EN DE­FEN­SA DE LOS BLOCK­BUS­TERS ABSURDOS

No to­das las pe­lí­cu­las de ac­ción son igua­les. Algunas tie­nen a La Ro­ca.

Milenio - Campus - - EL HABLADOR - SAL­VA­DOR@ ELHABLADOR. COM. MX SAL­VA­DOR ME­DI­NA

Con­tra la pa­red y abru­ma­do por el in­cen­dio en el edi­fi­cio y el pa­ra­de­ro de su fa­mi­lia, Will Saw­yer es­cu­cha las ame­na­zas de su se­cues­tra­dor. Y es que só­lo él pue­de abrir el cuar­to don­de se en­cuen­tra es­con­di­do el mul­ti­mi­llo­na­rio Zhao Long Ji y el se­cre­to que guar­da. Es así que Bot­ha, el vi­llano, ex­tor­sio­na a Will, re­cor­dán­do­le su de­bi­li­dad: su fa­mi­lia. En ese mo­men­to, Will cam­bia a mo­do La Ro­ca.

Y es que es ley del guio­nis­mo, y en ge­ne­ral de quien quie­re contar his­to­rias, que la ma­yor vir­tud de ca­da per­so­na­je es tam­bién su ma­yor obs­tácu­lo. En el ca­so de Skys­cra­per ( Ras­ca­cie­los), la fór­mu­la se in­vier­te. Y es así que Will se vuel­ve el peor enemi­go de quie­nes pre­ten­den to­mar el edi­fi­cio más gran­de y so­fis­ti­ca­do del mun­do.

Es­cri­ta y di­ri­gi­da por Raw­son Mars­hall Thur­ber, Ras­ca­cie­los uti­li­za mu­chos de los ele­men­tos del sub­gé­ne­ro de ac­ción al que per­te­ne­cen Die Hard, The To­we­ring In­ferno y más: un hombre lu­cha­rá con­tra las cir­cuns­tan­cias pa­ra res­ca­tar a su fa­mi­lia de un pe­li­gro in­mi­nen­te en un es­pa­cio con­fi­na­do. En es­te ca­so, Will Saw­yer ( Dway­ne John­son), un ve­te­rano de guerra y ex es­pe- cia­lis­ta en el res­ca­te de rehe­nes, es lla­ma­do pa­ra eva­luar la se­gu­ri­dad de La Per­la, un edi­fi­cio en Hong Kong con­ce­bi­do por el mag­na­te tec­no­ló­gi­co Zhao Long Ji ( Chin Han).

Se tra­ta no só­lo del edi­fi­cio más al­to del mun­do, sino uno de van­guar­dia y con al­tos es­tán­da­res de se­gu­ri­dad. Es por eso que Will de­be ha­cer una eva­lua­ción de los pro­ce­sos y lo­grar que La Per­la lo­gre cumplir con las es­pe­ci­fi­ca­cio­nes que re­quie­re el se­gu­ro pa­ra abrir los pisos fi­nal­men­te los pisos re­si­den­cia­les.

Will lo­gra con­se­guir ese tra­ba­jo a tra­vés de un ex com­pa­ñe­ro, quien ac­tual­men­te la­bo­ra pa­ra Zhao. Y es así que via­ja a Chi­na con su es­po­sa Sa­rah ( Neve Camp­bell) y sus hi­jos Geor­gia y Henry.

Pe­ro Will es víc­ti­ma de es­tar en mo­men­to y lu­gar equi­vo­ca­dos. Un gru­po de te­rro­ris­tas, li­de­ra­dos por Bot­ha ( Ro­land Mø­ller) bus­can to­mar el edi­fi­cio a co­mo dé lu­gar. Con la fa­mi­lia de Will aden­tro. Al mis­mo tiem­po, un co­man­do li­de­ra­do por una gua­pa y anó­ni­ma mu­jer in­ter­pre­ta­da por Han­nah Quin­li­van, es­tán to­man­do la ba­se des­de la que se ope­ra La Per­la. Pe­ro ne­ce­si­tan to­mar a Will, quien tie­ne en su posesión la ta­ble­ta pa­ra des­ha­bi- li­tar las fun­cio­nes de se­gu­ri­dad del edi­fi­cio.

