CAM­BIAR SO­LO POR CAM­BIAR, ES UNA TON­TE­RÍA

No al po­pu­lis­mo, no al des­pil­fa­rro, no al gas­to so­cial fi­nan­cia­do con deu­da, no a los sub­si­dios.

Milenio - Mercados Milenio - - OPINIÓN - MA­NUEL SO­MO­ZA

Mu­chos me­xi­ca­nos, yo in­clui­do, que­re­mos un cam­bio. Los par­ti­dos po­lí­ti­cos, to­dos, sin ex­cep­ción, le han que­da­do a de­ber a los me­xi­ca­nos; lo­gran acuer­dos cuan­do to­dos se be­ne­fi­cian, pe­ro obs­ta­cu­li­zan la re­so­lu­ción de los te­mas que más preo­cu­pan a la po­bla­ción. La fis­ca­lía au­tó­no­ma, to­do lo relativo a cas­ti­gar y eli­mi­nar la co­rrup­ción y la im­pu­ni­dad, son te­mas pen­dien­tes que no quie­ren re­sol­ver, ¡y qué de­cir de la in­se­gu­ri­dad!

Mé­xi­co re­quie­re cambios, pe­ro que sean pa­ra me­jo­rar y no pa­ra em­peo­rar. Hoy más que nun­ca se de­be en­con­trar a un lí­der ca­paz de re­for­mar to­do lo que es­tá mal y re­for­zar lo que es­tá bien; di­cho sea de pa­so, aun­que que­re­mos un cam­bio de­be­mos re­co­no­cer que no to­do es­tá mal, por ejem­plo, en ma­te­ria de po­lí­ti­cas eco­nó­mi­cas, en los úl­ti­mos 24 años, se han to­ma­do me­di­das que nos de­vol­vie­ron la es­ta­bi­li­dad y es­to no es po­ca co­sa. Que no se nos ol­vi­de que la cri­sis en la que nos me­tió la es­tú­pi­da po­lí­ti­ca es­ta­tis­ta y de des­pil­fa­rro de Luis Eche­ve­rría y Ló­pez Por­ti­llo, nos lle­vó no so­lo a te­ner de­va­lua­cio­nes abrup­tas ca­da seis años, sino que ade­más la inflación su­peró los tres dí­gi­tos y tam­bién las ta­sas de in­te­rés lle­ga­ron a ni­ve­les al­tí­si­mos. To­do es­to lo úni­co que tra­jo fue la des­apa­ri­ción de la cla­se me­dia, el em­po­bre­ci­mien­to de la po­bla­ción en ge­ne­ral, así co­mo un ba­jo cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co.

La cla­ve pa­ra dar­le la vuel­ta a es­ta si­tua­ción caó­ti­ca fue im­ple­men­tar po­lí­ti­cas de aus­te­ri­dad, ra­cio­na­li­zar el gas­to, eli­mi­nar sub­si­dios, y, al fi­nal, lo­grar que el gas­to del go­bierno no fue­ra su­pe­rior a los in­gre­sos. No hay fór­mu­las má­gi­cas, así de sim­ple: no te gas­tes lo que no tie­nes.

El es­fuer­zo fue enor­me, no fue fá­cil ni tam­po­co po­pu­lar, se hi­zo con dis­ci­pli­na pe­ro al fi­nal ge­ne­ró di­vi­den­dos que se re­fle­ja­ron en es­ta­bi­li­dad eco­nó­mi­ca, inflación por de­ba­jo de 5%, ta­sas de in­te­rés his­tó­ri­ca­men­te ba­jas, for­ta­le­za de la mo­ne­da. Se evi­ta­ron de­va­lua­cio­nes abrup­tas. Se hi­zo una pla­ta­for­ma y ci­mien­tos que nos per­mi­ti­rán se­guir cre­cien­do me­jor en el fu­tu­ro.

Per­der la dis­ci­pli­na en las fi­nan­zas pú­bli­cas se­ría un error que po­dría traer­nos pé­si­mas con­se­cuen­cias. No al po­pu­lis­mo, no al des­pil­fa­rro, no al gas­to so­cial fi­nan­cia­do con deu­da, no a los sub­si­dios.

Es­to es lo que se tie­ne que ha­cer si hay que cam­biar pa­ra me­jo­rar, pe­ro lo que es­tá bien no lo to­quen; ¡con lo que da de co­mer no se jue­ga!

MA­NUEL SO­MO­ZA Pre­si­den­te Es­tra­te­gias de CI Ban­co por So­mo­za Mu­si.

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