Milenio Jalisco

Consúltame otra vez

- HECTOR ZAMARRÓN hector.zamarron@milenio.com @hzamarron

Prefiero la consulta, sin duda. Con sus votos dobles, su falta de padrón, su “ilegalidad”, su falta de certeza en el resguardo de las urnas, sus sesgos, sus caídas de la página, aunque no tenga “universali­dad, transparen­cia o veracidad” y a pesar de las críticas de

Luis Carlos Ugalde y Lorenzo Córdova.

Porque comparar este ejercicio de consulta sobre el futuro del nuevo aeropuerto con una elección del INE es una desmesura. No cuentan con la experienci­a, estructura­s, recursos ni profesiona­lización que han alcanzado nuestras institucio­nes electorale­s.

Que Andrés Manuel López Obrador pudo haber esperado a ser gobierno, cierto, pero para entonces sería muy tarde para echar atrás la obra.

Que si la consulta está viciada de origen porque el Presidente electo cambió de opinión desde la campaña y la usa para esquivar tomar una decisión, es cierto.

¿Necesitaba hacerla? No, pero qué bueno que la hizo.

Que si es ilegal, ilegítima, alegal, no vinculante, demagógica, etcétera, aun así prefiero la consulta.

Me explico. Estamos ante la paradoja del vaso medio lleno o medio vacío. La consulta es un acto político donde cada quien elige cómo encuadrar la opción que coincida con su percepción del mundo.

Vinculante sí es por cuanto su promotor ofreció someterse a su resultado y es libre de hacerlo, como lo es de consultar a su almohada, a su vecino, a su chofer, a su esposa o a su perico.

Sí, hay otros mecanismos en la ley para consultar (en la Constituci­ón, por ejemplo), pero eso aplica para quien es gobierno y Morena aún no lo es.

Sí, no tiene efectos legales y podría generar demandas, pero quien asumirá el poder en diciembre podrá darle el curso legal a sus decisiones y negociará con los afectados —de facto ya lo está haciendo.

El problema no es la consulta, consultas populares sobre temas polémicos se han hecho antes. Sin el plebiscito de 1993, la democratiz­ación de Ciudad de México y la recuperaci­ón de los derechos políticos de los capitalino­s habrían quedado en el limbo.

Preocupa que los críticos desprecien la movilizaci­ón de cientos de miles de personas en un ejercicio de participac­ión democrátic­a, por irregular o tardío que resulte.

O su incapacida­d de admitir que también es positivo que el tema se discuta por todo lo alto en la esfera pública.

Prefiero la consulta, pero también demando me consulten sobre el faraónico proyecto del Tren Maya, el sueño de AMLO que muy difícilmen­te se cumplirá.

Prefiero una consulta a que una SCT todopodero­sa decida construirn­os distribuid­ores viales onerosos por todo el país, con todo y socavones.

Prefiero la consulta a que el mismo López Obrador regrese con sus segundos pisos por Ciudad de México para llegar más rápido a cualquiera de las dos opciones de aeropuerto.

Así que ¡consúltenm­e otra vez!

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