Se de­be pre­gun­tar a ciu­da­da­nos si restos de Díaz vuel­ven a Mé­xi­co, di­ce

Milenio - - POLÍTICA -

Me pa­re­ce in­creí­ble que ha­ya au­to­ri­da­des con el de­seo de re­pa­triar los restos de Por­fi­rio Díaz, quien, no sin me­re­cer­lo, aún en es­tos tiem­pos pro­vo­ca la ani­mad­ver­sión de mu­chos me­xi­ca­nos. Se ar­gu­men­ta que da igual si los restos es­tán en Fran­cia o en Mé­xi­co, pe­ro no es cier­to, pues Por­fi­rio Díaz es un sím­bo­lo, el sím­bo­lo de la do­mi­na­ción que mu­chos me­xi­ca­nos han vi­vi­do, el sím­bo­lo de la re­pre­sión que, como en Ca­na­nea y Río Blan­co, ha exis­ti­do en años pos­te­rio­res de la vida del país. Me pa­re­ce que no hay na­da que ce­le­brar, por­que ce­le­brar a Díaz sig­ni­fi­ca­ría ce­le­brar to­do lo que él re­pre­sen­ta. An­tes de de­ci­dir si Díaz pue­de re­gre­sar a Mé­xi­co, lo con­ve­nien­te se­ría que las au­to­ri­da­des le pre­gun­ta­ran a la so­cie­dad si es­tá de acuer­do. Ella es la de la úl­ti­ma pa­la­bra.

Jo­si­mar Gaz­ca, Dis­tri­to Fe­de­ral

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