­da, me mo­ti­va­ron a cor­tar con la be­bi­da... Cuan­do no eres abue­lo, es­cu­chas a los de­más ha­blar y te pa­re­cen tan aburridos que no ves la ho­ra de que se ca­llen. Pe­ro cuan­do te to­ca a ti, ha­ces exac­ta­men­te lo mis­mo. —¿Te que­dan co­sas por lo­grar? —No, he he­cho to­do lo que que­ría ha­cer. Ya ni leo ar­tícu­los de via­jes por­que he es­ta­do en to­das par­tes. —¿Hay al­go que te gus­ta­ría mo­di­fi­car? —No. Siem­pre les di­go a mis hi­jos que no mi­ren ha­cia atrás, por­que se van a tro­pe­zar. Es una pér­di­da de tiem­po. —¿Qué otro con­se­jo le das a tus hi­jos? —Que usen las di­fi­cul­ta­des. Ca­da vez que pa­sa al­go ne­ga­ti­vo, hay al­go po­si­ti­vo que apren­der. —¿Cuál es el se­cre­to de un ma­tri­mo­nio de 46 años co­mo el tu­yo? —Los ba­ños se­pa­ra­dos. Nun­ca hay que com­par­tir el ba­ño con una mu­jer, nun­ca, por­que ter­mi­nas con un es­pa­cio mi­núscu­lo pa­ra tus co­sas, mien­tras ella se ex­pan­de. —Dis­fru­tas mu­cho es­cri­bir, ¿cier­to? —Mu­cho. No ne­ce­si­tas me­mo­ri­zar nin­gún par­la­men­to, no te tie­nes que le­van­tar tem­prano, no tie­nes que lu­cir bien y no tie­nes que con­vi­vir. —¿Qué te lle­vó a su­bir­te a un es­ce­na­rio? —Po­der be­sar a al­gu­na de las chi­cas del gru­po de teatro de mi es­cue­la. —¿Ex­tra­ñas la ju­ven­tud? Soy jo­ven. De­jé de en­ve­je­cer a los 38. Me ca­sé y de­ci­dí que se­gui­ría sien­do jo­ven el res­to de mi vi­da. Y así ha si­do.

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