OPI­NIÓN

Ca­da nú­me­ro, tres lí­de­res de opi­nión nos definen un con­cep­to des­de su pers­pec­ti­va y su ofi­cio.

Life and Style (México) - - CONTENDO -

FRIDA ES­CO­BE­DO AR­QUI­TEC­TA

A ni­vel per­so­nal es una pa­la­bra im­por­tan­tí­si­ma. Fui hi­ja úni­ca mu­chos años. Mis her­ma­nas na­cie­ron cuan­do yo te­nía 12 y 14 años, y su lle­ga­da re­pre­sen­tó un cam­bio de vi­da muy sig­ni­fi­ca­ti­vo. En­ten­der to­do lo que en­glo­ba el con­cep­to de fra­ter­ni­dad fue al­go que me lle­gó sien­do preado­les­cen­te. Sin em­bar­go, hoy mis her­ma­nas son los ejes cen­tra­les de mi vi­da. Somos muy cer­ca­nas. Son mi re­fe­ren­cia, me re­cuer­dan to­dos los días lo que quie­re de­cir ser ‘fuer­te’. Me ate­rri­zan. Me ins­pi­ran. Po­der vi­vir eso es un privilegio, por­que no ocu­rre en to­das las fa­mi­lias. Par­tien­do de eso, la pa­la­bra ha­bla de em­pa­tía. De ob­ser­var a al­guien más a los ojos y po­der re­co­no­cer­te. Po­der ver­te. Sen­tir que eres igual a él o ella. Com­pren­der que, muy pro­ba­ble­men­te, tie­ne las mis­mas in­quie­tu­des, preo­cu­pa­cio­nes, de­seos y mie­dos que tú. La fra­ter­ni­dad es aque­llo que nos per­mi­te co­nec­tar con el otro. En­tre su obra es­tá el Pro­yec­to pa­ra Or­dos 100 (vi­vien­das en Mon­go­lia) y la Pla­za Cí­vi­ca de Lis­boa. Es­te año, la Ser­pen­ti­ne Ga­llery de Lon­dres la pu­so al fren­te de su pa­be­llón.

JUAN MAR­TÍN DEL PO­TRO DE­POR­TIS­TA

Des­pués de pa­sar por un lar­go pe­rio­do en el que pen­sé que per­de­ría mi ca­rre­ra y que afec­tó tam­bién mi pa­sión por el te­nis, me he vuel­to más sen­si­ble y he en­ten­di­do que ja­más he ido so­lo y que, si me cai­go, hay mu­cha gen­te que se cae y se le­van­ta con­mi­go. Gra­cias a esas per­so­nas, he en­ten­di­do que hoy me im­por­ta más el día a día y tam­bién que de­bo dis­fru­tar más to­do. En la vi­da, en lo que uno ha­ce, siem­pre hay que te­ner los pies so­bre la tie­rra pa­ra ser cons­cien­te de tu reali­dad, y mis ami­gos siem­pre han si­do mis gran­des ejem­plos de ello. Así es co­mo en­tien­do la fra­ter­ni­dad. Co­mo esa ca­pa­ci­dad que tie­ne to­do ser hu­mano de apo­yar a la gen­te que quie­re cuan­do lo ne­ce­si­ta. El te­ma es que hay po­ca gen­te que en reali­dad sa­be cuán­do ne­ce­si­tas apo­yo. Pue­des es­tar en la ci­ma y ne­ce­si­tar­los más que nun­ca, y ellos, sin que tú di­gas na­da, lo saben. Pa­ra mí, que mi equi­po de tra­ba­jo sean mis ami­gos es ejem­plo de fra­ter­ni­dad. Con­si­de­ra­do co­mo el me­jor te­nis­ta la­ti­noa­me­ri­cano de los úl­ti­mos años, Juan Mar­tín ha lo­gra­do re­cu­pe­rar­se de va­rias le­sio­nes pa­ra re­gre­sar al Top 5 de los me­jo­res del mun­do.

MA­RIA­NA GAR­ZA AC­TRIZ Y CAN­TAN­TE

La fra­ter­ni­dad es uno de los gran­des re­ga­los que da el tea­tro. Cuan­do en­tras a un es­ce­na­rio, jue­gas, creas y cuen­tas historias con her­ma­nos por elec­ción, ex­pe­ri­men­tas es­tar a sal­vo. Es uno de los fun­da­men­tos pa­ra lo­grar con­mo­ver a los es­pec­ta­do­res. Con Tim­bi­ri­che, nos co­no­ce­mos des­de ni­ños. Con­vi­vi­mos más que con nues­tros her­ma­nos de san­gre. Eso ge­ne­ra una com­pli­ci­dad que, cla­ra­men­te, a la gen­te le en­can­ta y que nos ha da­do el privilegio de lle­var 36 años jun­tos. Sin la fra­ter­ni­dad, a mi tra­ba­jo le fal­ta­ría emo­ti­vi­dad, en­tra­ña, tri­pa, co­ra­zón; se con­ver­ti­ría en una co­sa me­cá­ni­ca. Pi­sar el es­ce­na­rio del Tea­tro de la Ciu­dad en la en­tre­ga de los pre­mios Metro del bra­zo de Ser­gio Vi­lle­gas y ver a quie­nes nos acom­pa­ña­ron en es­ta pri­me­ra ce­re­mo­nia, to­dos sin­tien­do fe­li­ci­dad por es­tar reuni­dos esa no­che, es uno de los mo­men­tos de mi ca­rre­ra en los que pu­de sen­tir con ma­yor fuer­za el va­lor de es­tar uni­dos. In­te­gran­te de la exi­to­sa ban­da de los 80 Tim­bi­ri­che, ac­tual­men­te es pro­duc­to­ra tea­tral al fren­te del tea­tro Mi­lán y una de las pro­mo­to­ras de los Pre­mios Me­tro­po­li­ta­nos de Tea­tro.

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