Se tra­ta de una trama bas­tan­te dis­cre­ta pe­ro bien de­li­nea­da y que usa los re­cur­sos que han de es­pe­rar­se de otros tí­tu­los del gé­ne­ro. Pe­ro los otros tí­tu­los del gé­ne­ro no tie­nen a Dway­ne John­son.

Si bien la di­rec­ción de Mars­hall Thur­ber, quien se ha­bía es­pe­cia­li­za­do en pro­yec­tos de co­me­dia, no es del to­do fa­lli­da, se apoya de­ma­sia­do en ele­men­tos tec­no­ló­gi­cos. Sin de­jar a un la­do que los vi­lla­nos ma­tan a una can­ti­dad de gente ri­dí­cu­la, que de ver­dad ha­ce cues­tio­nar que el es­tu­dio no ha­ya in­ter­ve­ni­do, sien­do una pe­lí­cu­la di­ri­gi­da a to­das las eda­des.

Ade­más, ayu­da que Dway­ne John­son no es una es­pe­cie de su­per­hé­roe in­fa­li­ble que lo pue­de to­do, sino un ti­po con las ca­pa­ci­da­des pa­ra sal­var a su fa­mi­lia, y la mo­ti­va­ción pa­ra ha­cer­lo. No es Ta­ken ni mu­cho me­nos, pe­ro es una pe­lí­cu­la de ac­ción agra­da­ble.

En­tre­ga, por su­pues­to, mo­men­tos com­ple­ta­men­te absurdos y tru­cos que se ha­cen pa­sar co­mo na­rra­ti­va, pe­ro si uno va a una pe­lí­cu­la que se lla­ma Ras­ca­cie­los pro­ta­go­ni­za­da por un ti­po que so­lía ha­cer lu­cha li­bre, es­pe­ran­do al­go pro­fun­do y de tras­cen­den­cia ar­tís­ti­ca, es­co­gió la sa­la equi­vo­ca­da. En Ras­ca­cie­los hay mo­men­tos ob­vios y otros sim­plo­nes, pe­ro los per­so­na­jes son agra­da­bles y por eso el es­pec­ta­dor se iden­ti­fi­ca­rá con ellos. Ja­más estará en du­da el re­sul­ta­do fi­nal, pe­ro eso es al­go co­mún en los block­bus­ters de Holly­wood.

Des­de un pun­to de vis­ta más crí­ti­co, es ya la fu­sión en­tre Holly­wood y la in­dus­tria Chi­na. Y es agra­da­ble ver a ac­to­res de otras na­cio­na­li­da­des ha­blan­do en su idio­ma y sin ser pre­ci­sa­men­te es­te­reo­ti­pos o ape­lar a los cli­chés que acos­tum­bran las pro­duc­cio­nes es­ta­dou­ni­den­ses.

Ras­ca­cie­los no es vi­sual­men­te sor­pren­den­te y es ob­via en su eje­cu­ción, pe­ro Dway­ne John­son se en­tre­ga en ca­da cua­dro. Y eso es al­go que se agra­de­ce pro­fun­da­men­te.

Hay mo­men­tos ob­vios y otros sim­plo­nes, pe­ro los per­so­na­jes son agra­da­bles y por eso el es­pec­ta­dor se iden­ti­fi ca­rá con ellos”

El tra­ba­jo de Dway­ne John­son co­mo hé­roe de ac­ción ele­va al fi lme so­bre otras pe­lí­cu­las del gé­ne­ro.

EL AC­TOR sin­ga­pu­ren­se Chin Han per­so­ni­fi ca a un mag­na­te tec­no­ló­gi­co

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