La mi­ra­da de Lau­ren Ba­call

Milenio - Laberinto - - CINE - AN­DREA SER­DIO

Betty Joan Weins­tein Pers­ke era el ver­da­de­ro nom­bre de Lau­ren Ba­call. Na­ció el 16 de sep­tiem­bre de 1934 y mu­rió el 12 de agos­to de 2014, ca­si a los 90 años. Co­men­zó su ca­rre­ra en el tea­tro, en Nue­va York, en pa­pe­les in­sig­ni­fi­can­tes. Aún sin triun­far en los es­ce­na­rios, le lle­gó la pro­pues­ta de tra­ba­jar en el ci­ne con Ho­ward Hawks.

En 1944, en la fil­ma­ción de su pri­me­ra pe­lí­cu­la, Te­ner o no te­ner, co­no­ció a Humph­rey Bo­gart. Él te­nía 44 años y era el ac­tor más cotizado de Holly­wood. Ella te­nía 19 y era una de­bu­tan­te que tem­bla­ba de pies a ca­be­za. Pa­ra con­tro­lar ese tem­blor in­ce­san­te, ba­jó la ca­be­za mien­tras le­van­ta­ba los ojos ha­cia su fa­mo­so com­pa­ñe­ro. Ese fue el ori­gen de su cé­le­bre y enig­má­ti­ca mi­ra­da.

Du­ran­te el ro­da­je, Lau­ren y Bo­gart se enamo­ra­ron. Él es­ta­ba ca­sa­do pe­ro su vi­da era un desas­tre. Co­men­za­ron a sa­lir y en 1945, des­pués de un com­pli­ca­do di­vor­cio, el 21 de ma­yo se ca­sa­ron. Tu­vie­ron dos hi­jos y so­lo la muer­te de él, el 14 de enero de 1957, pu­do se­pa­rar­los.

Con Bo­gart, Lau­ren fil­mó cua­tro pe­lí­cu­las: Te­ner y no te­ner, El sue­ño eterno, La sen­da te­ne­bro­sa y Hu­ra­cán de pa­sio­nes (o Ca­yo Lar­go), en la que Ed­ward G. Robinson in­ter­pre­ta a un ma­fio­so ocul­to en un ho­tel de Flo­ri­da, don­de to­ma a un gru­po de rehe­nes en­tre los que se en­cuen­tran la due­ña del lo­cal (Ba­call) y un ve­te­rano de gue­rra pro­ta­go­ni­za­do por Bo­gart.

Lau­ren Ba­call lo mis­mo hi­zo co­me­dias que dra­mas. En­tre sus ma­yo­res éxi­tos de crí­ti­ca se en­cuen­tra Có­mo pescar a un mi­llo­na­rio, en la que com­par­te cré­di­tos con Marilyn Mon­roe y Betty Gra­ble. Fue la pri­me­ra pe­lí­cu­la fil­ma­da en Ci­ne­mas­co­pe y tie­ne co­mo mo­ra­le­ja que es más va­lio­so el amor que el di­ne­ro.

Lau­ren se vol­vió a ca­sar en 1961 y se di­vor­ció ocho años des­pués por el al­coho­lis­mo de su es­po­so, el ac­tor Ja­son Ro­bards, con quien tu­vo a su ter­cer hi­jo. Era ya una ac­triz con­sa­gra­da y en su fil­mo­gra­fía ha­bía pe­lí­cu­las co­mo El trom­pe­tis­ta, Mi des­con­fia­da es­po­sa y el ex­tra­or­di­na­rio me­lo­dra­ma Es­cri­to so­bre el vien­to, en el que dos ami­gos se enamo­ran de la mis­ma mu­jer.

Lau­ren era ad­mi­ra­da no so­lo por sus pe­lí­cu­las sino tam­bién por su ca­rác­ter de­ci­di­do y sus con­vic­cio­nes po­lí­ti­cas y so­cia­les. Se opu­so con vehe­men­cia al ma­car­tis­mo, pu­bli­can­do in­clu­so un ar­tícu­lo en con­tra de es­ta po­lí­ti­ca en el Was­hing­ton Daily News. En 2009, la Aca­de­mia de Holly­wood re­co­no­ció su va­lor y tra­yec­to­ria con el Os­car Ho­no­ra­rio. Lau­ren Ba­call si­guió ac­ti­va mu­cho

_ tiem­po; su úl­ti­ma pe­lí­cu­la es el dra­ma The For­ger, de 2012. Con es­ta cin­ta, a los 88 años, cul­mi­nó una ca­rre­ra que ini­ció en el tea­tro pe­ro que en­con­tró en el ci­ne la con­sa­gra­ción co­mo le­yen­da del si­glo XX.

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